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El fin de la opresión neocolonial de Occidente está dando lugar a un nuevo lenguaje y superestructuras globales

Una vista general de la planta de Azovstal cuando el ejército ruso ha tomado el control de la asediada ciudad portuaria ucraniana de Mariupol, a excepción de la planta de Azovstal, el 22 de abril de 2022 [Leon Klein - Agencia Anadolu].

La guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido rápidamente en un conflicto mundial. Uno de los resultados probables es la redefinición del actual orden mundial, que ha estado en vigor al menos desde el colapso de la Unión Soviética hace más de tres décadas.

De hecho, cada vez se tiene más la sensación de que se avecina una nueva agenda mundial, que podría unir a Rusia y China y, hasta cierto punto, a la India y otros países, bajo la misma bandera. Esto es evidente, no sólo en la sucesión de acontecimientos trascendentales en curso, sino también -e igualmente importante- en el lenguaje empleado para describir estos acontecimientos.

La posición rusa sobre Ucrania ha cambiado a lo largo de la guerra y ha pasado de querer simplemente "desmilitarizar" y "desnazificar" Ucrania a una agenda regional y global mucho más amplia, para -según las palabras del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov- "poner fin a la descarada expansión" de la OTAN y al "descarado impulso hacia la plena dominación de Estados Unidos y sus súbditos occidentales en el escenario mundial".

El 30 de abril, Lavrov fue más allá, al decir en una entrevista con la agencia de noticias oficial china Xinhua que la guerra de Rusia "contribuye al proceso de liberación del mundo de la opresión neocolonial de Occidente", basada en "el racismo y la excepcionalidad".

Rusia no es el único país que opina así. China también lo hace, así como India y muchos otros. El encuentro entre Lavrov y el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, el 30 de marzo, sirvió de base para este verdadero nuevo lenguaje global. Las declaraciones de los dos altos diplomáticos estaban más preocupadas por desafiar la hegemonía de Estados Unidos que por los detalles de la guerra de Ucrania.

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Quienes sigan la evolución del discurso político entre Rusia y China, incluso antes de que comenzara la guerra entre Rusia y Ucrania el 24 de febrero, notarán que el lenguaje empleado sustituye el de un conflicto regional, por el deseo de reordenar los asuntos mundiales en su totalidad.

Pero, ¿es posible este nuevo orden mundial? En caso afirmativo, ¿cómo sería? Estas y otras preguntas siguen sin respuesta, al menos por ahora. Lo que sabemos, sin embargo, es que la búsqueda rusa de la transformación global supera con creces a la de Ucrania, y que China está a bordo.

Aunque Rusia y China siguen siendo las piedras angulares de este nuevo orden mundial, muchos otros países, especialmente del Sur Global, están ansiosos por unirse. Esto no debería ser una sorpresa, porque la frustración con el orden mundial dirigido unilateralmente por Estados Unidos se ha estado gestando durante muchos años, y ha tenido un gran coste. Incluso el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, aunque tímidamente en ocasiones, ha advertido contra esta unilateralidad, pidiendo en cambio a la comunidad internacional que se comprometa con "los valores del multilateralismo y la diplomacia para la paz".

Sin embargo, las posturas prorrusas en el Sur -como demuestra la negativa de muchos gobiernos a sumarse a las sanciones occidentales contra Moscú, y las numerosas muestras de apoyo popular a Rusia mediante protestas, concentraciones y declaraciones- siguen careciendo de una narrativa cohesionada. A diferencia de la Unión Soviética de antaño, la Rusia de hoy no defiende una ideología global como el socialismo, y su actual intento de articular un discurso global relacionable sigue siendo, por ahora, limitado.

Evidentemente, es demasiado pronto para examinar cualquier tipo de superestructura -lengua, instituciones políticas, religión, filosofía, etc.- resultante del conflicto globalizado Rusia-OTAN, de la guerra Rusia-Ucrania y de la creciente afinidad Rusia-China. Aunque se ha debatido mucho sobre el establecimiento de un sistema monetario alternativo, en el caso del nuevo orden mundial de Lavrov y Yi, todavía no se ha desarrollado una subestructura de pleno derecho.

Las nuevas subestructuras sólo empezarán a formarse cuando la moneda nacional de países como Rusia y China sustituya al dólar estadounidense; se pongan en marcha sistemas alternativos de transferencia de dinero, como el CIPS; se abran nuevas rutas comerciales y, finalmente, nuevos modos de producción sustituyan a los antiguos. Sólo entonces seguirán las superestructuras, incluidos los nuevos discursos políticos, las narrativas históricas, el lenguaje cotidiano, la cultura, el arte e incluso los símbolos.

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Las miles de sanciones impuestas por Estados Unidos y Occidente a Rusia tenían como objetivo principal debilitar la capacidad del país para navegar fuera del actual sistema económico mundial dominado por Estados Unidos. Sin esta capacidad de maniobra, Occidente cree que Moscú no podrá crear y sostener un modelo económico alternativo centrado en Rusia.

Es cierto que las sanciones estadounidenses a Cuba, Corea del Norte, Irak, Irán, Venezuela y otros países no han logrado producir el ansiado "cambio de régimen", pero sí han conseguido debilitar las subestructuras de estas sociedades, negándoles la posibilidad de ser actores económicos relevantes en los escenarios regionales e internacionales. Simplemente se les permitió subsistir, y apenas eso.

Rusia, en cambio, es una potencia mundial, con una economía relativamente grande y redes internacionales de aliados, socios comerciales y partidarios. Teniendo esto en cuenta, es poco probable que se produzca un cambio de régimen en Moscú a corto plazo. Sin embargo, el reto de este último es saber si será capaz de orquestar un cambio de paradigma sostenible bajo las actuales presiones y sanciones occidentales.

El tiempo lo dirá. Por ahora, es seguro que se está produciendo algún tipo de transformación global, junto con el potencial de un "nuevo orden mundial", un término que ha sido, irónicamente, empleado por el gobierno de Estados Unidos más que ningún otro.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Ramzy Baroud

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Es autor de varios libros sobre la lucha palestina, entre ellos "La última tierra": Una historia palestina' (Pluto Press, Londres). Baroud tiene un doctorado en Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es un académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California en Santa Bárbara. Su sitio web es www.ramzybaroud.net.

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