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El “cabreo” diplomático de Trump con Corea del Norte sólo es un intento de contener a China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia un discurso mientras asiste a la 72ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Estados Unidos, 19 de septiembre de 2017 [Agencia Volkan Furuncu / Anadolu]

Para comprender la estratagema de Estados Unidos en el Pacífico, y en particular contra Corea del Norte, uno debe comprender los cambios fundamentales que están en marcha en esa región. La influencia de China como una superpotencia asiática y como potencia económica global ha ido creciendo a una velocidad vertiginosa. El “pivote tardío” de EEUU en Asia para contrarrestar el ascenso de China ha sido, hasta ahora, bastante ineficaz.

La diplomacia del enfqdo del presidente Donald Trump es la forma que tiene Washington de asustar al tradicional aliado de Corea del Norte, China, y desbaratar lo que hasta ahora ha sido una ascendencia asiática, económica, política y militar bastante suave en Asia que ha empujado contra la influencia regional estadounidense, especialmente en los mares del este y sur de China.

A pesar del hecho de que China ha reevaluado sus -una vez fuertes- relaciones con Corea del Norte, en los últimos años ve con gran alarma cualquier acumulación militar por parte de Estados Unidos y sus aliados. Un ejército estadounidense más fuerte en esa región será un desafío directo al inevitable comercio y la hegemonía política de China.

Estados Unidos comprende que su participación en el mercado económico mundial se reduce constantemente y que China está ganando terreno rápidamente.

La economía de Estados Unidos es la más grande del mundo, pero no por mucho tiempo. Las estadísticas muestran que China está abriendose camino y, para 2030, o incluso antes, ganará el codiciado primer lugar. De hecho, según un informe del Fondo Monetario Internacional de 2014, China ya es la economía más grande del mundo cuando el método de medición se ajusta por el poder adquisitivo.

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Esta no es una anomalía y no es reversible, al menos en el corto plazo.

La tasa de crecimiento de la economía de EEUU en los últimos 30 años ha promediado el 2,4%, mientras que China se disparó al 9,3%.

Citando estos números, Paul Ormerod, economista y profesor visitante del University College de Londres, argumentó en un reciente artículo que “si proyectamos estas tasas hacia adelante, la economía china será tan grande como la estadounidense para 2024. Para 2037, será más del doble del tamaño “.

No es de extrañar que Trump haya catalogado obsesivamente a China en sus numerosos discursos de campaña antes de su elección en la Casa Blanca, y por qué continúa culpando a China por el programa de armas nucleares de Corea del Norte hasta la fecha.

Como magnate de los negocios, Trump comprende cómo funciona el verdadero poder y que el arsenal nuclear de su país, estimado en casi 7,000 armas nucleares, simplemente no es suficiente para revertir las desgracias económicas de su país.

De hecho, el arsenal nuclear de China es minúsculo en comparación con el de Estados Unidos. El poder militar por sí solo no es una medida suficiente del poder real que pueda traducirse en estabilidad económica, riqueza sostenible y seguridad financiera de una nación.

Es irónico que, mientras EEUU amenazan con “destruir totalmente a Corea del Norte”, es el gobierno chino quién está utilizando un lenguaje sensato, pidiendo una desescalada y citando el derecho internacional. No solo cambiaron las fortunas, sino también los roles. China, que durante muchos años fue descrita como un estado deshonesto, ahora parece ser la piedra angular de la estabilidad en Asia.

Prudentes líderes estadounidenses, como el ex presidente Jimmy Carter, entienden bien la necesidad de involucrar a China en la resolución del enfrentamiento entre Estados Unidos y Corea del Norte.

En un artículo publicado en el Washington Post, Carter, de 93 años, pidió un compromiso diplomático inmediato y directo con Corea del Norte que involucre también a China.

Escribió el 4 de octubre que Estados Unidos debería “ofrecer enviar una delegación de alto nivel a Pyongyang para las conversaciones de paz o apoyar una conferencia internacional que incluya a Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos y China, en un sitio mutuamente aceptable”.

Unos días después, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying, citó el artículo de Carter y reafirmó la posición de su país de que solo una solución diplomática podría llevar a la crisis a su fin.

La política china Hua Chungying [Friends of Europe/Flickr]

Trump afirmó en un tuit reciente que “los presidentes y sus administraciones han estado hablando con Corea del Norte durante 25 años, los acuerdos realizados y las cuantiosas cantidades de dinero pagadas … no han funcionado”.

