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Un periodista egipcio es detenido en un baño público y ‘golpeado’ por la policía en el aeropuerto de Edimburgo

El periodista egipcio Abdul Rahman Ezz

A las 4 de la tarde del jueves 13 de diciembre, al periodista egipcio Abdul Rahman Ezz se le impidió embarcar en su vuelo a Francia desde el Aeropuerto de Edimburgo, donde pretendía cubrir la noticia de las manifestaciones de los chalecos amarillos en París.

En la puerta del avión había un policía vestido de civil esperándole. Le preguntó si podían hablar un momento antes de que embarcara. “¿He hecho algo malo?” preguntó. Ezz había pasado por algo similar el año pasado, cuando fue detenido durante seis horas en un vuelo desde Estambul. Confiscaron su cámara, su móvil y su ordenador durante una semana.

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“No hay problema,” respondió el policía, dirigiéndole a un lado y haciendo un gesto hacia otra mujer. “Mi compañera y yo tenemos algunas preguntas, venga a esta habitación.” Informó a Ezz de que las preguntas se realizarían según el Anexo 7 de la Lay de Terrorismo del 2000, que ha sido descrita como el grupo Liberty como un poder extremo e intensivo para detener a individuos en aeropuertos sin que se sospeche que la persona está involucrada en actividades terroristas.

“Los poderes como estos son propicios para el uso excesivo y el abuso,” declararon en su web. “Se utilizan invariablemente de forma discriminatoria, deteniendo a la gente basándose más en estereotipos que en verdaderas sospechas.”

Una vez dentro de la habitación, quedó claro que Ezz no iba a estar en París en dos horas. “Voy a perder mi vuelo,” dijo al policía. Preguntó si podía llamar a su mujer, que esperaba una llamada suya al aterrizar, y a su compañero de Al Jazeera Arabic, que le iba a recibir en el Charles de Gaulle. Todas sus peticiones fueron denegadas.

Ezz cuenta que el policía le pidió que permaneciera en silencio, pero él quería respuestas: ¿Por qué no podía contactar con su familia? ¿Por qué le habían detenido? ¿Era por su barba, el color de su piel o su religión? De nuevo, le dijeron que guardara silencio y, cuando se negó, le sacaron de la habitación y le metieron de manera agresiva en un baño público para discapacitados en el pasillo. El agente que le sujetaba cerró la puerta, le puso las manos a la espalda e informó a Ezz de que aquello era parte del procedimiento.

“¿La ley te permite meterme aquí?” preguntó al agente, que, a modo de respuesta, empezó a golpearle en el estómago. Los policías que estaban fuera se metieron en el baño y le ordenaron que permaneciera en silencio, diciendo que estaba asustando a las mujeres y niños de fuera. “Estáis violando mis derechos humanos,” replicó Ezz, y pidió de nuevo llamar a su mujer y a un abogado. Su petición fue denegada.

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Los agentes volvieron a hablar entre ellos, le esposaron con las manos a la espalda y le sacaron fuera del aeropuerto para meterlo en un coche de policía y llevarlo hasta comisaría.

Dentro de su celda, Ezz preguntó a una enfermera si podía ver al médico – no tenía permitido el acceso a un cirujano hasta que no llevara retenido seis horas, le respondió ella. Pidió crema y paracetamol para aliviar el dolor de los puñetazos, pero ella le contestó que no estaba autorizada para dárselo, ya que no sabía cuándo le iban a liberar.

Cuando por fin le dejaron marchar a primera hora de esta mañana, a Ezz le informaron de que iría a juicio en enero por alteración del orden público. Le devolvieron su cámara – sin lente -; su móvil y su ordenador siguen en posesión de la policía.

En respuesta a quienes han pedido explicaciones, el departamento mediático de la policía de Edimburgo ha enviado a MEMO este comunicado: “La policía de Edimburgo arrestó y acusó a un hombre de 31 años en relación a una alteración del orden público en el Aeropuerto de Edimburgo el jueves 13 de diciembre. Se ha presentado un informe al Procurador Fiscal.”

