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El auge del fascismo en Israel

La verdad es que los sionistas liberales se están quejando del nombramiento de Lieberman, no por culpa de sus políticas agresivas, sino porque le consideran negativo para la imagen internacional de Israel –demasiado franco, demasiado crudo-, y no lo suficientemente diestro con la propaganda.
Está aquí una vez más. El ultraderechista Avigdor Lieberman jurará el cargo como próximo  ministro de defensa de Israel  el lunes que viene.
Durante años fue ministro de exteriores con varios gobiernos de coalición y con el Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu. Antes de que esto sucediera, los sionistas liberales habían tratado de retratarlo como una aberración –alguien marginal que no representaba la “verdadera” cara de su “bello Israel”.
Pero entonces fue elegido como parte del gobierno de coalición. Una vez al mando, su idea de la diplomacia consistía en decir que los ciudadanos palestinos de Israel que resultaran “desleales” habían de ser  decapitados. Estos ataques se producían en el contexto del popular  eslógan electoral de su partido, “Sin lealtad no hay ciudadanía”. También pidió que los ciudadanos palestinos de Israel fueran expulsados del país.
Y ahora, tras un año apartado del gobierno, ha recibido una promoción. Tal y como lo expresaba el diario liberal Haaretz : “Ahora estará al cargo del ejército y de la maquinaria de la ocupación en los terriotorios [ocupados], con un potencial casi ilimitado para producir crisis”.
El establishment sionista liberal está lamentándose por el nombramiento. El New York Times publicó un  editorial en el que lo calificaba de “una elección desconcertante, extremista”. En el suplemento Sunday Review también apareció una  pieza impresa que declaraba que colocar a Lieberman a cargo del ejército era “el acto más reciente en la guerra entre el Sr. Netanyahu y los líderes militares y de los servicios de inteligencia”.
Associated Press comentó  que Lieberman había desalojado del cargo del ministro de defensa a una “fuerte voz por la moderación”. Esto es una huida hacia adelante, cuya meta final es el fascismo más completo y explícito.
El exprimer ministro laborista y presunto criminal de guerra Ehud Barak declaró recientemente que Israel está “infectado por los brotes del fascismo”.
El supuesto “moderado” que ha sido reemplazado por Lieberman es Moshe Ya’alon, del Likud de Netanyahu. Tal y como  informé en 2013, cuando juró el cargo, Ya’alon es un racista que considera a los palestinos una “amenaza existencial”, y que los deshumaniza tratándolos de “cáncer” que requiere “quimioterapia”. También parece ser un fan de la demagoga antimusulmana Pamela Geller, cuyos puntos de vista fueron una de las   inspiraciones clave para el terrorista antimusulmán noruego Anders Breivik.
Debido a su implicación en las sucesivas guerras de agresión israelíes, Ya’alon ha tenido que huir de la detención en las visitas al extranjero, en donde se hubiera enfrentado a cargos de crímenes de guerra.
El año pasado  se quejó en una conferencia de que la jurisdicción universal le había limitado a la hora de viajar al extranjero: “Prefiero no ir al Reino Unido, a Londres, durante los próximos 10 años, o no ir a España por un tiempo”. Ya’alon lamentó que ahora hubiera que enseñarles a los soldados israelíes que “deberían estar dispuestos a renunciar a visitar Londres…. Eso no está bien, no es justo”.
En la misma conferencia, amenazó abiertamente con bombardear a poblaciones civiles enteras durante futuras guerras. “Vamos a dañar a los civiles libaneses, y a incluir a los niños de las familias. Lo hemos discutido en profundidad,” amenazó. “Lo hicimos entonces, lo hicimos en la Franja de Gaza, y lo haremos durante las nuevas hostilidades que se produzcan en el futuro”.
También manifestó una amenaza sutilmente velada de dejar caer una bomba nuclear sobre Irán, al hablar de “ciertos pasos” similares a los que dieron los americanos “en Nagasaki e Hiroshima, causando al final 200.000 víctimas mortales”.
Parece ser que esto es lo que AP considera “moderación” y lo que el New York Times describe como las palabras de un ministro de defensa “duro pero pragmático”.
Puestos a comparar, Lieberman pidió en una ocasión  bombardear la presa de Asuán en Egipto (algo que, en teoría, ahora tiene el poder de hacer realidad), quiere decapitar a los ciudadanos “desleales”, tiene como objetivo expulsar a los palestinos, y está exigiendo ahora una ley que instauraría la pena de muerte para los palestinos condenados como “terroristas” por tribunales militares, pero no para los ciudadanos judíos (según se ha informado , este proyecto de ley sería parte del trato para incluir a Lieberman en la coalición de Netanyahu). También ha pedido la reconquista de Gaza.
Los palestinos son un “cáncer” y los civiles árabes son objetivo militar, los palestinos son “desleales”, además de “terroristas” a los que habría que decapitar. Seis de uno, media docena del otro.
La verdad es que los sionistas liberales se están quejando del nombramiento de Lieberman, no por culpa de sus políticas agresivas, sino porque le consideran negativo para la imagen internacional de Israel –demasiado franco, demasiado crudo-, y no lo suficientemente diestro con la propaganda.
Según   un editorial de Haaretz, Israel se encuentra ahora “desgarrado entre el imperio de la ley y el imperio de un poder despiadado”. Afirman que el motivo de este cisma es el apoyo de Lieberman a Elor Azaria, el soldado israelí que asesino al joven palestino Abd al-Fattah Yusri al-Sharif de un tiro en la cabeza cuando yacía en el suelo, herido y vulnerable, en Hebrón. Israel sostiene que al-Sharif había participado en un ataque con arma blanca contra los soldados que ocupan ilegalmente Hebrón, una ciudad palestina, pero en cualquier caso el vídeo muestra claramente que en el momento de su muerte no constituía ninguna amenaza.
Los sionistas liberales y el establishment militar y político critican a Lieberman por manifestarse explícitamente a favor de Azaria. Pero la realidad es que ellos mismos no son críticos con el asesinato en sí mismo, sino simplemente con el hecho de que se produjera de forma tan abierta, frente a la cámara y frente a la prensa mundial. Los sionistas liberales están muy preocupados por la imagen internacional de Israel, mientras que Lieberman no lo está.
Lo cierto es, sin embargo, que con su respaldo del asesinato del joven palestino a manos de Azaria, y con su petición de la pena de muerte para los “terroristas” palestinos, Lieberman únicamente está formalizando las políticas y prácticas que las fuerzas de ocupación israelíes llevan a cabo de forma rutinaria bajo gobiernos de toda índole política.
Como dice el grupo de derechos humanos israelí B’Tselem , Israel ya está llevando a cabo de forma rutinaria ejecuciones extrajudiciales de palestinos acusados de atacar a los soldados de la ocupación.
El estímulo, por parte de los líderes israelíes, de un “estado de ánimo público que considera que ‘disparar a matar’ es válido en todo caso y circunstancia, incluso cuando el sospechoso no constituye ningún peligro, ha transformado a soldados, policías y civiles armados en ‘juez, jurado y verdugo,” sostiene el grupo.
Aunque sin lugar a dudas Lieberman acelerará el continuado descenso de Israel hacia un fascismo cada vez más abierto, existe una continuidad política mucho mayor de lo que los defensores liberales de Israel están dispuestos a admitir.
Asa Winstanley  es un periodista de investigación que vive en Londres. Es editor asociado de The Electronic Intifada.

 

 

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

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