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La UE premia las violaciones de derechos humanos de Israel

Trabajos de construcción en un asentamiento israelí cerca de la ciudad ocupada de Ramallah, 26 de agosto de 2021[AHMAD GHARABLI/AFP/Getty Images].

Mientras Israel sigue aprobando la construcción de asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, el político irlandés Chris MacManus, diputado al Parlamento Europeo por el Sinn Féin, ha criticado el silencio de la UE. "Creo que ya es hora de que la UE se enfrente a Israel y deje perfectamente claro que no está dispuesta a consentir que se socave su labor en Palestina", declaró MacManus. "La UE debe estar a la altura de su propia retórica de que defiende los derechos humanos y la paz".

En este sentido, la retórica es todo lo que la UE ha demostrado ser capaz de hacer hasta ahora. Afirma que cree que los asentamientos son ilegales según el derecho internacional -lo son- pero no actúa sistemáticamente contra el Estado de ocupación. De hecho, este fracaso demuestra que la relación diplomática con Israel es más importante para la UE que su compromiso con los derechos humanos.

Como uno de los principales defensores del compromiso de los dos Estados, la UE debe explicar su postura. Hace tiempo que se considera que la actividad de asentamientos es un impedimento para la creación de un "Estado palestino independiente y viable" que la comunidad internacional, incluida la UE, proclama pero que nunca ha previsto que se haga realidad. La diplomacia de los dos estados ha permitido la expansión de los asentamientos israelíes, al tiempo que ha proporcionado a los aliados de Israel un paradigma en torno al que agruparse. Hay que desenmascarar la idea errónea de que el compromiso de los dos Estados beneficia de algún modo a los palestinos.

En lugar de una retórica inútil, debemos observar cómo la UE ha mantenido su postura contra los asentamientos sin responsabilizar activamente a Israel. El bloque emite periódicamente declaraciones contra la expansión colonial de Israel, como si la mera regurgitación de frases concretas tuviera algún peso a la hora de pedir cuentas a Israel. No es así.

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La justicia natural insiste en que Israel debe rendir cuentas por sus asentamientos, que son ilegales según el derecho internacional. La UE tiene la obligación de impedir a Israel política y diplomáticamente. También lo tiene el resto de la comunidad internacional. No debería ser necesario recordarlo.

Las investigaciones de la Corte Penal Internacional sobre los "presuntos" (pero bastante obvios) crímenes de guerra de Israel y la responsabilidad penal por las violaciones de los derechos humanos son sólo un aspecto, además burocrático, de la exigencia de responsabilidades a Israel. Sin embargo, la comunidad internacional es igualmente responsable de prevenir y detener la violencia colonial de Israel contra el pueblo palestino.

Esta semana, el Jerusalem Post informó de que Israel firmará un acuerdo con Horizonte Europa, un programa de siete años que permitirá al Estado del apartheid beneficiarse de la financiación de la investigación. Desde 1996, Israel se ha beneficiado de 1.360 millones de euros en el marco de Horizonte 2020.

Ni en Tel Aviv ni en Bruselas se teme que la UE intente obligar a Israel a cumplir ninguna condición previa que salvaguarde los derechos de los palestinos para poder beneficiarse de este programa, a pesar de las periódicas peticiones de responsabilidad por parte de académicos y organizaciones. Está claro que la UE prefiere mantener su agenda de derechos humanos como una cuestión aparte, mientras sigue participando en el contradictorio proceso de permitir y recompensar a un violador constante -de hecho, perpetuo- de los derechos humanos.

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La "solución" de los dos Estados no sólo ha desaparecido, sino que la constante referencia a su paradigma cuando se habla de la expansión de los asentamientos tampoco tiene sentido. Junto con la comunidad internacional, la UE no ha actuado para detener la expansión de los asentamientos y la anexión de facto de tierras palestinas por parte de Israel. En cambio, Bruselas se apresura a recompensar a Israel con el acceso a la financiación de la investigación y otros beneficios económicos (por ejemplo, mediante acuerdos comerciales favorables). El Acuerdo de Asociación UE-Israel establece claramente las obligaciones en materia de derechos humanos de los participantes en los programas de investigación de la UE, pero se permite que Israel participe a pesar de su espantoso historial en materia de derechos humanos.

¿Cómo va a exigir la UE que Israel rinda cuentas cuando el bloque recompensa la expansión colonial de Israel y las violaciones de los derechos humanos? Europa debería confesar, poner fin a esta farsa y admitir que no le importan un bledo los derechos humanos, especialmente cuando se trata de los palestinos.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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