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Historiadores revelan el uso de veneno por parte de Israel contra los palestinos

Equipaje perteneciente a Yasser Arafat se muestra en una diapositiva durante una rueda de prensa el 7 de noviembre de 2013 en Lausana después de que científicos suizos hayan concluido que el líder palestino Yasser Arafat probablemente murió por envenenamiento con polonio [FABRICE COFFRINI/AFP vía Getty Images].

Los detalles del uso secreto de armas biológicas y veneno por parte de Israel contra los palestinos durante la campaña de limpieza étnica de 1947/48 han sido revelados en un reciente artículo de los historiadores Benny Morris y Benjamin Kedar. Kedar, de 84 años, es profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén y Morris, más conocido, es famoso por su trabajo como uno de los "Nuevos Historiadores" de Israel. Este grupo de eruditos israelíes, entre los que se encuentran los profesores Ilan Pappe y Avi Shlaim, desmontó la narrativa oficial del Estado de ocupación sobre su creación en 1948 y el nacimiento de la crisis de los refugiados palestinos. Sin embargo, a diferencia de sus colegas historiadores, Morris pasó a ser una figura bastante controvertida por adoptar posturas moralmente cuestionables en defensa de la limpieza étnica de Palestina por parte de Israel.

"Me encuentro tan convencido como siempre de que los israelíes desempeñaron un papel importante al librar al país de decenas de miles de árabes durante la guerra de 1948", dijo Morris en un artículo publicado en Los Angeles Times sobre la controversia que rodea a su libro The Birth of the Palestinian Refugee Problem, 1947-1949. "Por desenterrar ese lado oscuro de 1948", Morris dijo que fue vilipendiado por el "establishment sionista". Se le acusó de echar por tierra los mitos fundacionales del Estado israelí y de dar peso moral a la causa palestina. Morris rechazó la afirmación por considerarla "falsa" y explicó que "era simplemente un historiador que trataba de describir lo que ocurrió".

Día de la Nakba de 1948 - Caricatura [Carlos Latuff/Monitor de Oriente]

Afirmando su compromiso con el sionismo, Morris pasó a defender la limpieza étnica de Israel. "También creo que sus acciones [israelíes] eran inevitables y tenían sentido", dijo Morris antes de dar su justificación de por qué Israel tuvo que expulsar a tres cuartas partes de los palestinos autóctonos no judíos, musulmanes y cristianos. "Si no se hubiera desarraigado a la población árabe beligerante que habitaba las zonas destinadas a la creación de un Estado judío, no habría surgido ningún Estado judío, o éste habría surgido tan debilitado demográfica y políticamente que no habría podido sobrevivir. Fue un asunto feo. Así es la historia".

El argumento de Morris es típico de muchos israelíes que se encuentran atrapados entre las verdades sobre la creación de Israel y seguir comprometidos con la causa sionista. Algunos abandonan la ideología que preserva un estado etno-nacionalista judío en la Palestina histórica debido al dilema moral que presenta. Otros siguen insistiendo en que la causa sionista supera todas las consideraciones morales y éticas, incluso si eso significa justificar la limpieza étnica, el racismo y el crimen del apartheid.

A la luz de sus antecedentes, la opinión de Morris sobre el uso de armas biológicas y veneno por parte de Israel es aún más interesante. Su artículo con Kedar - "'Cast Thy Bread': Israeli Biological Warfare during the 1948 War" - fue publicado por Middle Eastern Studies. Según Haaretz, el artículo es una rareza porque fue investigado y publicado en contra de los deseos del establishment de seguridad israelí, que ha intentado durante años bloquear cualquier documento histórico embarazoso que exponga los crímenes de guerra contra los árabes, como el asesinato de prisioneros, la limpieza étnica y la destrucción de pueblos. Además, el artículo se basa en documentos originales guardados en el Archivo Estatal de Israel, así como en otros archivos.

El artículo ofrece detalles de cómo los científicos del Cuerpo Científico, junto con las unidades de campo de batalla, participaron en una campaña sistemática para envenenar pozos de agua y propagar la bacteria de la fiebre tifoidea en pueblos y ciudades árabes, así como entre los ejércitos invasores de Egipto y Jordania. El objetivo era asustar a la población árabe-palestina, obligarla a marcharse y debilitar a los ejércitos árabes. Se afirma que el uso de la guerra biológica fue aprobado por el fundador del Estado israelí y su primer Primer Ministro, David Ben-Gurion.

