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Entendiendo la posición de Turquía sobre la ampliación de la OTAN

El mando del Grupo de Contramedidas Antiminas de la OTAN 2 (SNMCMG2) llega a Turquía procedente de España en Estambul, Turquía, el 20 de febrero de 2021 [Emrah Yorulmaz - Agencia Anadolu].

A medida que nos acercamos a la Cumbre de la OTAN que se celebrará en Madrid a finales de junio, uno de los puntos más esperados de la agenda será la solicitud de ingreso de Finlandia y Suecia. La ampliación de la OTAN a la región del Báltico depende ahora de si estos dos países nórdicos pueden satisfacer las preocupaciones de Turquía respecto al terrorismo.

La ampliación de la OTAN está en la agenda

En el contexto de la invasión rusa de Ucrania, las dos naciones buscan la adhesión por la vía rápida después de haber sido neutrales durante décadas a lo largo de la Guerra Fría, y después. En esta cumbre también se ultimará el Concepto Estratégico de la OTAN, que guiará a la alianza en los próximos años. La cuestión de la ampliación tiene profundas implicaciones para la trayectoria de la alianza transatlántica, y la posición de Turquía tiene una importancia decisiva.

Aunque muchos analistas se apresurarán a describir a Turquía como un país que obstruye la ampliación de la OTAN y crea fracturas dentro de la alianza, resulta esencial comprender y abordar las reservas turcas para la cohesión dentro de la OTAN.

La OTAN se encuentra en un punto de inflexión crucial

La OTAN se encuentra en su punto de inflexión más crucial desde el colapso de la Unión Soviética, dada la guerra en Ucrania. Europa del Este y las naciones bálticas se han alarmado ante la perspectiva de una posible agresión rusa, lo que ha llevado a un importante replanteamiento de la seguridad en toda Europa. Mientras la OTAN trataba de tranquilizar a sus aliados mediante diversos despliegues, Europa está revisando a fondo la arquitectura de seguridad existente, al tiempo que aumenta el gasto en defensa a niveles sin precedentes.

La agresión rusa no ha sido disuadida por los esfuerzos liderados por Estados Unidos para aislar, sancionar y respaldar militarmente a Ucrania. Sin embargo, han impuesto costes significativos a Rusia y han impedido los intentos rusos de hacerse rápidamente con el control del país. Al darse cuenta de que su neutralidad de décadas puede no protegerles contra una posible agresión rusa, Finlandia y Suecia han decidido entrar en la OTAN, probablemente una de las consecuencias no deseadas desde la perspectiva rusa. Turquía es consciente de este entorno geopolítico tan cambiante y ha sido uno de los principales países en ayudar a Ucrania, al tiempo que ha intentado mediar en un alto el fuego y en las conversaciones de paz, más pronto que tarde.

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Las contribuciones de Turquía a la OTAN

En sus más de 70 años como aliado fundamental de la OTAN, Turquía participó en las misiones de la Alianza en todo el mundo, protegiendo al mismo tiempo el flanco sur de la misma. Tras el final de la guerra fría, la alianza no pudo identificar inmediatamente una amenaza común, y muchas voces argumentaron que ya había perdido su razón de ser. Al llevar a cabo numerosas operaciones en los Balcanes en la década de los noventa, la alianza demostró que aún tenía relevancia y un papel importante en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

En las dos décadas posteriores a los atentados del 11 de septiembre, la OTAN llevó a cabo operaciones en diferentes regiones. Amplió su área de operaciones a Afganistán, tras la invocación del Artículo 5 por parte de Estados Unidos. La organización desempeñó un papel destacado en el fin del régimen de Gadafi en Libia y llevó a cabo misiones de defensa de las fronteras contra las amenazas de Irak y Siria contra Turquía. Aunque la amenaza rusa pareció disiparse con el paso de los años, los miembros de la OTAN, como Turquía, siguieron creyendo en los beneficios y privilegios de formar parte de una alianza con capacidades en numerosos escenarios no europeos.

Turquía está a favor de una OTAN más fuerte

Turquía ha apoyado la política de puertas abiertas de la OTAN y las aspiraciones de adhesión de países como Georgia, Bosnia y Ucrania. A pesar de las importantes cuestiones pendientes, una OTAN más fuerte siempre ha estado en el interés de la seguridad nacional turca. Sin embargo, hoy en día, las reservas de Turquía contra el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN emanan de la antigua frustración de Ankara por la tolerancia y el apoyo de Occidente al PKK y a sus ramificaciones regionales, como el YPG en Siria.

