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Israel pretende actuar con aún más impunidad prohibiendo filmar a sus soldados

Azaria fue declarado culpable de homicidio y se le dio un plazo de 18 meses por el asesinato en marzo de 2016 de Al-Sharif.

 

 

Uno de los criminales israelíes más notorios de los últimos tiempos es Elor Azaria. En 2016, el soldado israelí asesinó a un joven palestino herido mientras este yacía sangrando en el suelo en Hebrón. Abd Al-Fattah Yusri Al-Sharif ya había recibido un disparo tras haber intentado atacar a otro soldado en un punto de control.

Hebrón es una ciudad palestina de Cisjordania, ocupada ilegalmente por Israel. Una gran parte de la ciudad cuenta con una presencia militar israelí mayor al resto, debido al control de un grupo de los colonos sionistas más extremistas.

Estos fanáticos religiosos a menudo abusan, escupen y atacan a los palestinos por el simple hecho de ser árabes en lo que ellos afirman que es una “ciudad judía”. Los colonos de Hebrón están preparándose para controlar la ciudad por completo, casa por casa. Además, cuentan con la protección y la ayuda del ejército israelí.

Normalmente, las familias palestinas son desalojadas sin aviso previo. Si pretenden resistir, aunque sea pacíficamente, muchas veces los soldados israelíes las matan con total impunidad.

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    Con esta situación intolerable, no es de extrañar que algunos jóvenes palestinos hayan decidido por ellos mismos ser quienes luchan contra la ocupación militar brutal y racista. El derecho a la resistencia armada a la ocupación y el colonialismo está consagrado en el derecho internacional, las resoluciones de la ONU y la simple moralidad. Por lo tanto, resistir y luchar es algo completamente legítimo.

Dicho esto, las alegaciones israelíes de “ataques con cuchillo” contra sus soldados son, a veces, inventadas. Existe al menos un caso bien documentado en el que unos soldados dejaron un cuchillo sobre el cuerpo de un palestino al que ya habían disparado y asesinado.

En el video del asesinato de Abd Al-Fattah Al-Sharif a manos de Azaria, podemos a ver al fascista religioso Baruch Marzel estrechar las manos con el asesino. El vídeo lo grabó un voluntario palestino de una organización en favor de los derechos humanos. Demuestra claramente que ni Azaria ni los demás soldados estaban en ningún peligro en el momento del asesinato. Vemos a Azaria pedir tranquilamente órdenes a su superior antes de apuntar y disparar deliberadamnente a Al-Sharif en el cráneo.

El vídeo se hizo viral en las redes sociales, y el mundo quedó conmocionado al ver la brutal realidad de la ocupación israelí. Sin embargo, en Israel, Azaria fue alabado como un héroe nacional.

Con todo, bajo la presión internacional, fue juzgado, declarado culpable -increíblemente – de “homicidio” y encarcelado durante 18 meses. Es curioso que fuera más o menos el mismo tiempo de prisión que cumplió la palestina, Ahed Tamimi, por abofetear a un soldado israelí que se infiltró en su casa el día que un familiar de Tamimi había recibido un disparo en la cabeza a manos de otro miembro de las fuerzas armadas israelíes. En el apartheid de Israel, las vidas palestinas no valen nada.

Leer: Sólo las vidas israelíes importan: El fracaso israelí en la investigación de sus cruentas guerras

    Azaria salió de prisión a principios de mayo, y últimamente se ha estado jactando descaradamente ante los medios israelíes de que haría lo mismo una y otra vez. Insiste en que “no tiene remordimientos” sobre lo que hizo. La amarga realidad es que lo que sucedió en Hebrón ese día no es algo extraordinario. De hecho, un líder de una de las milicias colonas testificó durante el juicio de Azaria que es un procedimiento estándar. Se han documentado muchos asesinatos similares de palestinos – a menudo, jóvenes –  en Cisjordania, y nunca se responsabiliza a nadie. El único aspecto inisual del caso de Azaria es que un valiente palestino lo captó en cámara para B’Tselem, el grupo de derechos humanos israelí.

Por ello, el voluntario ha recibido varias amenazas de muerte serias y creíbles por parte de colonos israelíes. Y ahora, en vez de castigar a sus soldados asesinos, la llamada “única democracia de Oriente Medio” pretende evitar que se repita esta humillación causada por la exposición de sus crímenes; Israel va a prohibir que se grabe a sus soldados.

Tal y como detalla un nuevo informe político del centro online de libertades palestinas 7amleh (Hamleh – “campaña” en árabe), la Knesset está preparando un proyecto de ley que “criminalizaría  grabar y fotografiar a miembros del ejército israelí mientras realizan sus deberes, y prohibiría la difusión de contenido fotográfico o de vídeo que sea crítico con el ejército israelíes en los principales medios y redes sociales.”

El ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, de extrema derecha, es quien promueve la ley. El racista anti-árabe ha calificado la grabación de sus soldados como un “fenómeno preocupante” del que Israel lleva siendo testigo muchos años.

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    En realidad, esto significa que Israel quiere libertad para torturar, mutilar, encarcelar y asesinar a palestinos con total impunidad y en silencio total, sin el más mínimo susurro entre dientes de “condena” por parte de sus aliados en la UE y Estados Unidos. Si el resto del mundo no lo puede ver, no lo puede condenar.

Esta nueva normativa es parte de una ola de una legislación israelí similar condenada por 7amleh, que afirma que disminuirá las libertades en internet. Incluye una propuesta para establecer una nueva “Dirección Cibernétca Nacional”, que le otorgará al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el poder  -sin ninguna supervisión judicial- para ordenar el hackeo de ordenadores y teléfonos propiedad de cualquiera que considera una “amenaza a la ciberseguridad de Israel.”

Considerando que, actualmente, Israel afirma que el activismo pacífico popular mundial a favor de los derechos de los palestinos constituye “una amenaza estratégica”, es hora de que los gobiernos occidentales dejen de creer la fantasía de que es un Estado democrático. Deben hacer frente a la amenaza que supone Israel, no sólo para los palestinos, sino también para todo individuo e institución del mundo, incluidos los gobiernos.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Montiro de Oriente.

 

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004