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Hamas, como lo recordamos y la realidad de hoy

Los entonces líderes palestinos del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) en Jordania (de izquierda a derecha) Jaled Mashal, Musa Abu Marzuk, jefe del buró político del movimiento, Ibrahim Ghosheh, portavoz de Hamás en Jordania, y Mohammad Nazzal, asistiendo a una ceremonia en Ammán [JAMAL NASRALLAH/AFP vía Getty Images].

Todos los árabes saben que el Movimiento de Resistencia Islámica Palestina -Hamas- ha restaurado la dignidad y el orgullo de la nación, y ha revivido el espíritu de resistencia tras la rendición de algunos gobiernos árabes y los malditos Acuerdos de Oslo firmados por Yasser Arafat. El espíritu de resistencia está detrás de la heroica lucha contra el enemigo sionista. A pesar de sus enormes sacrificios -o tal vez gracias a ellos- fue capaz de imponer una nueva ecuación de disuasión frente a la agresión sionista contra el pueblo de Gaza, acabando con el mito del factor de disuasión propio de Israel. También puso en evidencia la fragilidad del sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro, que el Estado de ocupación pensaba que le protegería de los misiles de la resistencia.

Este es el Hamás que se conserva en la memoria de la nación; el Hamás que estuvo junto al pueblo sirio en su revolución contra el tirano asesino Bashar Al-Assad, y que trasladó su liderazgo desde Damasco, donde el entonces jefe de su buró político, Khaled Meshaal, había estado desde 1999.

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Hamás se puso del lado del pueblo sirio que exigía su libertad y dignidad, aunque la decisión le costó mucho económicamente. Sin embargo, fue una posición totalmente coherente con los principios del Islam que utiliza como referencia, y una sincera expresión de simpatía con los sirios de a pie. Era incluso una expresión de lealtad hacia todo el pueblo árabe que abrazó el movimiento de resistencia y proporcionó una base de apoyo popular frente a la continua agresión sionista.

Sin embargo, ha surgido otra cara de Hamás. El 12 de septiembre emitió una declaración oficial bajo el título "Una nación frente a la ocupación y la agresión" en la que afirmaba su "continuidad en la construcción y el desarrollo de relaciones sólidas con la República Árabe Siria". La justificación del movimiento para restablecer las relaciones con el régimen de Assad tras una década de distanciamiento es a la vez irónica y un desprecio a la forma de pensar de la gente en este momento. La medida, dice Hamás, "es un servicio a nuestra nación y a sus causas justas, en cuyo centro está la causa palestina".

También menciona que observa con "preocupación los continuos ataques israelíes contra Siria, en forma de bombardeos, asesinatos y destrucción, así como la escalada de intentos de socavarla, dividirla, fragmentarla y excluirla de su papel histórico efectivo, especialmente en el plano de la causa palestina".

Esta declaración se hizo para despejar cualquier duda, tras dos meses y medio de filtraciones y especulaciones, sobre la decisión de los dirigentes de Hamás de restablecer las relaciones con el régimen del carnicero Bashar. Hemos visto al movimiento maniobrar antes de confirmar su intención, con un funcionario afirmando el restablecimiento de las relaciones con Damasco y otro negándolo. Nos mantuvieron a la expectativa con el fin de allanar el camino para esta declaración oficial. Cabe señalar que el líder de Hamás, Ismail Haniyeh, visitó recientemente Beirut y se reunió con Hassan Nasrallah, de Hezbolá, quien diseñó el vínculo con el régimen sirio, tras recibir el encargo del propio Líder Supremo de Irán, Alí Jamenei.

Sí, fue Irán quien buscó restablecer las relaciones entre Damasco y Hamás, no el régimen sirio, que ya no necesita la carta de Hamás para agitarla ante el enemigo israelí. La causa palestina ya no preocupa a Assad. Israel no golpea su régimen por su apoyo a los palestinos, sino por la presencia de Irán en Siria.

Hamás no se beneficia del régimen de Assad; las relaciones se han restablecido porque Irán lo ha pedido. Antes de que se cortaran los vínculos, Hamás entrenaba a sus cuadros desde Gaza en la fabricación de armas, pero hoy es imposible que el régimen lo permita: se ha perdido la confianza y, lo que es más importante, los sitios iraníes especializados en esto están bajo la lupa israelí.

No cabe duda de que Hamás conoce la verdadera cara del sangriento régimen de Assad, y sabe que cientos de sus miembros y cuadros han sido torturados y asesinados, y que muchos han sido desaparecidos a la fuerza. También es consciente de que el régimen y sus agencias no permitirán que Hamás se mueva entre los refugiados palestinos en Siria como hizo en el pasado. Definitivamente, el régimen no permitirá una presencia palestina concentrada en determinadas zonas tras la destrucción del campo de refugiados de Yarmouk, en las afueras de la capital. En resumen, ya no hay un ambiente propicio para el activismo palestino en Siria como lo había antes de la revolución.

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Mientras que Irán tiene un claro interés en establecer relaciones con Hamás para penetrar aún más en el corazón de la nación árabe tras su control sobre Siria, Líbano, Irak y Yemen; tomando al movimiento de resistencia bajo su ala y amenazando al enemigo sionista con él como moneda de cambio en sus negociaciones nucleares, el régimen de Assad no está dispuesto a tratar con él. A ojos del régimen, es un proyecto hostil con el que no puede reconciliarse. Los medios de comunicación estatales de Damasco acusan a Hamás de traición. Sin embargo, Hamás es consciente de que el régimen es una marioneta iraní, y si restablece las relaciones con Assad, sólo satisfará a Irán, el principal apoyo financiero y militar del movimiento desde que se cerraron las puertas árabes. Algunos regímenes árabes consideran incluso a Hamás como un enemigo, y han conspirado y boicoteado al movimiento mientras normalizaban los vínculos con Israel. Por supuesto, el movimiento está demonizado por muchas fuerzas internacionales, empezando por Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental, y se enfrenta a un cambio de circunstancias impuesto por los cambios geopolíticos internacionales y regionales.

¿Sabe Hamás que al restablecer las relaciones con el régimen de Assad del asesino Bashar, a cambio de pocos beneficios por parte de Damasco, perderá el apoyo de las masas árabes que simpatizaban con el movimiento y la causa palestina, y que veían en Hamás una esperanza y un modelo que se adhiere a los valores y principios del Islam? Las masas son la base popular del movimiento. Por desgracia, puede que no se dé cuenta de que está sembrando las semillas de su propia desaparición. El artículo 32 de la Carta del movimiento, publicada en abril de 2017, dice: "Hamás subraya la necesidad de mantener la independencia de la toma de decisiones nacional palestina. No se debe permitir la intervención de fuerzas externas". Espero que examine esta cláusula y la tenga en cuenta antes de dar pasos precipitados de los que pueda llegar a arrepentirse.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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