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Tres rostros de Gaza que desatan la ira

 El peso real que llevaban sobre los hombros era ligero, pero se sentía pesado para las masas que los llevaban hasta el cementerio. Los palestinos cargaban los restos de tres niños – Khaled, Mohammed y Abdul Hamid – con el corazón apesadumbrado, dolido tras la nueva tragedia que habían sufrido.

Los tres niños salieron el 28 de octubre a cazar pájaros en la zona este de la sitiada Franja de Gaza. Aquella tarde no regresaron a sus hogares en la zona de Wadi Al-Salqa, al norte de Khan Younis. En cambio, sus almas se elevaron sobre la Franja de Gaza y sus cuerpos desmembrados fueron llevados a las morgues del hospital. Habían sido víctimas de un ataque deliberado de un sistema israelí que examina toda la zona, elige su objetivo y después lanza misiles. Así es como el ejército israelí asesinó a otros tres niños que vivían en una prisión al aire libre con dos millones de reclusos, la mayoría madres y niños refugiados.

Sin embargo, con todo su dolor, la historia de Khaled, Mohammed y Abdel Hamid es común en la Franja de Gaza. Es un recordatorio de los cientos de historias dolorosas sobre el sufrimiento de niños y bebés que fueron aplastados por los ataques israelíes en un abrir y cerrar de ojos en sus casas, carreteras o patios. Cada tragedia se justifica culpando a las propias víctimas. El mundo sólo ha prestado atención a unas pocas de estas caras, sobre todo porque no había cámaras para capturar la mayoría de estas tragedias.

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Cuando varios niños fueron asesinados durante el atroz bombardeo contra Gaza en el verano de 2014, sólo cuatro de ellos se infiltraron en la mente del mundo – había cámaras presentes en el momento de su muerte, y capturaron el ataque que sufrieron mientras jugaban en la playa de Gaza. Las imágenes de los cuatro chicos Al-Baker obligaron a los gobiernos europeos a poner fin a su silencio frente a los asesinatos masivos de civiles palestinos a manos del ejército israelí tras siete semanas de bombardeos continuos.

Sin embargo, las tímidas declaraciones de prensa no impiden que el ejército israelí siga con su hobby. El mundo fue testigo de este hobby en el auge de su horror el 14 de mayo de 2018, cuando el ejército israelí atacó a manifestantes pacíficos de todas las generaciones que se habían reunido al borde de la Franja de Gaza para exigir su derecho a regresar a sus tierras y sus hogares, capturados por la ocupación israelí en 1948. Aquel día de primavera, los francotiradores del ejército israelí se colocaron en las colinas y atacaron contra los palestinos desarmados, matando a casi 80 víctimas y dejando centenares de heridos tan sólo en ese día, frente a cámaras de todo el mundo.

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Los rostros de estos niños mártires no se borrarán de la memoria de sus pueblos y sus familias. Sus fotos, nombres e historias seguirán vivas en el hogar de su pueblo y serán contadas. Ese será el caso de Khaled, Mohammed y Abdul Hamid, por quienes se hicieron marchas llenas de dolor e ira a lo largo de toda la Franja de Gaza. Ayer, cuando los estudiantes palestinos fueron a la escuela, quedaron tres asientos vacíos en el séptimo, noveno y décimo cursos, sólo con los nombres y las fotos de sus antiguos ocupantes rodeados de honor. Nadie se atrevió a sentarse en sus pupitres, que quedaron reservados para los caídos. Los estudiantes que se sentaban alrededor recordaban a sus compañeros, recuerdos que no desaparecieron con ellos Compartieron sus emociones, cosa que hace aumentar la ira de las sucesivas generaciones palestinas frente a la ocupación y su ejército.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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