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Irán garantizará un resultado óptimo tras las elecciones iraquíes

Muqtada al-Sadr no es ni de lejos tan anti-iraní como los comentaristas occidentales y árabes lo están haciendo.

Como era de esperar, las elecciones parlamentarias iraquíes de mayo se han sucedido con complejas maniobras y negociaciones que determinarán la complexión del nuevo gobierno. Cuando se supo por primera vez que el partido Al-Sairoon de Moqtada al-Sadr había quedado primero en las elecciones, se especuló que Irán quedaría marginado por el nuevo gobierno.

El clérigo ha pasado gran parte de los últimos años distanciándose de Irán, hasta el punto de comparecer ante su rival, Arabia Saudí. La victoria electoral de Sadr se produjo en el contexto de la fragmentación política chií, con el voto pro-iraní dividido en cuatro bloques políticos, algo muy preocupante para Irán.

Sin embargo, los informes de que Sadr ha hablado con la alianza pro-iraní incondicional a Fatah, liderada por el comandante veterano de los Cuerpos Badr, Hadi al-Ameri, indican claramente que Irán tendrá una influencia decisiva en la política iraquí. Las conversaciones de coalición entre al-Sadr y al-Ameri han sido mediadas por la embajada iraní en Bagdad – y, por extensión, por el general Qasem Soleimani, comandante de las Fuerzas Quds, que dirige la política iraquí de Irán.

Los informes de que al-Sadr también ha hablado con el primer ministro Hadier al-Abadi para formar una coalición de gobierno no disminuyen necesariamente la importancia de su asociación con al-Ameri. Los nuevos informes deben considerarse en el contexto de las largas y complejas negociaciones requeridas para formar un nuevo gobierno. Y, en realidad, es más probable que al-Sadr trabaje con al-Ameri que con Abadi.

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Con la unión de al-Sadr y al-Ameri, Irán aprovechará su influencia sobre los bloques políticos chiíes iraníes y, así, profundizará la conectividad y legitimidad de los varios grupos chiíes paramilitares conectados al bloque de la Conquista de al-Ameri. Además, Irán se acerca varios pasos a conseguir uno de sus objetivos más importantes, es decir, expulsar a Reino Unido y a Estados Unidos de Irak.

Una elección importante

Las elecciones parlamentarias iraquíes de este año fueron, probablemente, las más importantes de la era post baatista por tres razones. La primera, que Iraq acababa de derrotar a la mayor amenaza para su soberanía – en forma de Daesh – desde la independencia en 1932. En segundo lugar, que Iraq también acababa de eliminar una amenaza para su integridad territorial a raíz del referéndum fallido por la independencia kurda en septiembre. En tercer lugar, el país sufre una corrupción endémica y un colapso general de la confianza pública en la clase gobernante.

La lucha contra Daesh ha demostrado dar un gran impulso a la posición de Irán en Iraq. La gran amenaza que suponía el falso califato fue la fuerza impulsora principal de la creación de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), que, según la mayoría de versiones creíbles, se han convertido en el organismo más confiable y hábil del aparato de seguridad iraquí.

La alianza del Fatah de Hadi al-Ameri es la cobertura política de los paramilitares chiitas que componen las FMP. Al obtener buenos resultados en las elecciones (Conquista consiguió 47 escaños en el parlamento, tan sólo por debajo de los 54 de Al-Sairoon), Ameri ya había ocupado una buena posición de negociación para determinar la composición del nuevo gobierno y para seleccionar a un nuevo primer ministro. La alianza con Sadr mejora esa posición.

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En el frente kurdo, los resultados relativamente malos de los bloques kurdos en las elecciones han empeorado su situación, que lleva descarrilada desde la campaña de referéndum fallida del año pasado. Irán jugó un papel decisivo a la hora de rechazar el irredentismo kurdo frente al referéndum de independencia ilegal, ya que se informó que el comandante Soleimani, de las Fuerzas Quds, había advertido a los líderes kurdos que se retiraran de Kirku antes de que se planeara la toma de la ciudad con una combinación de fuerzas iraquíes regulares y las FMP.

En cuanto a la corrupción y al sentimiento generalizado de descontento, los malos resultados del primer ministro Haidar al-Abadi – su coalición Nasr, quedó tercera, con 42 escaños – no son solamente una bendición para Irán, sino también una oportunidad para abordar la corrupción sistémica de Iraq. A pesar de su promesa de librar una “guerra” contra la corrupción, al-Abadi no ha hecho mucho por restaurar la confianza pública en las instituciones crónicamente corruptas e ineficientes de Iraq. Su expulsión del cargo podría significar que existe la suficiente voluntad política como para abordar los desafíos socio-económicos más difíciles y enraizados.

 Expulsar a Estados Unidos

Es un secreto a voces que Estados Unidos apoyaba a al-Abadi en las elecciones. El mayor problema de Washington no es que Abadi haya perdido las elecciones, sino que los vencedores tienen un programa político y estratégico que, sin duda, es contrario a los intereses americanos en Irak.

Para empezar, Muqtada al-Sadr no es ni de lejos tan anti-iraní como le retratan los analistas occidentales y árabes. Mientras que, en los últimos años, Sadr ha dado pasos calculadísimos para< distanciarse de la República Islámica (principalmente, cortejando a los Estados árabes vecinos, incluidos Arabia Saudí y Jordania), el movimiento político y social que lidera está muy fragmentado e influido a todos los niveles por elementos pro-iraníes.

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En contraste, al adoptar un programa nacionalista iraquí, al-Sadr se opone de manera inequívoca y potencialmente violenta a los intereses estadounidenses y británicos en Irak. Además, los aliados de la coalición de al-Sadr, liderados por el paramilitar veterano y operador político al-Hadi al-Ameri, no sólo se oponen a los intereses estadounidenses en Irak, sino que, a causa de sus operaciones regionales (los paramilitares iraquíes están involucrados en el conflicto sirio), también se oponen a la postura general de los Estados Unidos en la región.

Básicamente, se dan todos los elementos para que Irán margine a Estados Unidos en Iraq. Tras haber competido durante mucho tiempo por la confluencia en el Iraq post baatista, quizá los próximos cuatro años sean testigo de cómo Irán consigue una ventaja indiscutible, posiblemente también expulsando a los americanos en caso de un conflicto militar directo entre Estados Unidos y las fuerzas pro iraníes.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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