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El terrorismo no será derrotado si los gobiernos hacen oídos sordos las causas de su aparición

Tras hablar directamente con los militantes que regresaban del territorio yihadista, la ONU declaró que la mayoría de sus conclusiones contradecían las percepciones generales de la opinión pública sobre el terrorismo.

Hoy en día, el tema del terrorismo rara vez está fuera del centro de atención. Esta semana fue el turno de un drama televisivo el que ha despertado el interés de la nación, pero no de la manera que podría esperarse. Esta vez no ha sido un acto de matanza desenfrenada lo que ha captado la atención y provocado la ira; ha sido la aparente humanización de los terroristas.

Podríamos pensar que, cuanto más entendamos el fenómeno del extremismo violento, mejor lidiaremos con la radicalización. El programa de cuatro partes de Peter Kosminsky sobre el Daesh pretendía hacer eso mismo, pero, en cambio, recibió críticas por “glorificar al ISIS”. Un periódico llegó a decir que fue “puro veneno… como una película de reclutamiento nazi de los años 30”. Parece que demasiados medios y políticos están expectantes de poder derribar a cualquiera que se oponga a la versión oficial sobre la “guerra contra el terrorismo”; hacerlo supone ser un “simpatizante del terrorismo”.

Así que fue la serie ficticia “El Estado”, de Kosminsky, emitida durante cuatro tardes de esta semana en Channel 4. Seguía los pasos de cuatro jóvenes reclutas que abandonaban sus vidas en Reino Unido para unirse al Daesh en la ciudad siria de Raqqa. La serie no era tan sólo otro intento de ver quién puede representar a los musulmanes de la peor forma posible; sino que intentaba comprender por qué algunos musulmanes se unen a las filas de un grupo considerado como una aberración hereje por la mayoría de sus correligionarios. Se ha dicho que Kosminksy, escritor y director, y el resto del equipo de producción pasaron 18 meses investigando para el programa; esto incluyó la entrevista a reclutas del Daesh que han regresado a Reino Unido.

Channel 4 se ha visto obligado a defender el programa: “Se basa en una extensa investigación factual y ofrece una visión cruda sobre las horribles acciones del Daesh, lo cual creemos que es un tema importante al que enfrentarse y que explorar”. Los expertos en el campo de la radicalización estuvieron de acuerdo y elogiaron a los cineastas por producir un programa “con un increíble trabajo de investigación”.

En una entrevista con BBC Radio Five, Kosminsky aclaró algunos aspectos sobre la radicalización. Su conclusión de por qué principalmente individuos jóvenes y descontentos deciden unirse a grupos como Daesh parece contradecir la narrativa oficial populista. A pesar de que existe una serie compleja de razones del porqué alguien optaría por abandonar su hogar en Europa y unirse a una organización terrorista, la visión oficial persigue el mito de que la ideología religiosa es el factor principal. 

Sin embargo, Kosminksy parece disputar la narrativa del gobierno, realzada por los principales medios de comunicación. Explicó que los reclutas del Daesh con los que hablaron durante la elaboración del programa apenas sabían nada sobre el Islam. Su comprensión de la fe era “superficial”, y muchos eran o nuevos “conversos” o “musulmanes reencontrados con el islam”. Para Kosminksy, esto sugiere que “cuanto más sabes del Islam, es menos probable que te unas a un grupo terrorista”. Además, afirmó que Al-Qaeda tiene mucho en común con grupos nihilistas de Europa, como la banda Baader-Meinhof o el Ejército Rojo. Cree que todos estos grupos son “intransigentes en su deseo de romper con la sociedad occidental tal y como la conocemos”. Concluyó que los terroristas del Daesh se parecen más a esos individuos que a los musulmanes devotos.

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Imagen de “Gharabeb Soud”, la última producción de MBC sobre el ascenso de Daesh.

Esta conclusión no es desconocida para todo aquel que siga de cerca el discurso sobre el terrorismo. Desde el 11S, la narrativa oficial sobre la radicalización ha intentado vender su propia ideología en lugar de enfrentarse a la realidad. La persistencia en presentar la ideología islamista – un término cuyo único propósito es justificar los comentarios abusivos sobre el Islam y los musulmanes – como la principal causa de terrorismo es impulsada por una ideología más perniciosa que la ideología en cuestión. Un paso adelante, neo-conservadurismo. ¿Se puede realmente discutir que la ideología responsable del mayor desastre occidental exterior en Oriente Medio y el subsecuente crecimiento del Daesh no ha sido más catastrófica para la región y para el mundo que el terrorismo que engendró?

Incluso si admitimos que la ideología islamista es un factor, no hay una explicación creíble para que se considere uno más significativo que cualquier otro, incluyendo la política exterior occidental y el apoyo a tiranos y dictadores; la ausencia de derechos humanos básicos en el mundo musulmán; y la falta de oportunidades económicas viables en el mismo. Como ya sabemos, existen muchas razones por las que algunos optan por una vida de constante resistencia y conflicto, pero sería falso sugerir que la ideología islamista es la principal. La cantidad de dinero, tiempo y recursos gastados en abordar la ideología ha alimentado la noción equivocada de que el Islam es el enemigo.

