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Demasiados niños han perdido ya la infancia en Yemen

Niños frente a tiendas de campaña improvisadas en el campamento de refugiados de Darwan en Amran, al norte de Sana'a, Yemen, el 11 de abril de 2018 [Mohammed Hamoud / Agencia Anadolu]

Se desparraman por las calles al alba; con cuerpos pequeños, caras pálidas y rasgos audaces. Podrías pensar que van camino del colegio, pero una mirada más cercana revela que no llevan mochilas ni libros.

Son los niños de Yemen, inmersos en la crueldad de la guerra y la pérdida de su familia, lo que les ha obligado a dejar la escuela y lo que más aman en el mundo, jugar con sus amigos en los callejones en ruinas. En cambio, tienen que unirse a la fuerza laboral para poder ganarse la vida y mantener a sus familias. Los trabajos que realizan no son adecuados para su edad, tamaño y capacidades físicas.

Todos esconden historias de un tremendo dolor. Algunos han estado en primera línea de combate, llevando armas pesadas sobre sus pequeños hombros, lo que viola de forma flagrante los derechos del niño. A otros los ves debajo de coches, aprendiendo a arreglarlos, sin apenas preocuparse por el gran peligro que supone. Muy pocas veces hay alguien que les diga: “¡Cuidado!”.

Otros aparecen deambulando por las calles bajo el sol ardiente que les quema la cara y la cabeza; buscan botellas y latas vacías entre los montones de basuras para venderlas por muy poco dinero, que no es suficiente para vivir.

Algunos venden periódicos y otros productos que llevan encima todo el día, mientras que otros muchos hacen cola para llevar pesados contenedores de agua o gas a sus familias. Muchos niños trabajan en lugares peligrosos, como panaderías, trabajando con fuegos abiertos.

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No les importan las consecuencias ni los riesgos, y tratan con los hombres como si ellos mismos lo fueran. Con cada día que pasa, pierden una parte de su inocencia y de su infancia que nunca podrán recuperar. Demasiados han perdido la infancia en Yemen.

A uno de estos niños, a quien le compré algo, le pregunté hasta cuándo se queda en la calle:

“Hasta las 9 de la noche,” respondió. “A veces, hasta las 10.”

Me quedé de piedra. “¿Comes en la calle y sólo vas a casa para dormir?”

“Sí.”

“¿Por qué pasas por todo esto? ¿Trabajas por tus padres?”

Con gran dolor, me contó que su padre había muerto, dejando atrás a cinco hijos, de los cuales él es el mayor. Sólo tiene 12 años. Enmudecí.

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Le pagué y me fui con un nudo en el estómago, triste por esta infancia perdida, que se evapora día tras día bajo el sol ardiente hasta que desaparece.

Ninguna persona en su sano juicio negaría que este niño y todos los demás como él son víctimas. Sin embargo, no se ponen de acuerdo sobre quién tiene la culpa. Podrían ser los padres, que se han endurecido respecto a sus hijos, y les han echado a la calle. Podría ser la pobreza y la orfandad, o podría ser la guerra, que no perdona a jóvenes ni a ancianos.

Sea quien sea el responsable, la situación empeora cada día, dada la ausencia de las autoridades relevantes para proteger a estos niños y a sus derechos. Nadie defiende la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, que responsabiliza a los gobiernos de asegurar que todos los niños tienen sus derechos, incluido el derecho a la educación, la protección, la seguridad y la libertad. El Artículo 38 de esta Convención establece: “Los gobiernos han de hacer todo lo que esté en su mano para proteger y cuidar a los niños afectados por la guerra. Los menores de 15 años nunca deberán ser obligados o reclutados para formar parte de la guerra o unirse a las fuerzas armadas”.

Sin embargo, estos acuerdos no se implementan ni se supervisan en esta trágica situación, en la que los niños están pagando el precio más alto. Miles de niños yemeníes son víctimas de esta situación: han sido asesinados o heridos, o sienten que tienen que trabajar. La cifra de niños que han abandonado la escuela ya llega a los cientos de miles, ya que los profesores están en huelga debido al impago de sus sueldos y a los recortes salariales, así como a la pobreza extrema causada por la guerra.

La protección de la infancia requiere de acciones políticas, seguidas de esfuerzos concertados por los ministerios del gobierno y la sociedad civil en forma de organizaciones no gubernamentales. Estos esfuerzos deben centrarse en la reducción y, eventualmente, la eliminación del abuso contra los derechos del niño, y aliviar la carga que llevan estos niños sobre sus pequeños hombros.

Al-Araby Al-Jadeed 

 

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