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En Oriente Próximo los niños están sufriendo a manos de amigos y enemigos

Niños heridos esperando recibir tratamiento después de que el régimen de Assad llevara a cabo ataques aéreos en Damasco, Siria el 25 de julio de 2017 [Diaa Al Din /Agencia Anadolu]

Hay una creciente atención al sufrimiento de las mujeres en tiempos de guerra. La Oficina de Relaciones Exteriores y  la Commonwealth de Gran Bretaña (FCO), con el ex dirigente conservador William Hague a la cabeza, mantuvo una admirable colaboración con la activista Angelina Jolie, dedicada únicamente a destacar el sufrimiento de las mujeres en las zonas de guerra de todo el mundo. En los recientes homenajes a la guerra de  Srebrenica, celebrados en toda Gran Bretaña para conmemorar el genocidio en Bosnia de hombres y jóvenes musulmanes, se ha centrado este año en condenar las violaciones en masa que se perpetraron contra las mujeres y niñas musulmanas.

En los medios de comunicación últimamente se dedican muchos espacios para poner de relieve el sufrimiento de las mujeres y las torturas particulares que éstas sufren por cuestión de género en los conflictos armados. En aras de que este sufrimiento no quede en el olvido muchas de las afectadas han llegado a recordar hasta los detalles más brutales de su martirio.

Ahora se debe dedicar el mismo nivel de recursos a los niños y su sufrimiento. Ellos también están pasando por el “infierno”.

Tomemos la situación de Yemen, por ejemplo, donde las armas proporcionadas por Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña están siendo utilizadas por la coalición dirigida por Arabia Saudí. En total, alrededor de 4,5 millones de niños y mujeres embarazadas o lactantes sufren de malnutrición aguda, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, que gestiona las respuestas a las crisis a gran escala. Esto representa un severo aumento del 148% desde finales de 2014, antes de que comenzara la intervención de la coalición árabe. Casi 462.000 niños sufren hoy desnutrición aguda-severa (SAM); Casi un aumento del 200% desde antes de la intervención. Agravado por la epidemia de cólera, cada diez minutos un niño menor de cinco años muere en Yemen por causas que podrían prevenirse.

En Siria, el uso de niños soldado está muy extendido. En el lado rebelde, según Human Rights Watch, no sólo los famosos Daesh y Jabhat Al-Nusrah los utilizan, sino que también lo hacen los comandantes desesperados de la Coalición Islámica, el Ejército Sirio Libre y otras facciones kurdas, todos ellos respaldados de algún modo, o en muchos casos directamente, por países de Occidente. Luchan contra el régimen de Assad y sus milicias asociadas, que también están reclutando a niños cuando el número de hombres disponible disminuye.

Casi seis millones de niños de toda Siria, atrapados entre las fuerzas de  Assad y los rebeldes respaldados por fuerzas extranjeras, dependen ahora de la asistencia humanitaria, casi la mitad de ellos se han visto obligados a huir de sus hogares. La ONU ha creado una iniciativa llamada  “Generación No Perdida” para evitar que en Siria suceda exactamente eso; una nación de niños cuyas cicatrices mentales y físicas se ven acompañadas por su falta de educación.

Los riesgos a los que se enfrentan los niños sirios son enormes, y van mucho más allá de sus necesidades inmediatas de salud. “No Lost Generation” comenzó recientemente un proyecto de investigación de tres años sobre matrimonios infantiles entre los refugiados en el Líbano y Jordania. Una encuesta sobre las zonas accesibles de Siria demostró que en el 70% de los “sub distritos estudiados” el trabajo infantil existía en “sus formas más peligrosas y arriesgadas”, tales como rebuscar en la basura, el contrabando, la mendicidad y otras “actividades ilícitas”. La misma encuesta sacó a la luz que más del 70% de las familias de las zonas encuestadas se encontraban separadas; que una de cada tres escuelas estaba dañada, destruida u ocupada por fuerzas rebeldes o del régimen; y que –asombrosamente- 1,75 millones de niños no estaban en la escuela. Curiosamente, esta cifra había disminuido en más de 2 millones en gran parte debido a los esfuerzos de funcionarios y maestros del régimen.

La situación en Libia, donde la ley y el orden están casi totalmente ausentes, es aún peor. El flujo de refugiados desde sus fronteras meridionales hacia la costa está repleto de oportunidades para los explotadores sexuales de menores. Justin Forsyth, director ejecutivo adjunto de UNICEF, dice: “Los niños y las mujeres desaparecen en un infierno. Son víctimas de agresiones sexuales, abusos, explotación y muerte.” Muchos niños se ven retenidos durante meses en prisiones improvisadas controladas por milicias y traficantes.

En torno al Mediterráneo se cree que alrededor de diez mil niños refugiados no acompañados, la mayoría de ellos viajando desde o por el Medio Oriente, están desaparecidos en Europa. Se trata de una cifra asombrosamente elevada.

Leer: ONU: La coalición internacional liderada por Arabia Saudí impide la entrega de ayuda para detener la hambruna en Yemen

Los servicios sociales y el sistema de bienestar en Gran Bretaña están contribuyendo a esta cifra. A finales del año pasado, se reveló que el paradero de unos trescientos sesenta niños era desconocido para las autoridades británicas, a pesar de que se registraron cuando entraron en el país. Más de doscientos de estos niños desaparecidos y profundamente vulnerables – cuyo paradero debería ser un escándalo nacional – han desaparecido durante más de dos años.

Todo adulto, independientemente de su salud mental o en todas las circunstancias, excepto en las más extremas, es todavía un ser humano que merece dignidad. Llamarlos “vulnerables”, como parte de alguna metodología pseudocientífica, no logra empoderarlos y devolver sus vidas a la normalidad triunfante.

La única circunstancia en la que el término “vulnerable” es obviamente útil es cuando se trata de niños. Los riesgos para la salud son enormes y su explotación delictiva en todo Oriente Próximo sigue sin obstáculos; nuestros aliados lo están perpetuando tanto como nuestros enemigos. La contribución de Gran Bretaña está tanto en el extremo de la oferta como en el de la demanda. Seguimos armando a los saudíes y a los emiratíes, a pesar de la oposición pública, por lo que somos cómplices en la creación de una crisis infantil en Yemen. Entonces, cuando se trata de dar la bienvenida a los niños refugiados, damos la bienvenida a muy pocos, y sólo bajo la extrema coacción de los activistas; luego perdemos la pista de ellos una vez que han cruzado nuestras fronteras. Lo que les ha sucedido a estos niños puede resultar más tarde una pesadilla. Lo que le está sucediendo a los niños en Oriente Próximo será igual de malo. Es un escándalo nacional e internacional.

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