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Por qué el acuerdo de Idlib no funcionará

Se estima que 2,9 millones de personas viven en la región norte de Idlib, la mitad de las cuales vienen desplazadas de otras áreas de Siria, lo mismo que miles de partidarios de la oposición que han llegado hasta Idlib desde zonas capturadas por las fuerzas gubernamentales.

Hace poco más de una semana, Idlib estaba a punto de sufrir un ataque por parte de las fuerzas sirias y rusas mientras la ONU advertía de consecuencias potencialmente catastróficas. Sin embargo, un acuerdo ruso-turco forjado en el resort del Mar Negro de Sochi ha salvado a la provincia siria de un ataque de mayores dimensiones, al menos de momento.

Es difícil concebir este acuerdo como algo más que una solución temporal a las enormes tensiones militares y geopolíticas que se respiran en Idlib. Incluso en el improbable caso de que todos los elementos del acuerdo se desarrollaran sin problemas, el gobierno sirio no va a renunciar a su ambición de recuperar el control de su país por completo.

Otro problema inherente del acuerdo es el historial accidentado de negociaciones entre Moscú y Ankara respecto a las zonas conflictivas de Siria. Las “zonas de desescalada” negociadas entre Rusia, Turquía e Irán fracasaron, ya que las distintas partes fueron incapaces de ejercer la presión suficiente ni sobre el gobierno sirio ni sobre los rebeldes.

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    Dado el alto riesgo que rodea a la cuestión de Idlib, no hay muchas razones para esperar un resultado distinto. Por si fuera poco, existe otra razón por la que esperar el fracaso del acuerdo. Estados Unidos ha hecho una gran presión para evitar una ofensiva sirio-rusa conjunta hacia la provincia. En vista de las tensiones en evolución y polifacéticas, Siria, Rusia e Irán estarán ansiosos por desafiar a Washington a largo plazo.

Situación inaccessible

El acuerdo entre Rusia y Turquía llegó por sorpresa, especialmente después de que, tan sólo 10 días antes de la reunión en Sochi, una cumbre en Teherán entre líderes iraníes, rusos y turcos no llegara a un consenso respecto a la desescalada en Idlib.

A pesar de las protestas en contra, a nivel psicológico, el acuerdo debe haber tenido un efecto deprimente en el gobierno sirio y en sus partidarios. Este impacto se mide ante las varias semanas de preparación y movilización en las que el Ejército Árabe Sirio y sus milicias aliadas han participado en los preparativos para la anticipada ofensiva contra Idlib.

Sin embargo, el acuerdo aprobado en Sochi no aborda en ningún momento las preocupaciones e intereses principales del gobierno sirio. Para empezar, no existe una garantía de que Turquía tenga la voluntad o el poder como para reprimir a los elementos yihadistas en la provincia, que constituyen la fuerza dominante allí.

Aunque se requiere a los yihadistas afiliados a Hayat Tahrir Al-Sham (HTS, antes conocido como Frente Nusra) que se retiren de una zona desmilitarizada en las afueras de Idlib, más allá de esa medida básica existe un escepticismo general respecto a la capacidad de Ankara de controlar a todos los yihadistas, mucho menos de expulsarlos de la provincia.

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    En cualquier caso, dos facciones yihadistas, Harras Al-Din y Yabhat Ansar Al-Din, ya han rechazado el acuerdo. Aunque ambas son ideológicamente cercanas a HTS (grupo del que Harras Al-Din es una facción disidente), tienen la independencia suficiente en términos operacionales como para impedir la aparición de un frente yihadista coherente en Idlib.

Más allá del campo yihadista, los rebeldes más tradicionales, incluidos grupos pro-turcos organizados como el Frente de Liberación Nacional (NLF, por sus siglas en inglés), tampoco constituyen un frente unificado. El NLF compite con el Ejército Libre Sirio (particularmente grupos no cercanos a Ankara) por apoyo y recursos.

El gobierno sirio, en tándem con los servicios de inteligencia de los libaneses de Hezbolá y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, intentará explotar estas divisiones para desestabilizar la posición rebelde y yihadista en Idlib.

El presidente sirio lanza misiles sobre su país. Caricatura [Alaraby/Twitter]

    En términos generales, el gobierno sirio y sus aliados probablemente seguirán realizando operaciones a pequeña escala en la provincia norteña de Latakia y en las afueras de la provincia de Idlib. Estas operaciones seguirán atrayendo el apoyo de las fuerzas aéreas rusas en Siria. Llegados a cierto punto, se producirá una escalada y el acuerdo ruso-turco no será válido.

 

El contexto geopolítico

Como siempre en el conflicto sirio, el último acuerdo tiene lugar en un contexto geopolítico tenso. En primer lugar, Estados Unidos ha dejado clara su fuerte oposición a una gran ofensiva sirio-rusa, aunque esta habría eliminado elementos yihadistas que EEUU considera terroristas y que Washington lleva bombardeando desde septiembre de 2014. Sin embargo, para salvar su imagen y mantener el pretexto de la coherencia política, el presidente del Estado Mayor Conjunto de EEUU, el general de la Marina Joseph Dunford, ha instado a una campaña antiterrorista “de precisión” en Idlib en lugar de una ofensiva a gran escala.

Para Washington, la recuperación  de Idlib por parte del gobierno sirio representaría un golpe duro para la posición estadounidense en Siria. Estados Unidos cuenta con unas 2.200 tropas en el este de Siria, supuestamente para ayudar en la lucha contra el Daesh, pero el colapso de este último no ha hecho que los líderes estadounidenses retiren sus fuerzas, lo que ha provocado acusaciones de despliegue engañoso y desplazamiento de la misión.

De hecho, Estados Unidos parece haber reajustado el propósito del despliegue en Siria, como expuso el asesor de seguridad nacional John Bolton. Afirmó que las fuerzas estadounidenses permanecerán en Siria mientras queden fuerzas “vinculadas a Irán”.

En realidad, EEUU necesita que Siria permanezca dividida e inestable territorialmente para poder justificar su despliegue militar y su alianza con las fuerzas sirias kurdas, aliadas del PKK. Una victoria del gobierno sirio en Idlib motivaría a Damasco y a sus aliados a concentrarse en recuperar territorio del noreste, lo cual exigiría una guerra a gran escala con las llamadas Unidades de Protección del Pueblo, lideradas por fuerzas kurdas.

En general y a nivel estratégico, una combinación de factores, principalmente las constantes agresiones israelíes contra Siria y la relación cada vez más tensa entre Irán y EEUU en la región, impulsarán a Damasco y a sus aliados a desafiar a la posición estadounidense en Siria de manera gradual. Recuperar todo el territorio sirio, aparte de las zonas de mayoría kurda, supondría una fuerte respuesta siria al despliegue militar no solicitado y, por lo tanto, técnicamente ilegal de Estados Unidos en suelo sirio.

 

    Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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