Las operaciones de recaudación de fondos y reclutamiento del PKK en toda Europa han sido durante mucho tiempo una fuente de tensión. Turquía registró quejas sobre la relativa libertad con la que el PKK operaba en toda Europa, difundiendo su propaganda, recaudando fondos e incluso reclutando combatientes para operaciones terroristas dentro de Turquía. Las preocupaciones de Turquía fueron a menudo desatendidas, basándose en argumentos sobre las libertades democráticas como la libertad de expresión y el derecho a la manifestación pacífica, entre otros. Sólo cuando el PKK organizó manifestaciones violentas dentro de Europa, las autoridades de algunos países como Alemania comenzaron a actuar. Incluso entonces, algunos países europeos como Suecia siguen siendo mucho más indulgentes con las actividades abiertamente políticas del PKK, a pesar de haberlo designado formalmente como grupo terrorista.

La preocupación de Turquía por el apoyo de Occidente al PKK/YPG

Desde 2014, la tolerancia occidental hacia el PKK adquirió una dimensión geopolítica adicional cuando Estados Unidos y los aliados europeos comenzaron a apoyar abiertamente a la rama siria del PKK, el YPG. La justificación fue la eficacia del YPG en la lucha contra el terrorismo de Daesh. Asegurando a Turquía que se trataría de una relación temporal, táctica y transaccional, los responsables políticos estadounidenses extendieron la política de trabajar "por, con y a través" de los socios locales a la rama siria del PKK.

A pesar de las continuas objeciones turcas hasta el día de hoy, los responsables políticos estadounidenses promueven esta relación como un éxito y una alternativa de bajo coste para luchar contra Daesh con botas estadounidenses sobre el terreno. Los planificadores estadounidenses han rechazado múltiples ofertas turcas para luchar contra el Daesh por una u otra razón. Esta cuestión ha tensado la relación entre Estados Unidos y Turquía, a veces hasta el punto de ruptura. Presionar a la alianza de la OTAN para que adopte una postura más explícita contra el terrorismo internacional parece ser uno de los objetivos de Turquía al plantear objeciones a las solicitudes de adhesión de Finlandia y Suecia.

También está la cuestión de las sanciones impuestas a la industria de defensa nacional de Turquía cuando el país adquirió los sistemas de defensa aérea rusos S-400. Estados Unidos ha expulsado a Turquía del programa F-35 y le ha impuesto sanciones, mientras que otros aliados de la OTAN, como Canadá, también se han negado a vender cámaras de alta tecnología que se utilizarán en los drones turcos. Otras naciones europeas, como Finlandia y Suecia, han impuesto exportaciones de armas a Turquía, tras las operaciones militares del país contra la rama siria del PKK, el YPG, en el norte de Siria.

Estas sanciones formales e informales dirigidas a la industria de defensa nacional de Turquía no sólo crean fricciones dentro de la OTAN, sino que también debilitan la capacidad de defensa turca, debilitando así el flanco sur de la alianza. Las condiciones turcas con respecto a las ofertas suecas y finlandesas para entrar en la OTAN están relacionadas con la cuestión más amplia de los acuerdos de armas entre los miembros de la OTAN y otras naciones como Rusia. Las objeciones turcas están empujando a los países de la OTAN a pensar más cuidadosamente en sancionar a Turquía, lo que debería crear más claridad y cohesión dentro de la alianza.

La ampliación no debe hacerse a costa de un aliado fundamental de la OTAN

La buena noticia para la OTAN es que Finlandia y Suecia han mostrado cierta disposición a abordar las preocupaciones turcas. Sus propuestas iniciales no eran satisfactorias para Turquía, pero el enfoque del Secretario General Jens Stoltenberg ha sido constructivo. Afirmando la legitimidad de las preocupaciones de Turquía como país que más ha sufrido el terrorismo entre otras naciones de la OTAN, Stoltenberg reunió a las delegaciones turca, finlandesa y sueca en Bruselas para resolver sus diferencias.

Es posible que no se produzca un avance inmediato de cara a la Cumbre de Madrid, pero hay que recordar que muchos países esperaron años para unirse a la alianza, a veces por razones bastante frívolas, como en el caso de Macedonia del Norte. La cuestión más importante es si el ingreso de Finlandia y Suecia aumentará la fuerza de la OTAN y su capacidad para proporcionar seguridad a sus miembros. Muchos analistas afirman que la alianza se beneficiaría de su adhesión, pero ésta no puede producirse a expensas de la seguridad de Turquía.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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El autor es director ejecutivo de las oficinas en Washington de la Fundación de Investigación Política, Económica y Social (SETA), con sede en Ankara.

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