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El mundo corre hacia el asesino de Damasco

El presidente de Siria, Bashar Al-Assad se reúne con su homólogo sudanés Omar Al-Bashir [LOUAI BESHARA/AFP/Getty Images]

Estamos empezando a oír hablar de la necesidad de que Siria recupere el apoyo de los Estados árabes y ocupe su asiento vacante en la Liga Árabe tras siete años de ausencia. La Liga suspendió la membresía de Siria después de que el régimen de Assad perdiera su legitimidad debido a la masacre de su pueblo y a la destrucción del país. La oprimida Revolución Siria estalló hace ya casi ocho años, y los más cercanos al país conspiraron en contra de la revolución incluso más que los que estaban lejos. Ninguna revolución del mundo ha hecho tantos sacrificios como la de Siria; la gente ha sacrificado la sangre de un millón de mártires, y cientos de miles de personas han sido encarceladas en las prisiones del asesino de Damasco o se han convertido en refugiadas.

Sin embargo, algunos han decidido ignorar esto y anhelan el regreso del asesino Bashar Al-Assad a la Liga Árabe después de su “rehabilitación”. ¿Quién ha pedido esto? Israel. No es de extrañar, ya que el régimen de Assad y de su padre antes que él actuaron como guardia fronteriza para Israel. Durante más de 45 años, los soldados sirios no dispararon ni una sola bala a los enemigos israelíes que ocupaban el territorio sirio. Además, cuando Israel ataca Siria con sus aviones y misiles – una vez alcanzaron el palacio presidencial, y el más reciente (y no el último) fue reconocido la semana pasada por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu – no se efectúa una respuesta o un contraataque. Esto es aún más sorprendente, dado que Assad se promueve a sí mismo como el único “régimen de resistencia” del mundo árabe; afirma que contraatacará en el momento adecuado, que todavía no ha llegado.

Según Middle East Eye, existe un plan conjunto del Golfo e Israel para rehabilitar a Assad y hacer que regrese a la Liga Árabe, con el fin de marginar la influencia regional de Turquía e Irán. La web también informó de que el jefe del Mossad, Yossi Cohen, se reunió en secreto con altos cargos de inteligencia de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto el mes pasado para discutir formas de hacer frente a la influencia turca en Oriente Medio. Cohen ve a Turquía como la verdadera amenaza y el principal oponente militar, no a Irán; la fortaleza de este último es frágil, mientras que Turquía cuenta con capacidades mucho mayores. Los aliados de los servicios de inteligencia hablaron sobre un plan específico que pretende contrarrestar la influencia turca, y concluyeron que es necesario rehabilitar a Assad y que entre de nuevo en la Liga Árabe.

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La pregunta que me viene a la mente es: ¿por qué temen a Turquía y por qué están tramando planes en su contra? Claramente, se debe a que, bajo la presidencia de Recep Tayyip Erdogan, Turquía ha recuperado su enfoque y sus raíces islámicas, tras abandonar en gran parte el legado secular de Kemal Ataturk. Ahí radican las razones que causan temor a que sea capaz de romper el equilibrio de poder internacional que lleva en pie desde la II Guerra Mundial, que no ha permitido que ningún país musulmán fuerte tenga una verdadera influencia en el mundo. Por lo tanto, las potencias que se niegan a permitir que Turquía se imponga como un gran actor internacional se están agrupando para marginar al país y controlarlo. Quizá la amenaza más reciente del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sea la mejor prueba de esto; dijo que “devastaría la economía de Turquía si atacaba a los kurdos del norte de Siria.”

También quieren debilitar militarmente a Turquía en un enfrentamiento en el norte de Siria, bajo el pretexto de proteger a los kurdos y la integridad del territorio sirio. Todo es posible, dada la manipulación que ejerce Trump sobre todas las partes involucradas y el estancamiento de su retirada de Siria, a pesar de que anunció que se realizaría en un periodo de un mes. Trump también afirmó a Erdogan que “Siria es toda tuya”, antes de que John Bolton, asesor de seguridad nacional de los EEUU, dijera desde la Jerusalén ocupada que la retirada de Estados Unidos depende de las garantías turcas sobre la seguridad de los kurdos en Siria. El presidente Erdogan consideró esto como un insulto hacia Turquía y se negó a reunirse con Bolton.

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El mes pasado, el ministro de Exteriores saudí confirmó que al Reino no le importaría que Siria regresara a la Liga Árabe. Emiratos Árabes Unidos, que ha reabierto su embajada en Damasco, hizo declaraciones similares. Además, el subdirector de inteligencia de Emiratos visitó Damasco y permaneció allí una semana entera. Por supuesto, Bahrein siguió su ejemplo, mientras que el ministro de Exteriores egipcio, Sameh Shoukry, dijo que Siria debe tomar una serie de medidas para poder reincorporarse a la Liga, pero no aclaró cuáles eran. Según el informe de MEE, Egipto quiere que el gobierno sirio declare públicamente que sus principales enemigos son Turquía, Qatar y los Hermanos musulmanes. Este informe se basa en el hecho de que Ali Mamluk, el asesor de seguridad de Assad, hizo una visita pública a El Cairo hace poco, y no era su primera; también viajó allí hace más de un año.

