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La situación de los derechos humanos en Emiratos Árabes Unidos

Denuncia de la situación de los derechos humanos en Emiratos Árabes Unidos (Twitter)

Emiratos Árabes Unidos ha tenido éxito en una de las operaciones de lavado de reputación más brillantes de la era moderna. Casi toda la indignación expresada por los liberales, izquierdistas y activistas por los derechos humanos de Occidente ha acabado a las puertas de Riad o Manama, e incluso del actual archienemigo de EAU, Qatar.

Mientras tanto, Emiratos y su atroz historial contra los derechos humanos pasan desapercibidos, aparte de un interés esporádico en la difícil situación de los inmigrantes que trabajan en la construcción o en los servicios domésticos. Sin embargo, rara vez se ha abordado el horrendo clima para los derechos humanos que rige en Emiratos Árabes Unidos, en especial su uso de la tortura.

La policía emiratí ha recurrido en ocasiones a la tortura inmediatamente después de la detención, tal y como han experimentado de primera mano algunos turistas británicos. Se requiere automáticamente para activistas, islamistas democráticos o cualquier otra persona que el Estado considere una amenaza.

Pero puede ser que a Occidente se le esté empezando a caer la venda que tapa sus ojos frente a esta terrible situación. Hay esperanza.

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    Reporteros de Associated Press, en colaboración con activistas y prisioneros, han revelado la frecuencia con la que se cometen brutales agresiones sexuales a hombres encarcelados en ciertas prisiones yemeníes. Se supone que estas cárceles están dirigidas por oficiales de seguridad emiratíes como parte de sus operaciones militares en el país. Este comportamiento en el extranjero no se aleja demasiado de cómo estos oficiales tratan a sus propios ciudadanos en su país. Aunque indirectamente, el telón de secretismo sobre esta situación está empezando a caerse.

Los informes se hacen difíciles de leer, ya que proporcionan descripciones precisas sobre diversas formas de tortura. Todo esto hay en un día de trabajo corriente del matón emiratí empleado por el Estado.

De momento, el ministerio de Exteriores británico no ha listado a Emiratos Árabes Unidos en sus informes anuales sobre derechos humanos como “país de riesgo”. Se publicará una lista renovada de estos países el mes que viene. ¿Estarán los EAU entre ellos?

El problema para el Ministerio de Exteriores es que EAU está considerado como aliado importante tanto económico como en la lucha contra el terrorismo. Gracias al duro trabajo de los activistas durante años, otros “aliados importantes” como Arabia Saudí y Bahréin fueron incluidos en esa lista de “países de riesgo”, junto a lugares como la República Democrática del Congo, Afganistán y China.

Sin embargo, los ministros británicos son reacios a incluir a esos países, ya que no quieren ofender a sus amigos del Golfo. Por lo tanto, es muy poco probable que Emiratos sea considerado como un “país de riesgo”, a pesar de que la política estatal sea tolerar las prácticas de tortura.

Quizá la agonía que sufren los hombres en las cárceles emiratíes de Yemen pueda remover algunas consciencias, pero hay poco interés en alterar a potenciales aliados comerciales de Oriente Medio. Al fin y al cabo, Reino Unido saldrá de la Unión Europea y tendrá que buscar acuerdos comerciales ventajosos.

Existe una crueldad particular en la mentalidad de los oficiales de seguridad del Estado emiratí. Allí, la gente no sólo es arrestada; desaparecen sin explicaciones durante semanas, a veces meses. Los jueces presiden procedimientos judiciales ridículos en los que los disidentes leen confesiones sin sentido, mientras todo aquel presente sabe perfectamente que se obtuvieron mediante la tortura.

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    La naturaleza megalómana de Mohammed Bin Zayed, el poderoso príncipe heredero de Abu Dabi, no ayuda. Bin Zayed insiste en que Emiratos Árabes Unidos es un verdadero Estado islámico que ahora está ascendiendo a mujeres a altos cargos. Mientras tanto, su país alberga una de las “zonas rojas” más grandes del mundo.

Un sector de la lucrativa industria de la prostitución en EAU depende en gran medida del tráfico de mujeres procedentes de varios países asiáticos. El otro se compone de profesionales que viajan desde Ucrania, Francia, Reino Unido y demás para deleitarse con el patio de recreo inmoral y las grandes cifras que fomenta la cultura permisiva de Emiratos.

En carácter, Bin Zayed “recuerda a Uday Hussein”, contaba un empresario occidental familiarizado con los tribunales reales de EAU. Casualmente, esta misma fuente llegó a coincidir en varias ocasiones con el infame hijo de Saddam, allá por cuando su padre era uno de los “nuestros”, lo cual hace que su comparación sea tan llamativa.

“No es sólo por las chicas”, me contó, “es su obsesión con el hardware militar. Es una perversión que tienen (o tenían) ambos: la muerte y el sexo.”

Nada de esto sería bien visto en un informe del Ministerio de Exteriores sobre la situación de los derechos humanos en uno de los países aliados de Reino Unido. Incluso aunque la comparación con Uday Hussein fuera exagerada, es escalofriante que a alguien le pueda llegar a pasar por la cabeza.

Por supuesto, todas estas quejas sobre los abusos contra los derechos humanos de EAU llegarán a oídos sordos. Como siempre. La prohibición a las mujeres a conducir en Arabia Saudí  – que acaba de eliminarse – es mucho más interesante para la mayoría del mundo. Nadie quiere pensar en el abuso sexual contra hombres como una herramienta de control social, pero si le das a la gente una injusticia de género o étnica fácil de entender, como los trabajadores inmigrantes o la cultura de los chaperones en Arabia Saudí, mostrará un tremendo interés.

Es necesario abordar la vulneración de derechos humanos en Emiratos Árabes Unidos. Destaca en el Golfo como un país en el que la crueldad física, la hipocresía moral y la indiferencia respecto a Occidente van de la mano. El informe del mes que viene sobre derechos humanos es una oportunidad ideal para que el Ministerio de Exteriores aborde este tema.

 

 

    Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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