Entre los ejemplos del uso de veneno que se comentan en el artículo está el despliegue de gérmenes de tifus enviados en botellas al frente sur. Morris y Kedar arrojan luz sobre los soldados israelíes enviados con el veneno a Acre y al pueblo galileo de Ilabun. Según documentos británicos, árabes y de la Cruz Roja, docenas de residentes locales de Acre fueron envenenados y enfermaron gravemente. Un número desconocido de ellos murió.

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También se dice que se utilizó el mismo método en Gaza en mayo de 1948, una semana después de que Israel proclamara su independencia. Al parecer, dos soldados judíos de una unidad de las Fuerzas Especiales se hicieron pasar por árabes y se infiltraron en Gaza con tubos que contenían los gérmenes de la fiebre tifoidea. Su misión era envenenar el suministro de agua local para detener el avance del ejército egipcio. Sin embargo, fueron detenidos y torturados, y luego condenados a muerte por un tribunal militar egipcio en agosto de 1948.

El uso de armas biológicas es ilegal desde hace casi un siglo, desde el Protocolo de Ginebra de 1925. Éste prohíbe el uso de armas químicas y biológicas en los conflictos armados internacionales. Aunque Israel, Egipto, Somalia, Eritrea y Comoras se han negado a comprometerse con el protocolo, otros 183 estados sí lo han hecho.

Aunque Israel nunca ha admitido públicamente el uso de armas químicas, ha sido sorprendido con las manos en la masa en varias ocasiones. Una de ellas fue el intento fallido de asesinar al líder político palestino Jaled Meshaal en Ammán, el 25 de septiembre de 1997. El descarado atentado contra el entonces jefe del Buró Político de Hamás, de 41 años de edad, provocó una disputa diplomática que amenazó con arruinar el acuerdo de paz entre Jordania e Israel. La crisis terminó con el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu haciendo una serie de humillantes concesiones.

Los líderes de Hamás, Jaled Meshaal (izquierda) e Ismail Haniya (derecha), saludan durante una rueda de prensa tras la llegada de Meshaal a Rafah, en el sur de Gaza, el 7 de diciembre de 2012 [SUHAIB SALEM/AFP vía Getty Images].

Un equipo del Mossad de seis miembros llegó a Ammán una semana antes del asesinato utilizando pasaportes canadienses falsos. El plan estaba claro: matar al líder exiliado de Hamás utilizando una toxina letal sin dejar ningún rastro de los asesinos. La idea era que, una vez administrada la toxina de forma encubierta, Meshaal siguiera el resto de su jornada con normalidad y luego, cuando el cansancio le venciera, se echara una siesta para no volver a despertarse; se esperaba que muriera en 48 horas. Dos de los agentes del Mossad distribuyeron la toxina como estaba previsto, pero fueron capturados por la escolta de Meshaal cuando intentaban huir del lugar.

Horas después de la detención de los agentes, los israelíes urdieron un plan para calmar la situación. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al darse cuenta de las consecuencias diplomáticas de sus acciones, intentó ocultar al resto del mundo el fallido intento de asesinato. Envió al jefe del Mossad, Danni Yatom, para que suplicara al rey Hussain de Jordania la liberación de los agentes. No consiguió calmar la situación y, en cambio, provocó una crisis diplomática con el reino hachemita, que había normalizado sus relaciones con el Estado sionista tres años antes. El rey se había aventurado a firmar un tratado de paz con Israel en contra de los deseos de su pueblo. Tras la presión de Estados Unidos y ante la amenaza del tratado de paz, los israelíes le dieron el antídoto. Meshaal se salvó con apenas unas horas de margen.

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Por lo tanto, nadie debería sorprenderse demasiado por el hecho de que Israel utilizara armas biológicas contra los palestinos en 1948. El Estado ocupante también tiene armas nucleares, que nunca ha permitido que sean inspeccionadas por el Organismo Internacional de la Energía Atómica, ni por nadie. En resumen, el Estado es depositario de armas de destrucción masiva y las ha utilizado contra civiles palestinos.

¿Ha sido Israel sancionado, invadido y ocupado por Occidente como consecuencia de ello? Por supuesto que no. Una vez más, la hipocresía de Occidente en este tipo de asuntos ha sido expuesta, esta vez por un dúo improbable: Benny Morris y Benjamin Kedar.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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