La visita a Siria del presidente de Sudán, Omar Hassan Al-Bashir, el mes pasado fue un preludio para el regreso de Siria a la Liga Árabe; algunos periódicos circularon detalles filtrados que sugerían que EAU pagó a Bashir 1.000 millones de dólares para que visitara Damasco. El objetivo principal de su visita era acabar con el aislamiento internacional impuesto sobre el asesino Bashar Al-Assad por prácticamente todos los países del mundo. Se espera que varios líderes de Estados árabes sigan el ejemplo de Bashir; el presidente de Mauritania ya está en camino.

No es de extrañar que los Estados del Golfo estén corriendo hacia Siria para apoyar a Bashar, ya que es beneficioso para sus intereses en la región. También lo consideran como una victoria de las contrarrevoluciones que lideraron en contra de la Primavera Árabe para proteger sus tronos.

Sinceramente, me da igual si Siria vuelve o no a la Liga Árabe. En mi opinión, la Liga nació a partir de su establecimiento en 1945 por parte de la ocupación británica de la posguerra con el objetivo de dividir y gobernar – una táctica británica clásica – el mundo musulmán, dividiéndolo entre árabes y no árabes. Esta decisión pretendía provocar conflictos nacionales y disputas étnicas tras dividir los territorios mediante el acuerdo de Sykes-Picot y la destrucción del Imperio Otomano después de la I Guerra Mundial. Se distribuyeron el legado otomano entre los países coloniales y los dividieron en Estados y mini Estados.

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Bien podríamos preguntarnos qué ha hecho la Liga Árabe por las causas y los problemas árabes, empezando por el principal foco del mundo musulmán; la situación en Palestina. La Liga hizo que el problema palestino pasara de ser una causa musulmana que unió a la Ummah a ser una causa árabe, y después la redujo a ser únicamente una causa palestina. Después, el pueblo palestino fue reducido a una organización, que se denominó la Organización para la Liberación de Palestina. ¿Qué hizo al respecto de las guerras libradas por Israel contra los palestinos de la Franja de Gaza? ¿Qué hizo al respecto del asedio israelí impuesto por Israel en Gaza y respaldado por los países árabes vecinos? ¿Qué hizo frente a la judaización de Jerusalén y la normalización con el enemigo israelí, tras haber proclamado el eslogan de “no a la reconciliación, no al reconocimiento, no a la negociación”? La Liga Árabe usó esto y lo promovió en su cumbre de agosto de 1967, pero ahora se queda de brazos cruzados ante la normalización y el reconocimiento del enemigo.

¿Qué hizo la Liga Árabe cuando Estados Unidos invadió Irak y los países árabes abrieron su espacio aéreo a los aviones estadounidenses, permitiendo a las tropas americanas usar su territorio para invadir un Estado árabe soberano y miembro de la Liga? ¿Qué hizo ante las Revoluciones de la Primavera Árabe? ¿Apoyó al pueblo árabe que exigía libertad, dignidad y justicia social, o apoyó a las dictaduras fascistas?

Todas las respuestas indican que la Liga Árabe se estableció para trabajar en contra de la voluntad del pueblo árabe y, así, para beneficiar a los tiranos y dictadores árabes. Por lo tanto, es lógico que se alíe con el asesino Bashar Al-Assad y le reciba con los brazos abiertos, abandonando los valores y principios básicos. La Liga ha permitido que el pueblo sirio muera torturado, de hambre y de sed en campantes de refugiados, refugios, la diáspora y la cárcel. Sus líderes no tienen simpatía alguna por los más cercanos a ellos, ya que los primeros conspiran contra los últimos y han traicionado a su revolución.

Esto me recuerda al primer eslogan que coreaban los manifestantes al principio de la revolución en marzo de 2011: “No tenemos más que a Dios.” Sólo Dios puede volver a unir sus filas y permitirles continuar su revolución, derrocar al asesino Bashar y liberar a Siria de este tirano. Sólo entonces el mundo se rendirá ante una nueva Siria, una Siria libre, no la Siria de Assad. El mundo siempre estará de lado del bando ganador, sea quien sea. Sólo habla con los fuertes y poderosos, no le importan los valores o los principios; está gobernado por los intereses “nacionales”, no las leyes y convenciones internacionales. Por eso corre hacia el asesino de Damasco.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autora y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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