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Palestina es un territorio ocupado, un hecho reconocido por el derecho internacional

Activistas palestinos, israelíes y extranjeros levantan pancartas y carteles durante una manifestación contra la ocupación israelí y la actividad de los asentamientos en los territorios palestinos y en el este de Jerusalén, en el barrio palestino de Sheikh Jarrah, el 19 de marzo de 2021 [AHMAD GHARABLI/AFP via Getty Images].

El primer ministro israelí, Naftali Bennett, declaró recientemente que su gobierno se opone a la creación de un Estado palestino: "No creo que haya un líder importante en la región que actualmente piense que hay un lugar al que llegar en el proceso diplomático [con los palestinos]. Hemos aprendido por las malas que transferir territorio y crear entidades similares a un Estado no funciona".

Su declaración reafirma, sin lugar a dudas, que el gobierno de ocupación carece de credibilidad. Sus planteamientos reflejan el hecho de que representa a los colonos y al extremismo israelí, y sólo quiere imponer su propia agenda en el futuro político de la región. Su hostilidad basada en la discriminación puede verse en sus programas de asentamiento, incluida la judaización de Jerusalén. Además, el gobierno israelí tortura al pueblo palestino de las peores maneras, ya que gobierna por la fuerza de las armas en Jerusalén y en los demás territorios árabes ocupados. Las declaraciones de Bennett son inaceptables y una flagrante violación de las leyes internacionales y de la legitimidad internacional.

La ocupación militar de Israel también viola los derechos legítimos del pueblo palestino, burlándose del consenso internacional mientras trabaja en la desintegración de la solución de dos estados en las fronteras nominales anteriores a 1967. Esto es lo que encarna el gobierno racista de coalición de Bennett a través de su apoyo absoluto a la actividad de asentamientos ilegales y a la anexión de facto, que incumplen las resoluciones de la ONU, incluida la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad y todas las que la precedieron. Estas resoluciones afirman la ilegalidad de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados, incluida Jerusalén.

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Los palestinos escenifican una manifestación frente al consulado británico en el marco del 104º aniversario de la Declaración Balfour, en Jerusalén Este, el 2 de noviembre de 2021. [Mostafa Alkharouf - Agencia Anadolu]

Por ello, es necesario acelerar y reforzar el movimiento internacional para aplicar las resoluciones pertinentes de la ONU sobre el conflicto árabe-israelí. Hay que esforzarse por poner fin a la ocupación y lograr una paz global, justa y duradera sobre la base de las resoluciones. Esta acción se ve gravemente socavada cada día como resultado de las políticas y medidas destructivas aplicadas por el gobierno de Bennett en la Palestina ocupada, incluida Jerusalén. También se ve socavada por el apoyo prestado a esta ocupación, que le permite seguir estableciendo y ampliando asentamientos, así como por la flagrante judaización de Palestina y el robo de tierras palestinas. Mientras se permita a Israel actuar con impunidad, la justicia internacional en apoyo de los derechos palestinos seguirá siendo esquiva.

A la luz de esto, la comunidad internacional, especialmente el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU, deben actuar rápidamente y trabajar para cumplir con sus obligaciones legales para poner fin a esta injusticia histórica contra el pueblo palestino. Además, el Consejo de Seguridad debe tomar medidas prácticas y cumplir con sus obligaciones estipuladas en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Parte de esto será apoyar los esfuerzos para convocar una conferencia internacional por la paz y la justicia para el pueblo palestino.

Palestina es una tierra ocupada; este hecho está reconocido por las leyes y convenciones internacionales. Es la esencia de la seguridad y la estabilidad en toda la región. Los derechos nacionales legítimos no pueden comprometerse nunca, ni tampoco los grandes sacrificios que sirven de faro a las generaciones futuras para preservar el estatus y el simbolismo histórico y religioso de Palestina, que ha sido testigo de algunos de los acontecimientos religiosos e históricos más importantes. En su centro se encuentra Jerusalén, la capital eterna del Estado palestino y de su heroico pueblo. Proporciona el impulso para la lucha y es fundamental para la espiritualidad de las religiones celestiales. Es el mensaje histórico de Palestina, con sus iglesias, mezquitas y otros lugares sagrados.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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