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Juegos y teatro para ayudar a los niños sirios

Cada clase empieza con los niños decidiendo las reglas de cómo pueden tratarse o no entre ellos

 Los gritos de una docena de niños sirios y palestinos atraviesan el aire de un centro comunitario en el campamento de refugiados de Shatila, Líbano.

Pero los niños no están heridos. Gritan para expresar la rabia y el miedo que sienten como víctimas de un conflicto en sus clases de “educación para la paz”.

“No nos pegamos. No nos insultamos. Los chicos no pegan a las chicas”, dice Hala, de 11 años, quien, por razones de seguridad, no será identificada.

Hala huyó de la ciudad de Deir ez-Zor, en Siria, y lleva menos de dos años viviendo en Líbano. Nos cuenta que una de sus actividades favoritas es la “actuación”, en la que cada niño cuenta una historia o describe una situación que les molesta, y los demás niños la representan.

Las clases, organizadas por Basmh y Zeitooneh, una ONG local, se imparten en una caótica habitación de un quinto piso. Se crearon para ayudar a los niños a expresar sus opiniones, liberar el estrés provocado por la guerra y el desalojo y redescubrir su imaginación.

Sus artífices esperan que organizar actividades como pintura, teatro o cuentacuentos para los niños les haga menos vulnerables al reclutamiento de grupos militares que se aprovechan de niños y adolescentes que no van a la escuela.

“Estos niños han sufrido mucho. Están traumatizados de muchas maneras,” declaró el manager del proyecto “Educación para la paz”, Elio Gharios.

“Están estresados, a veces son introvertidos y agresivos”, nos cuenta este miembro de la Fundación Thomson Reuters.

Líbano acoge a más de un millón de refugiados sirios. La mitad de ellos son niños.

Lavado de cerebro

Gharios, un carismático libanés de 24 años licenciado en Psicología, nos explica que los niños de entre 7 y 14 años van a clases de máximo 20 niños. Cada clase empieza con los chicos recordando las reglas de cómo pueden tratarse o no entre ellos.

“Tienen que saber que es muy importante encontrar formas pacíficas de resolver los conflictos… Siempre les recordamos que la violencia no es la solución”, dijo Gharios.

“Son muy jóvenes, y es más fácil lavarles el cerebro a los adolescentes. Muchos niños saben liarse un porro, y tienen 11 o 12 años. Muchos han visto aquí situaciones en las que alguien apuntaba una pistola a la cabeza de otro.”

Los refugiados sirios jóvenes corren un mayor riesgo de ser reclutados por grupos extremistas tanto en Líbano como en otros lugares, debido a que su reciente desalojo alimenta un sentimiento de desesperanza, afirma la ONG británica Alerta Internacional, que financia varios proyectos en el campamento de Shatila, incluyendo las clases.

Alerta Internacional afirma que estas clases hacen a los niños menos vulnerables al reclutamiento, ya que les proporcionan un ambiente seguro en el que pueden debatir problemas, aprender a resolver conflictos y volver a tener una motivación en sus vidas.

Reclutamiento

Caroline Brooks, manager de los proyectos en Siria de Alerta Internacional, además de colaboradora con proyectos similares en Líbano y Turquía; nos dice que existen varias razones por las que un niño se uniría a un grupo extremista.

“Suele existir una necesidad de encontrar un propósito y de pertenecer a algo, y a veces también un sentimiento de venganza”, contó a la Fundación Thomson Reuters.

Otros factores importantes son la falta de alternativas y la necesidad de ganarse la vida.

Según expertos en cuestiones de refugiados, el conflicto y el desalojo alimentan las posibilidades de que se produzcan abusos y explotación de niños.

Por ejemplo, afirman que muchos niños se ven obligados a trabajar o a pedir para alimentar a su familia y muchas chicas jóvenes se enfrentan al riesgo de ser casadas en contra de su voluntad y de sufrir violencia doméstica.

Las clases de “educación para la paz”, que comenzaron este año, ya han tenido algunos resultados, dice Brooks, citando a un chico de 17 años del programa que fue contactado por el Daesh en Facebook.

El joven alertó inmediatamente a un miembro del equipo de las clases.

Para Hala, las clases a las que lleva atendiendo meses han provocado grandes cambios en ella y sus hermanos pequeños.

“Mis hermanos han cambiado. Ahora son mucho más alegres”, confiesa sonriente.

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