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La nueva estrategia iraní de Israel

El ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman. [Latvian Foreign Ministry/Flickr]

En una confesión poco común, Israel ha roto su política de “no hacer comentarios” sobre sus ataques aéreos para confirmar que ha realizado más de 200 ataques contra objetivos iraníes en Siria a lo largo de los últimos dos años. Además de esos ataques, un nuevo informe afirma que Israel ha armado y financiado en secreto a al menos 12 grupos rebeldes sirios en el sur de Siria desde 2013. Supuestamente, Israel puso fin a su transferencia de armas y dinero en julio, después de que el régimen de Bashar Al-Assad recuperara el control de la zona siria de los Altos del Golán.

     El principal objetivo de la “Operación Buen Vecino” de Israel, que, en teoría, incluía ayuda humanitaria para los rebeldes sirios, era evitar que las fuerzas aliadas con Irán afianzaran su posición cerca de las fronteras israelíes. Sin embargo, es más importante el hecho de que Israel ha intensificado y expandido su campaña aérea dentro de Siria en los últimos meses para atacar posiciones iraníes.

      Juntas, estas operaciones reflejan un cambio significativo en la postura de defensa de Israel, de una tolerancia limitada a la presencia militar iraní en Siria y más allá, a una tolerancia cero – con implicaciones importantes para la paz y la estabilidad regionales.

       Israel lleva tiempo preocupado por las actividades iraníes en Siria cerca de su frontera, incluidos los intentos de transferir armas “decisivas” y misiles de mediano alcance a Hezbolá. Estos temores de seguridad crecieron después de que el régimen de Assad recuperara Alepo en diciembre de 2016, con la ayuda del poder aéreo ruso y de fuerzas respaldadas por Teherán, y, en parte, debido a la capacidad decreciente del Estado Islámico de derrotar a las tropas pro-gubernamentales y de apoderarse de territorio. Esa victoria permitió a Irán expandirse a otras áreas y aumentar su presencia militar cerca del territorio israelí.

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      En respuesta, Israel intensificó su campaña aérea para frustrar este afianzamiento. Se alcanzó un punto de inflexión estratégico en abril, cuando los medios estatales sirios afirmaron que varios aviones de guerra israelíes que entraron a Siria desde Jordania atacaron la base aérea T4 al este de Homs, donde, supuestamente, la Guardia Revolucionaria Iraní operaba una unidad dron. El ataque asesinó a siete miembros de la IRGC. Israel no confirmó ni negó el ataque.

      En mayo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reafirmó su postura, que defiende que “creemos que no hay lugar para la presencia militar iraní en ningún punto de Siria.”

     En junio, otro ataque aéreo asesinó a varios miembros de las fuerzas de milicias respaldadas por Irán al sureste de Abu Kamal. Aunque Israel, de nuevo, no respondió, muchos en la región especularon que el gobierno de Netanyahu estaba detrás del ataque – sobre todo después de que un portavoz del Comando Central de EE.UU. negara que su país estuviera involucrado, y de que un oficial estadounidense contara a CNN que Israel era responsable del ataque.

   La estrategia de seguridad “maximalista” más agresiva respecto a la presencia iraní en su país vecino tiene tres grandes motivaciones:

   La primera, que Israel no parece estar totalmente convencido de la disposición del gobierno de Trump a encargarse de Irán en Siria, ni puede depender de Rusia para mantener a Irán a raya y asegurar los intereses israelíes. Trump ha sido reacio a asignar recursos estadounidenses a Siria, y ha dicho en varias ocasiones que quiere las fuerzas de EE.UU. fuera del país “muy pronto.”

        Sin embargo, en parte debido a la presión israelí, Washington está adoptando un nuevo enfoque que enfatiza el deseo estadounidense de que Irán salga de Siria. Más recientemente, la administración de Trump accedió, supuestamente, a un esfuerzo militar “indefinido” y a una campaña diplomática sistemática para lograr los objetivos de Estados Unidos contra Damasco.

      En segundo lugar, la estrategia de oponerse a la presencia militar iraní en toda Siria se hace eco del bloque árabe sunní en la región, y podría acercar a Israel a las otras némesis de Teherán, en particular Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Estos lazos emergentes, que Netanyahu denomina como el esbozo del “nefasto” trato con Irán, son muy importantes para Israel, en parte porque el Estado judío necesitaría ayuda de sus vecinos regionales si entablara una guerra contra Irán.

La “Cúpula de Hierro”m el sistema antimisiles de Israel [Sabaaneh/MiddleEastMonitor]

    Tercero; el establishment de seguridad israelí tiene la enraizada creencia de que el “expansionismo” iraní no tienen límites, y que la República Islámica está decidida a crear un “imperio agresivo” en Oriente Medio y más allá. La retórica apocalíptica de los extremistas iraníes que juran la “aniquilación” de Israel, junto con la famosa gira de comandantes paramilitares respaldados por Irán a lo largo de la frontera israelí con Líbano y Siria han alimentado estos temores.

   

 

Supuestamente, en respuesta al enfoque más radical de Israel respecto a la presencia militar iraní en Siria, Teherán han transferido misiles balísticos a sus representantes chiíes en Irak en los últimos meses. “La lógica consistía en tener un plan B en caso de que Irán fuera atacado,” contaba un alto cargo iraní a Reuters en agosto; añadiendo que “la cifra de misiles no es alta, sólo un par de docenas, pero puede aumentar si es necesario.” Unos pocos días después de este informe – que desestimaron tanto Teherán como Bagdad –, el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, advirtió de que, cuando se trata de “amenazas iraníes”, Israel no se limitará “tan sólo al territorio sirio.”

           Mientras tanto, se espera que la economía de Irán se deteriore aún más, ya que Washington aumenta sus sanciones tras la retirada de Trump del acuerdo nuclear de 2015 con Teherán. Dada la espiral de hostilidad entre Irán e Israel, los elementos más extremistas del gobierno iraní podrían están tentados de buscar distracciones externas para los problemas internos. Nada de eso es un buen augurio para un futuro de paz y estabilidad en Oriente Medio, incluso a medida que el conflicto sirio parece llegar a su fin.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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Maysam Behravesh es una periodista multimedia del canal de TV Iran International, además de estudiante de Doctorado y colaboradora del Center for Middle Eastern Studies, de la Lund University, en Suecia.