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En el Día de los Derechos Humanos 2018, la encarnación de los derechos de los palestinos queda más remota que nunca

Un palestino herido durante la Gran Marcha es transportado por un equipo médico [Mohammed Asad/Middle East Monitor]

El Día de los Derechos Humanos se celebra el 10 de diciembre para recordar el día que la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. La ironía de aquel día no se pierde en el pueblo de Palestina, para el que el 2018 ha sido otro años de intentos. Las protestas de la Gran Marcha del Retorno fueron reprimidas con violencia letal por parte del ejército más poderoso de la región. Donald Trump cumplió la promesa de los ex presidentes estadounidenses al dar su visto bueno a la soberanía israelí sobre la Jerusalén ocupada. Estados Unidos también optó por frustrar los esfuerzos de la UNRWA por ayudar al enclave sitiado de Gaza y a los campamentos de refugiados palestinos. Sin embargo, a pesar de todo, se han producido destellos de esperanza que podrían demostrar ser el comienzo de una represalia contra los ataques del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y de Trump contra los palestinos y sus exigencias legítimas de autodeterminación.

Este año también ha sido testigo del abuso continuado contra los derechos humanos de los palestinos y de políticas discriminatorias contra este pueblo. Sufren un castigo colectivo draconiano, y la situación en Gaza se ha hecho “invivible”, como predijo la ONU hace unos pocos años.

De hecho, siete décadas después de la Nakba de 1948, cuando cientos de miles de palestinos fueron obligados a huir de la agresión del naciente Estado de Israel, la encarnación de sus derechos humanos parece más remota que nunca. Millones de palestinos siguen desplazados y el legado de la Catástrofe de 1948 no sólo está siendo borrado de la historia, sino también, por desgracia, justificado. Las ideas promovidas por un importante historiador israelí, Benny Morris, están ganando relevancia entre los políticos de Israel. Ha descrito la Nakba como la acción “romper huevos”, porque “tienes que ensuciarte las manos.” Desde 2011, Israel ha prohibido toda conmemoración del Día de la Nakba, tratando de eliminar la memoria colectiva del sufrimiento palestino.

Este año han sido los palestinos de Gaza los más afectados por la violencia de la ocupación. Desde el 30 de marzo, la represión de las manifestaciones de la Gran Marcha del Retorno ha supuesto una violencia impactante a manos de las fuerzas de la ocupación israelí. Los manifestantes pacíficos tomaron el ejemplo de Martin Luther King Jr. y exigieron la implementación del derecho legítimo de los palestinos a regresar a su patria – décadas después de la Nakba y con una Resolución de la ONU que les da el mismo derecho al retorno que tienen todos los refugiados -, y mujeres, hombres y niños marcharon hacia la frontera nominal con Israel. Fueron recibidos por la munición de los francotiradores israelíes, que tenían órdenes de disparar a matar: hasta la fecha, más de 200 palestinos han sido asesinados durante las protestas semanales, y más de 18.000 han resultado heridos. Las víctimas incluyen mujeres, niños, personas discapacitadas, personal médico y periodistas.

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La ocupación israelí y su década de asedio sobre la Franja de Gaza ha dejado a su población sin oportunidades de trabajo, alimentos, agua potable y un suministro continuo de electricidad. Por lo tanto, las manifestaciones pretendían algo más que simplemente exigir derechos; atrajeron la atención hacia un asedio que tiene efectos devastadores para los seres humanos.

Netanyahu ha intentado pintar las protestas como impulsadas por la frustración económica; no anda del todo desencaminado. Al fin y al cabo, todo esto sucede dentro del contexto de la destrucción por parte de Israel de la infraestructura civil y comercial de Gaza en la ofensiva militar de 2014, mientras que el propio asedio ha convertido a Gaza en lo que es, en efecto, la mayor cárcel al aire libre del mundo.

La situación humanitaria en Gaza está en un punto crítico; se predice que el territorio no será apto para la habitabilidad humana en 2020. De hecho, con sólo el 3% del agua potable para el consumo humano y animal y con el asedio provocando escasez de alimentos, hay quien dice que ya ha llegado a ese punto. El pueblo de Gaza sigue atrapado bajo el asedio casi total, considerado ilegal bajo el derecho internacional. La UE, EEUU y sus aliados hacen poco o nada por hacer que el gobierno de coalición de Netanyahu detenga el asedio; de hecho, son cómplices de ello.

Washington ha bloqueado repetidas veces en la ONU los intentos de Kuwait de investigar la violencia contra los manifestantes de la Gran Marcha de Gaza. Mientras tanto, en Reino Unido el gobierno ha tratado repetidamente de evitar la revisión de su política de venta de armas a Israel.

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Este año, el Estado sionista ha aprobado su polémica y racista Ley de la Nación-Estado, que, básicamente, legitima la discriminación contra los ciudadanos palestinos de Israel – un quinto de la población – y otras minorías. Esta ley se añade a las 60 leyes discriminatorias existentes en Israel, que desmienten su afirmación de ser una democracia. Las autoridades de la ocupación israelí extienden esta discriminación a los territorios palestinos ocupados, discriminando a los palestinos respecto a su acceso al agua, las carreteras y el territorio en Cisjordania, donde se les aplica la ley militar; los colonos judíos que viven en asentamientos ilegales allí tienen acceso al sistema judicial civil de Israel.

Al parecer, Israel tiene permitido actuar con impunidad en lo que concierne a Estados Unidos y a Europa, así que la sociedad civil ha tenido que pasar a la acción. El movimiento mundial de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) está creciendo. Ha conseguido triunfos importantes este año, incluida la retirada de Airbnb de los asentamientos de Cisjordania (pero no de la Jerusalén Oriental ocupada); la decisión de los cuáqueros británicos de desentenderse de las empresas involucradas en la ocupación de Palestina; la medida de Irlanda de boicotear los bienes producidos en asentamientos israelíes; el amibo por parte del Congreso Nacional Africano gobernante hacia una postura favorable al BDS; y la adopción por parte de muchas universidades de todo el mundo de adoptar el BDS como una política formal.

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También hemos visto actos de solidaridad por parte de varios miembros del Partido Laborista de la oposición británica. Vimos una gran cantidad de banderas palestina en la conferencia del partido de 2018, y está comprometido a prohibir la exportación de armas a Israel si gana las próximas elecciones generales.

La brecha entre la sociedad civil y los gobiernos cada vez es más ancha, y muchos políticos se están viendo obligados a restar importancia a su relación con el gobierno israelí. Existe un claro impulso en términos de acción civil para proteger a los palestinos y a su lucha por la justicia. Esperemos que el Día de los Derechos Humanos de 2019 hayamos progresado más y que el pueblo de Palestina esté mucho más cerca de la libertad y la justicia.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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