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Lo que Netanyahu dice es lo siguiente...

Benjamin Netanyahu en Jerusalén, el 13 de diciembre de 2022 [Parlamento israelí/Anadolu Agency].

A pocos días de la formación de su sexto gobierno, Benjamin Netanyahu ha definido sus techos para la solución de la cuestión palestina: autogobierno para los palestinos y seguridad y soberanía para los israelíes. No mencionó Jerusalén, que ya ha sido declarada "capital eterna unida" de Israel, ni tampoco la autodeterminación, ya que la ley del Estado-nación restringe este derecho entre el río Jordán y el mar Mediterráneo al "pueblo judío". Esto no se aplica a los refugiados palestinos, que probablemente aumentarán en número tras las insinuaciones sobre el retorno de una política de deportación y revocación de la nacionalidad, en lugar de disminuir mediante el retorno y la reunificación familiar.

El autogobierno, según Netanyahu, no tiene nada que ver con la geografía. Es una cuestión de "demografía palestina". Dondequiera que se reúna la población palestina, ésta puede gestionar sus propios asuntos, y sus "asuntos" aquí se limitan a servicios como la sanidad, la educación y el transporte, aunque Israel seguirá persiguiéndoles en sus programas escolares y en las aulas, y en todo lo relacionado con su espacio público.

Está claro que el "Rey de Israel" ya no presta mucha atención a la cuestión de la coordinación en materia de seguridad con la Autoridad Palestina, porque si ésta hace lo que se le pide, se habrá servido a sí misma y prolongado su supervivencia, antes que servir a Israel y proporcionar seguridad a sus colonos. Netanyahu considera la coordinación como un hecho y en interés de la AP, así como una necesidad para su existencia, así que ¿por qué debería preocuparse por ello? ¿Por qué recordarle la necesidad de cumplir sus compromisos y obligaciones? ¿Por qué amenazarla constantemente con el infortunio y la destrucción si no cumple sus obligaciones?

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Entre el río y el mar, cree que sólo hay una soberanía, sólo hay una seguridad y sólo hay una nación con derecho a la autodeterminación. El resto de las funciones básicas de la AP, desde el punto de vista israelí, se reducen básicamente a dos cosas: la expedición de pasaportes palestinos (previa aprobación de la seguridad israelí, por supuesto), para que Israel no tenga que enfrentarse a la cuestión de la identidad o nacionalidad de cinco millones de palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza. Y después, para reducir las cargas financieras y los costes que puedan recaer sobre los hombros de las autoridades de ocupación en caso de que la AP se derrumbe. Hay que permitir que Israel disfrute de una ocupación cómoda, barata y de cinco estrellas que la comunidad internacional y los contribuyentes palestinos pagan para que la AP siga existiendo. Netanyahu está a punto de decir que prestemos más atención al aumento de nuestras tasas de beneficios debido al control exclusivo que imponemos en un mercado multimillonario.

No existe un Estado palestino independiente o viable, sino un autogobierno de la población sin sus tierras. Todas las zonas de Cisjordania, según esta percepción, se convierten en territorio del Área C, donde la soberanía y la seguridad pertenecen a Israel. Incluso la idea de la separación de los palestinos defendida por algunos en la izquierda israelí por preocupación por la "judeidad y democracia del Estado" ya no atrae a Netanyahu, que previamente anunció su aceptación de la "solución de dos Estados" en su discurso de Bar-Ilan.

La separación no requiere la demarcación de fronteras ni el reconocimiento de un Estado y la autodeterminación. Los palestinos están en sus zonas aisladas y sus islas aisladas están controladas por puertas, muros y puestos de control militares. Si la seguridad en sus viejas formas no consigue frenarlos, no hay ningún problema en confiar la tarea a extremistas como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich. Tampoco hay problema en armar a los colonos, reforzar sus milicias y poner a la policía y a la guardia fronteriza bajo la autoridad de los rabinos de extrema derecha más extremistas.

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La doble paradoja que revelan las reacciones a las posiciones de Netanyahu se manifiesta, por un lado, en el hecho de que la AP sigue mostrándose dispuesta a entablar negociaciones y, por otro, en la estrechez de miras de la derecha más racista y fascista. Es esto lo que el líder del Likud califica de extremadamente indulgente y generoso con los palestinos, que no merecen otra cosa que castigos colectivos, como ejecuciones extrajudiciales, desplazamientos, demoliciones de viviendas y otras diversas formas de profanación cotidiana de sus vidas, ciudades, pueblos, aldeas y campos que ya hemos visto, y algunas que aún nos quedan por ver.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Al-Ayyam el 21 de diciembre de 2022

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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