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La lección de Jordania: tenemos que dejar de autoflagelarnos

Manifestaciones contra las medidas económicas del gobierno jordano en Ammán [Shadi Nsoor - Anadolu Agency ]

Los árabes nos dimos un golpe a nosotros mismos hace dos meses, cuando nos preguntábamos cómo los armenios podrían expulsar a su primer ministro, Serzh Sargsya, después de tan sólo 11 días de manifestaciones continuas, mientras que los árabes no lo consiguieron en años. Hoy, Jordania tiene derecho a estar orgullosa, y los jordanos tienen derecho a que se les felicite. Han eliminado una ley que subía el precio del combustible y la electricidad, y han expulsado al gobierno y a su primer ministro en cinco días. Puede que esto suponga un récord mundial respecto a cuánto tiempo le lleva a un país acabar con el gobierno nacional y revocar las leyes que dependen del dinero del ciudadano para resolver sus problemas económicos y administrativos. Para que nos dejemos de golpear a nosotros mismos, debemos recordar una serie de lecciones que nos han enseñado los jordanos.

El cambio pacífico es posible en el mundo árabe. Puede que la experiencia de los árabes en Siria, Yemen y Libia les haya hecho incapaces de ser conscientes de ello, tras ver imágenes de guerra, sangre y desalojos. Incluso han olvidado el modelo de cambio en Túnez, que sigue en pie a día de hoy. Sin embargo, Jordania nos ha recordado a todos que aún es posible un cambio pacífico, a pesar de todas las frustraciones y decepciones que hemos vivido, que nos han hecho dudar de la posibilidad de un cambio y de la viabilidad del proyecto de la Primavera Árabe.

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    La experiencia jordana ha refutado la “lógica tirana” manifestada en el dicho “Siria o yo”, es decir, “tienes que aceptar mi régimen opresor o te pasará lo mismo que le ha pasado a Siria.” Pero hoy, Jordania respondió: “Ni tú, ni Siria; nosotros.” El pueblo no usó armas, ni el Estado respondió con un Hamza Al-Khateeb jordano. Ambas partes ejercitaron la máxima disciplina; el gobierno ha caído sin dispararse ni una sola bala.

El papel de los partidos políticos ha disminuido en liderazgo y cambio. Los manifestantes procedían de todos los ámbitos de vida social de Jordania, y, juntos, entonaban los cánticos “estamos arruinados” y “¡huelga” Ninguno de los partidos políticos secuestró el movimiento popular, y todos los eslóganes se centraban en la voluntad nacional de combatir la corrupción y rechazar las políticas del FMI, que suponían la subida de los precios. En la pancarta de uno de los manifestantes se podía leer: “El Banco Mundial no nos gobierna”. Por lo tanto, los partidos políticos deben guiarse por la voz de las calles cuando dirigen su trabajo político. Deben alejarse de los programas políticos sofisticados y de las ideologías sectarias y de mente cerrada.

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    ¿Recuerdan al Sindicato General de Trabajadores de Túnez y su papel a la hora de liderar la transformación política en Túnez? Los sindicatos de Jordania imitaron a sus compañeros de Túnez y se posicionaron al frente de las manifestaciones populares. Los sindicatos protestaron, lideraron y organizaron, dando un ejemplo de perseverancia y acción sistemática a lo largo de los últimos días. El secreto de su éxito radica en su representación de los intereses, los derechos y las preocupaciones del ciudadano, no sólo sus eslóganes, como hacen los partidos políticos. Los sindicatos dedican la mayoría de su trabajo a resolver los problemas que sufren sus miembros, no a venderles ilusiones políticas, como hacen los partidos políticos. Los partidos árabes, no sólo en Jordania, sino también en la mayoría de los países árabes, fracasaron cuando estalló la Primavera Árabe en 2011, y, después, los partidos políticos contribuyeron a su declive cuando la adoptaron. ¿Han empezado los sindicatos a reemplazar a los partidos políticos a la hora de liderar y conseguir cambios? ¿Estamos viviendo el proceso de desarrollar un modelo árabe de acción para el cambio en el que el núcleo es el trabajo de los sindicatos?

Uno de los activistas del movimiento popular jordano twitteó: “Para quien protestara contra Mulki, Mulki se ha ido, y para quien protestara contra las políticas de pobreza y hambre, nos vemos esta noche.” El movimiento popular demostró una gran responsabilidad a la hora de determinar objetivos y estrategias. Demostraron que el objetivo final está relacionado con cambiar las políticas estatales, y no a las personas que las implementas. Por lo tanto, era necesario entablar un diálogo real con los manifestantes para determinar la forma de cambio deseada. Esto asegura que la experiencia jordana se desarrollará hasta niveles avanzados de trabajo transparente y responsable, cuyo objetivo es mantener una estabilidad sostenible y una paz social.

Es importante reiterar que la responsabilidad social demostrada por los manifestantes jordanos ha de ser consciente de la magnitud de los desafíos regionales e internacionales a los que se enfrenta su país, especialmente la presión ejercida para involucrarse en el infame “Acuerdo del Siglo.” Desde el primer momento, el gobierno jordano dejó clara su posición en este aspecto, y ha superado la presión a la que ha sido sometido. Por lo tanto, la responsabilidad social ha de ser consciente de las partes regionales e internacionales que, inevitablemente, invertirán en la crisis para obtener lo que no pudieron conseguir en el pasado.

Al fin, los jordanos tienen derecho a celebrar este modelo, y los árabes tienen derecho a tomarse un descanso, aunque uno corto, de autoflagelarse. La expulsión de gobiernos y el cambio pacífico no sólo se da en Armenia y Ucrania, sino también en Jordania y Túnez. Cualquiera que dudara sobre el cambio del mundo árabe, a pesar de la situación en Siria, Yemen y Libia, debería volver a replanteárselo.

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Este artículo se publicó primero en árabe en Al-Araby Al-Jadeed el 6 de junio de 2018.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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