Este tipo de pensamiento confuso, que retuerce los hechos para adaptarse a las teorías, sugiere que la narrativa oficial no está restringida por el torrente de informes sobre el fenómeno terrorista. En el informe de julio del Centro contra el Terrorismo de la ONU, que investiga el creciente fenómeno de militantes terroristas extranjeros en Siria, la organización entrevistó a docenas de individuos de 12 nacionalidades diferentes.

Tras hablar directamente con los militantes que regresaban del territorio yihadista, la ONU declaró que la mayoría de sus conclusiones contradecían las percepciones generales de la opinión pública sobre el terrorismo. El informe afirma que “las creencias religiosas parecen haber desempeñado un papel mínimo en la motivación de los militantes que regresan”. La mitad de las personas con las que habló la ONU parecían ser “novicios religiosos, con apenas entendimiento sobre el verdadero significado de la yihad o incluso sobre la fe islámica; muchos ni siquiera sabían rezar de acuerdo a la tradición islámica.”

Omer Remzi, que huyó de los combates en el barrio de Al-Shifa, muestra fotos de sus familiares frente a un tanque en Mosul, Irak el 12 de junio de 2017 [Yunus Keleş / Agencia Anadolu]

El informe arroja luz sobre la vaga noción de ideología. Fue muy específico sobre el papel que juega la ideología religiosa en el proceso de radicalización: “En cuanto a la motivación religiosa, la ideología religiosa no es un factor principal que influye en los musulmanes jóvenes de la UE a la hora de convertirse en militantes, ya que es una justificación post facto”. El informe insiste en que “la ideología se está utilizando para legitimar actos de violencia más que para incitarlos.” Además, añade que “no hay acuerdo sobre el papel exacto que juega la ideología, pero la literatura parece favorecer las motivaciones seculares sobre las religiosas.”

Al profundizar más en el pequeño número de militantes que citaron la ideología como un factor, la mayoría parecía equipara la ideología con la defensa de otros musulmanes sunníes o miembros de su “grupo”. Las conclusiones respaldan otras encuestas que también confirman que la ideología es un factor menor en por qué alguien decide a unirse a las filas de una organización terrorista. Muy pocos de los cuestionados por la ONU creen en la idea de un Estado Islámico o en el establecimiento de un Califato en el Levante árabe (Irak, Siria, Jordania, Líbano y Palestina).

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Parece que la noción de injusticia es más importante para los militantes que la ideología. La mayor de sus preocupaciones es la percepción de crímenes cometidos contra sus compañeros sunníes. A los ojos de los militantes extranjeros, la yihad se justifica cuando los musulmanes son atacados. Curiosamente, los autores del informe de la ONU afirman que un factor clave a la hora de desarrollar un sentido de obligación de actuar en defensa de su “grupo” es el deseo de defender a sus correligionarios, que se conciben como victimizados y perseguidos. Identificaron esta como una de las principales razones citadas por los militantes extranjeros para unirse a las filas del Daesh.

Lo que es más revelador es que los encuestados afirmaron que no fueron a Siria con la intención de convertirse en terroristas, y tampoco regresaron con ese objetivo en mente, aunque el informe advierte que el trauma de la guerra en Siria puede causar daños psicológicos a los individuos, haciendo impredecible su comportamiento. Parece que no todos los militantes extranjeros querían ir a Siria para convertirse en soldados; y muchos menos querían cometer atrocidades.

Si nos fijamos en la situación de los militantes extranjeros, muchos viven desventajas económicas, carecen de educación y tienen malas perspectivas de empleo. La dificultad social, política y económica parece tener más importancia en los militantes extranjeros en Siria que en conflictos previos, por ejemplo, en Afganistán en los 80.

Desglosando algunos de los factores seculares, se afirma que muchos de los militantes estuvieron motivados por la frustración ante su fracaso en el mercado de trabajo, que “se agrava por la falta de una educación avanzada y/o políticas discriminatorias en el mercado laboral de su país de residencia”. Para apoyar esta conclusión, el informe citó una investigación realizada por el Instituto Brookings. El think tank estadounidense explicó que la privación relativa era un importante factor para el extremismo violento: “Aunque parece que es cierto que el desempleo en sí mismo no afecta a la radicalización, éste conlleva una mayor probabilidad de radicalización”. Ofrece pruebas empíricas para respaldar que “la privación relativa es una importante razón para el apoyo al extremismo violento… Los individuos cuyas expectativas de mejora económica y movilidad social se ven frustradas corren un mayor riesgo de radicalización”.

Desafiar a la narrativa terrorista ha sido el objetivo principal de muchas personas durante casi dos décadas. Se basa en la noción de que la ideología es la principal causa de extremismo violento. Aunque este puede ser un factor en el proceso de radicalziación, los gobiernos y legisladores deben abandonar su propia narrativa ideológica y enfrentarse más que nunca a los abusos de los derechos humanos, la desafección política económica, la alienación social y al apoyo a tiranos y dictadores. Insistir en que los musulmanes y el islam son exclusivamente el problema no es sólo incorrecto de hecho; sino también contraproducente. El terrorismo no será derrotado si nuestros gobiernos siguen haciendo oídos sordos a sus verdaderas causas.

 

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