Alegó que Corea del Norte ha violado estos acuerdos, incluso “antes de que la tinta estuviera seca”, terminando con la ominosa advertencia de que “¡solo una cosa funcionará!” aludiendo a la guerra.

Trump es un mal alumno de la historia, entre otras cosas. Los “acuerdos” a los que se refería son el “Marco Acordado” de 1994, firmado entre el presidente Bill Clinton y Kim Jong-il, el padre del actual líder Kim Jong-un. De hecho, la crisis se evitó cuando Pyongyang respetó su lado del acuerdo. Estados Unidos, sin embargo, renegó, según argumenta Fred Kaplan en Slate:

“Corea del Norte mantuvo su parte del trato, Estados Unidos no lo hizo”, escribió Kaplan. “No se proporcionaron reactores de agua ligera. (Corea del Sur y Japón debían pagar por los reactores, no lo hicieron, y el Congreso de Estados Unidos no intervino.) Tampoco se hizo ningún progreso en el reconocimiento diplomático “.

Le tomó años a Corea del Norte reaccionar ante la violación de los términos del acuerdo por parte de Estados Unidos y sus socios.

En 2001 Estados Unidos invadió y destruyó Afganistán. En 2003 invadió Irak y comenzó a amenazar activamente con el cambio de régimen en Irán. Irak, Irán y Corea del Norte ya estaban en la lista negra como el “eje del mal” en el infame discurso de George W. Bush de 2002.

Siguieron más intervenciones militares, especialmente cuando el Oriente Medio cayó en un caos sin precedentes como resultado de la llamada Primavera Árabe en 2011. El cambio de régimen, como sucedió en Libia, siguió siendo la doctrina definitoria de la política exterior de Estados Unidos.

Esta es la realidad actual que aterroriza a Corea del Norte. Durante 15 años han estado esperando su turno en el camino del cambio de régimen de EEUU, y su programa de armas nucleares es su única estrategia de disuasión ante las intervenciones militares estadounidenses. Cuanto más se sintieron aislados los líderes norcoreanos a nivel regional e internacional, más decididos estuvieron en obtener dispositivos nucleares.

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Este es el contexto que Trump no quiere entender. Los principales medios estadounidenses, que parecen detestar a Trump en todos los sentidos, excepto cuando amenaza con la guerra o defiende a Israel, le siguen ciegamente.

Los informes de noticias actuales sobre la supuesta capacidad de Corea del Norte para matar “al 90% de todos los estadounidenses” en un año es el tipo de ignorancia y miedo que arrastró a Estados Unidos a múltiples guerras, lo que le costó billones de dólares a la economía, mientras continuaba convirtiendo malas situaciones en otras aún peores.

De hecho, un estudio reciente de la Universidad de Brown mostró que, entre 2001 y 2016, el coste de las guerras en Afganistán, Iraq, Siria y Pakistán ha sido de 3.6 billones de dólares.

Quizás una mejor forma de defenderse contra el ascenso de China sea invirtiendo en la economía estadounidense en lugar de gastar dinero en guerras prolongadas.

Pero si hay una guerra de Trump contra Corea del Norte, ¿cómo sería?

La revista US Newsweek realizó esta inquietante pregunta, solo para proporcionar respuestas igualmente preocupantes.

“Si estallaran combates entre los dos países, los comandantes estadounidenses en el Pacífico agotarían rápidamente sus arsenales de bombas inteligentes y misiles, posiblemente en una semana”, según revelaron fuentes militares.

Los militares estadounidenses necesitarían un año para reponer sus arsenales, lo que les deja con la opción de “lanzar bombas de gravedad en bruto sobre sus objetivos, lo que garantizaría un conflicto más largo y sangriento para ambas partes”.

Es probable que Corea del Norte golpee, a voluntad, a todos los aliados estadounidenses en la región, comenzando con Corea del Sur. Incluso si el conflicto no se intensifica con el uso de armas nucleares, el número de muertos por tal guerra “podría llegar a 1 millón”.

Tanto Trump como Kim Jong-un son figuras indeseables, impulsadas ​​por frágiles egos y juicios erróneos. Sin embargo, ambos están tomando una posición que, si no se ve dominada pronto, podría amenazar la seguridad global y las vidas de millones de personas.

Las llamadas hechas por Carter y por China a adoptar soluciones diplomáticas deben ser escuchadas, antes de que sea demasiado tarde.

 

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