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Irak contraataca con su ofensiva contra Kirkuk

Un miembro de las fuerzas de seguridad iraquíes ondea una bandera de Irak a pocos metros de la sede de los Peshmerga kurdos, el 14 de octubre de 2017. El ejército iraquí continúa desplazando tropas al sur de Kirkuk mientras se incrementa la tensión con las fuerzas kurdas. [Hassan Ghaedi/Anadolu Agency]

La ofensiva ligera y relativamente incruenta del ejército iraquí y las Unidades de Movilización Popular aliadas para recuperar Kirkuk y otras áreas disputadas se ha interpretado como una inyección de energía para el asediado Estado iraquí. Se produce tras la recuperación iraquí de las manos del Daesh de Hawija, el último gran centro urbano iraquí controlado por el grupo terrorista.

La ofensiva contra los peshmerga kurdos en Kirkuk fue una respuesta directa al referéndum “ilegal” del Gobierno Regional de Kurdistán, ya que los líderes kurdos fueron advertidos varias veces sobre el riesgo de intervención militar si seguían adelante con su proyecto.

Ahora que el expansionismo kurdo se ha reducido en Irak, es importante hacer un balance de las repercusiones más amplias de la ofensiva de Kirkuk. Para empezar, la total afirmación de la soberanía iraquí debería suponer un toque de atención para los líderes iraquíes kurdos que, de nuevo, han decepcionado a su pueblo al excederse con sus promesas y no cumplirlas.

En términos más generales, la audaz maniobra de Irak contra los secesionistas del GRK provocará un rechazo regional frente al irredentismo kurdo, también en el país vecino, Siria, donde las fuerzas kurdas, respaldadas por las fuerzas aéreas occidentales, acaban de arrebatar el control de Raqqa al Daesh.

A nivel estratégico, la ofensiva de Kirkuk se considera una victoria para Irán, en vista del control de la República Islámica sobre las milicias chiitas, que constituyen la columna vertebral de las Unidades de Movilización Popular (UMP). Por extensión, esto es una burla para la estrategia anti-Irán del gobierno Trump, que pide el control en la región de la influencia iraní.

 

Otro error de cálculo kurdo

La recaptura de Kirkuk es un golpe importante para los nacionalistas kurdos de la región, que tenían esperanzas en el potencial político y estratégico del GRK. El tremendo error político del presidente del GRK, Massoud Barzani, supone que ha seguido los pasos de su legendario padre, Mullah Mustafa Barzani, a la hora de subir las expectativas nacionales kurdas sólo para ser testigo de la desintegración del sueño de la independencia frente a la dura realidad regional.

El líder kurdo-iraquí, Massoud Barzani.

Al recuperar Kirkuk y sus preciados pozos de petróleo, el gobierno iraquí ha roto el sueño de independencia kurdo. El único resultado positivo que podría seguir a este suceso es la debilitación del control del Partido Democrático Kurdo, dirigido por Barzani, sobre la política y la economía en la capital regional, Erbil.

El clan Barzani ha ejercido su domino sobre Erbil desde septiembre de 1996, cuando Massoud Barzani solicitó ayuda a Saddam Hussein para expulsar a la rival Unión Patriótica de Kurdistán (UPK) de la capital regional. La captura de Erbil por 30.000 tropas iraquíes, dirigidas por la Guardia Republicana de élite de Saddam, supuso el clímax de la guerra civil kurda de los años 90.

A pesar de haber firmado un tratado de paz formal a finales de 1998, la relación entre el PDK y la UPK sigue caracterizada por la tensión y la desconfianza. Desde fuera, las dos partes parecen haber dividido amistosamente feudos separados – el PDK controla Erbil, mientras que la UPK se asienta en Sulaymaniyah – pero, en realidad, están metidos en disputas sobre la administración del GRK.  

Además, los dos bandos están aliados con potencias regionales rivales. Históricamente, la UPK ha recibido el apoyo de Irán, mientras que el PDK ha estado en la órbita de Turquía desde los 90. La rivalidad entre UPK y PDK parece haber jugado un papel en la retirada apresurada de fuerzas peshmerga kurdas de Kirkuk. Hay informes que sugieren que la UPK había cerrado un trato secreto con Bagdad.

La ligera ofensiva de Irak ha expuesto la fragilidad del GRK. La zona kurda de Irak parece pacífica y funcional, pero, a un nivel más profundo, carece de los recursos y del capital humano para sostener una verdadera autonomía regional, y mucho menos la independencia.

Una vez se haya asumido el impacto la pérdida de Kirkuk, el mayor descontento del público podría acabar obligando a Massoud Barzani o retirarse o, en su defecto, a permitir una mayor democracia en la zona del GRK. Pero, de momento, Barzani sigue desafiante y, en lugar de asumir la responsabilidad de celebrar un referéndum que Bagdad consideró “ilegal”, está decidido a culpar por el desastre a su rival, la UKP.

La conexión iraní

Existe un debate sobre el alcance de la influencia iraní sobre la decisión de Irak de recuperar Kirkuk. De momento, al menos los estadounidenses parecen estar restando importancia a la conexión, sobre todo porque Estados Unidos apoya tácitamente la afirmación de la soberanía iraquí.

A pesar de los desacuerdos sobre la extensión de la influencia iraní, lo que no se puede discutir es que la ofensiva de Kirkuk no hubiese tenido tanto éxito sin la participación de las Unidades de Movilización Popular (UMP) chiíes.

Leer: El referéndum kurdo sumergirá a Irak en una crisis existencial

Cabe recordar que, en junio de 2014, el ejército iraní, preparado por EEUU, fue derrotado por el Daesh debido al déficit de liderazgo y la baja moral. En contraste, las UMP, motivadas ideológicamente, se mantuvieron firmes y lucharon, ganando un grado de legitimidad nacional.

El primer ministro iraquí Haider Al-Abadi [Foto de archivo]

En este contexto, la afirmación de la soberanía iraquí es tan peligrosa como prometedora para los estadounidenses. Por una parte, la ligera ofensiva refuerza la posición del primer ministro iraquí, Haider Al-Abadi, cercano a Washington. Sin embargo, por otra parte, la ofensiva ha fortalecido la posición de las UMP, aliadas de Irán.

Los analistas kurdos hacen bien en señalar las profundas contradicciones de la política estadounidense, aunque, de acuerdo con la propaganda del PDK, estos analistas tienden a exagerar el papel de Irán en la toma de Kirkuk. Estas contradiciones hace que destaque la brecha en la retórica y la capacidad de EEUU – vis-à-vis con la influencia regional iraní. En Irak, al menos, Estados Unidos parece estar impotente frente a la profundidad estratégica de Irán.  

A medida que Irak se prepara para las importantes elecciones parlamentarias de mayo de 2018, todos los ojos se posan sobre el primer ministro Haidar Al-Abadi y en su próxima medida, tras la liberación de las zonas disputadas. Desafiando a las bajas expectativas cuando llegó al poder en agosto de 2014, Al-Abadi ha superado dos tremendas tormentas, a saber, el falso “califato” del Daesh y la amenaza del secesionismo kurdo. Sin embargo, puede que su suerte se acabe si sucumbe a la presión estadounidense y actúa contra las UMP.

 

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