MEMO exigió que la policía se pronunciara respecto a las afirmaciones de Ezz de que había sido golpeado en el aeropuerto; sin embargo, en el momento de esta publicación, no hemos obtenido ninguna respuesta.

El juicio de Ezz supone una gran mancha para su estatus aquí en Reino Unido. Como refugiado político de Egipto, había salido de su país para quedarse en territorio británico durante los próximos cinco años hasta que pudiera obtener su residencia, pero le preocupa que el gobierno use la detención de anoche en su contra e impida que obtenga su nacionalidad.

En Egipto, Ezz era un importante periodista y presentador en 25TV, que fue cerrada tras el golpe de Estado de 2013, y un corresponsal para Masr25, apoyada por los Hermanos Musulmanes, aunque, como muchos de sus empleados, él no estaba afiliado al grupo.

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Antes de que Ezz tomara la decisión de abandonar Egipto, diez amigos suyos fueron asesinados por las autoridades, entre ellos Mousab El-Shami, cámara de Rasad, Ahmed Gawab, periodista fotográfico independiente, y Habib Abdul Aziz, reportero de Gulf News. Ezz se escondió y las autoridades allanaron su casa y destruyeron sus pertenencias. “No sé si me habrían detenido o asesinado,” me cuenta.

Ezz se convirtió en un hombre buscado, su foto circulaba por la televisión y pasaba de casa a casa para escapar de su destino inminente. Finalmente, se marchó con su mujer y su hija, que acababa de nacer, y pasaron por varios países antes de solicitar asilo en Reino Unido. En Egipto fue acusado in absentia de los mismos delitos que el presidente expulsado Mohammed Morsi; de estar involucrado en manifestaciones violentas y del cargo más ilusorio de “demostrar su poder”.

La esposa de Ezz, Sawsan, no ha visto a sus padres desde que se fueron del país con su hija, que ahora tiene cuatro años y sólo se puede comunicar con sus abuelos a través de las redes sociales. Para empeorar las cosas, anoche, mientras el Ezz estaba retenido en una celda, el padre de su esposa falleció.

En agosto del año pasado, uno de los posts del Facebook de Ezz fue muy compartido, después de que las autoridades alemanas le detuvieran al llegar al Aeropuerto de Schoenfeld, en Berlín. La familia descubrió que había sido arrestado bajo una orden de detención de la Interpol emitida desde El Cairo.

Ese mismo año, Egipto renovó las solicitudes a Interpol para extraditar a 400 personas que habían sido declaradas terroristas por Arabia Saudí, Egipto, EAU y Bahréin. El académico islámico Yusuf Al-Qaradawi, el presentador de Al Jazeera Ahmed Mansour y el ex portavoz del Ministerio de Salud, Yahya Mousa, estaban incluidos en esa lista.

Tras cuatro días y una admisión por parte de las autoridades alemanas de que el embajador egipcio no había sido capaz de proporcionar pruebas que respaldaran las alegaciones, Ezz fue puesto en libertad. Su familia espera que los activistas en favor de los derechos humanos de todo el mundo se unan para apoyar su lucha por justicia.

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“Espero que los periodistas y las organizaciones de defensa de los derechos humanos apoyen su liberación y condenen este racismo, esta tortura y esta violación de su derecho a viajar,” escribió Sawsan Ali en Facebook. “Llegamos aquí para pedir protección y escapar de un régimen militar en Egipto que está deteniendo y asesinando a periodistas.”

Esto es un fenómeno que no ha hecho más que empeorar a lo largo del tiempo. Esta semana, un censo de prisiones publicado por el Comité para la Protección de los Periodistas ha revelado que Egipto es el tercer país del mundo que más periodistas encarcela.

Cuando no trabaja como reportero, Ezz se dedica a dar charlas al parlamento sobre cómo enseñar a las personas sin hogar a usar las redes sociales; ha dirigido su atención a un master en periodismo y se ha presentado para obtener plaza en cursos de ESOL para mejorar su inglés. Mientras espera a su juicio en enero, Ezz seguirá haciendo lo que lleva haciendo los últimos años desde que se marchó de Egipto: tratar de reconstruir su vida.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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MEMO Staff Writer

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