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Ennahda está en el ojo del huracán tunecino

Una simpatizante agita una bandera del partido islamista tunecino Ennahda el 24 de octubre de 2014 en la avenida Habib Bourguiba de la capital, Túnez [FADEL SENNA/AFP vía Getty Images].

Es justo decir que, diez años después de su revolución, los tunecinos no han sabido gestionar adecuadamente sus diferencias, a pesar de las considerables libertades de que gozan y de contar con una élite conocida por su profundidad, diversidad y audacia. Cualquiera que observe lo que se escribe y se dice sobre Túnez se sentirá sorprendido, receloso y confuso sobre el destino del país que lleva mucho tiempo buscando una forma de garantizar la estabilidad, la transparencia y la convivencia pacífica entre su élite gobernante y sus ciudadanos.

Si se observan con detenimiento las acusaciones vertidas en las redes sociales, especialmente en Facebook, se dará cuenta del grave deterioro de la capacidad de diálogo abierto. Todo el mundo está en contra de los demás, condenando a los demás en los términos más sucios.

Los tunecinos no se diferencian de los demás por recurrir rápidamente a los insultos, utilizando términos sexuales y peyorativos contra mujeres y hombres por igual. A menudo recurren a la blasfemia para expresar su cólera, lo que hace que los conflictos domésticos en curso carezcan de seriedad y de un significado profundo. En resumen, el diálogo se ha desmantelado. En algún momento, las discusiones se convierten inevitablemente en amenazas de utilizar armas pesadas para expulsar a los grupos de la oposición del país o liquidarlos si es necesario.

Este peligroso fenómeno tiene causas profundas e históricas. Pero lo que lo ha agravado es la arrogancia de la élite y su incapacidad para dialogar con calma y profundidad, y abstenerse de sobrepasar la línea roja del respeto mutuo.

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Cuando el país pasó de la dictadura al pluralismo, las élites políticas avanzaron y empezaron a mostrar lo que tenían, pero pronto escandalizaron a los tunecinos con su falta de recursos, su voluntad de desterrar y despreciar a sus críticos, y de acusarlos de oportunismo, bandolerismo e ignorancia. La decisión más peligrosa tomada tras la revolución fue permitir que la televisión estatal retransmitiera las sesiones plenarias de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y, posteriormente, de la Asamblea de Representantes del Pueblo. Aunque la intención era promover la transparencia política y permitir que el público siguiera los asuntos que le afectaban a él y a su país, en lugar de ello, la gente fue testigo de peleas periódicas de gallos. Los miembros de la Asamblea trataron de impedir que los demás hablaran, convirtiendo el parlamento en un circo poco edificante.

No importa, en este contexto, quién es el responsable de empañar el parlamento de esta manera y asestar un golpe a la democracia representativa. Lo que importa es el resultado, porque hizo que la transición democrática no tuviera remedio, con los tunecinos en el punto de no retorno y muy cerca de la violencia.

El interés nacional exige una respuesta colectiva a este peligroso deslizamiento hacia la guerra civil; mantener la paz debe ser una prioridad. No exagero. Es un llamamiento para que prevalezca el bien común ante el riesgo de que Túnez caiga en el abismo.

Cuando el presidente Kais Saied habla por tercera vez de un complot para asesinarle, no se puede tomar el asunto a la ligera. Cuando este plan está vinculado a quienes toman el Islam como referencia, el peligro es doble y definitivo, aunque fuentes cercanas a los servicios de seguridad hayan confirmado que un extremista "lobo solitario" ha sido detenido al respecto y está siendo interrogado. Todo ello en un momento en el que el Ministro del Interior libio ha negado que un centenar de terroristas se hayan infiltrado en Túnez, en contra de la información facilitada por la policía tunecina.

¿Se está deslizando Túnez hacia una peligrosa trampa? - Caricatura [Sabaaneh/MonitordeOriente].

Todo esto sugiere que se está cocinando un escenario en un horno muy caliente. El movimiento Ennahda se ha dado cuenta de que es el foco de la escalada, lo que ha motivado una detallada declaración pública.

"Los organismos judiciales y de seguridad del Estado deben tomar todas las medidas necesarias para descubrir estos complots y así poder identificar a los responsables, con el fin de tranquilizar a la población y reforzar la seguridad nacional de Túnez", ha declarado Ennahda. "[Nuestro enfoque] se basa en la adhesión a las leyes del Estado tunecino, operando dentro de su marco, respetando sus instituciones, adoptando el diálogo político como único método para resolver las disputas, y trabajando para prevenir lo que podría deslizar al país hacia la violencia y el caos".

Impulsada por el temor a un retroceso que tendría un alto precio, Ennahda no se detuvo ahí, sino que subrayó en otra declaración la necesidad de mantener el discurso político alejado de la movilización y la incitación. "Respetar el prestigio de las instituciones del Estado, en particular de la Presidencia de la República", rogaba mientras denunciaba "el ataque de algunos partidos al Presidente de la República, Kais Saied, y a su familia".

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El movimiento también afirmó estar dispuesto a "tomar medidas disciplinarias contra cualquiera de sus afiliados que demuestre estar implicado en ofender a alguien a través de sus publicaciones en las redes sociales y desviarse de la ética del discurso político". Esto enfureció a algunos miembros de Ennahda, y algunos de sus funcionarios repudiaron la declaración y dijeron que "no los representa".

La situación es muy peligrosa y tensa, ya que muchos partidos están presionando para que se produzca un completo y radical ajuste de cuentas con Ennahda, y ya no hay duda de que Saied considera a los islamistas su mayor enemigo, dado que prometió lanzar más misiles para destruirlos. ¿Podrá Rached Ghannouchi, de Ennahda, salvar al movimiento de una nueva tormenta en la que está en el centro? Esta es una pregunta importante mientras esperamos que el presidente Saied haga más anuncios, y los insultos y acusaciones siguen intercambiándose a un ritmo constante.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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