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El papel del FMI en las protestas sudanesas por el pan

Pie de foto: Un panadero sudanés prepara pan en el norte de Darfur, Sudán [UNAMID / Flickr]

El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó el 13 de noviembre del año pasado un informe sobre el estado de la bolsa de ayudas para algunos productos en Sudán. Recibió escasa cobertura de los medios, pero el informe predijo el futuro estancamiento económico en caso de que el Gobierno central de Sudán siguiera subsidiando el combustible y los productos básicos.

Además, el informe del FMI argumentaba que proporcionar subsidios que redujeran el precio del pan y el coste del combustible para proteger a las familias de bajos ingresos era costoso, ineficaz y contraproducente. Decía que la política económica actual beneficiaba a un 68% de las familias más ricas, en contraste con solo el 2% de las más pobres. A su vez argumentó que los subsidios tienen un impacto menor en las áreas rurales donde el sorgo en lugar del trigo es la dieta básica preferida. Mientras que el sorgo consumido se produce casi en su totalidad en Sudán, el gobierno importa y subsidia la mayor parte del trigo del país.

El FMI concluyó que la devaluación de la moneda sudanesa evitaría el acceso preferencial en un tipo de cambio sobrevaluado a los importadores de productos básicos subvencionados y salvaría a Sudán al menos el 5% del PIB, que podría utilizarse mejor para estimular el crecimiento económico. Unificar las tasas de cambio del mercado bancario y del mercado negro eliminaría la disparidad del 216% entre la tasa oficial y el precio real de los productos básicos. Según el FMI, la medida “implicará un aumento sustancial en el coste presupuestario de los subsidios o un aumento en los precios al por menor de estos productos básicos”.

El presupuesto de Sudán para 2018 fue aprobado por la Asamblea Nacional en diciembre. Contenía promesas de eximir a los productos industriales de los derechos de aduana y eliminar los impuestos sobre los alimentos producidos localmente. Sin embargo, la decisión económica más importante del país de devaluar su moneda se anunció por separado, significativamente sin la incorporación progresiva de las reducciones de subsidio recomendadas por el FMI.

De hecho, los informes sugieren que el gobierno de Jartum no esperaba que el sector privado pasara al consumidor la diferencia de precios del 216%. La conmoción se incrementó y provocó peticiones de los grupos de la oposición para manifestaciones denominadas “protestas del pan”. Aunque limitada, la muestra prolongada de disidencia pública llevó al mediador de la Unión Africana, Thabo Mbeki, a invitar a los líderes de la oposición sudanesa Saadiq Al-Mahdi del Partido Ummah y Omar Al-Dukir del Partido Comunista a las conversaciones en Addis Abeba para discutir sobre las causas de los disturbios.

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Las protestas se han detenido durante la última semana pero parece seguro que volverán si la situación económica no mejora. Las redes sociales se han visto inundadas de informes sobre la dispersión de multitudes “aparentemente” pacíficas por la policía antidisturbios con gas lacrimógeno; según los grupos de la oposición, al menos 300 manifestantes han sido arrestados. Los medios de comunicación online han informado acerca de la detención de periodistas internacionales que fueron posteriomente liberados. No están tan bien reflejadas las decisiones de emergencia del gobierno de romper los cárteles extraoficiales que mantienen los precios de los productos básicos artificialmente altos, introducir sanciones para los comerciantes que cobran de más y abrir 21 tiendas minoristas que vendan productos directamente a el público con un descuento del 10 al 15%.

Irónicamente, las manifestaciones alimentaron los temores de que una tardía “primavera árabe” pueda sobrepasar a Sudán, una reminiscencia de los levantamientos populares de hace siete años en Túnez, Egipto, Siria, Libia y Yemen. El diplomático Dr. Khalid Mubarak argumenta en un reciente artículo de opinión publicado en la prensa árabe que, “La alternativa a la relativa paz y estabilidad en Sudán es el caos y la destrucción del modo experimentado en Siria, Libia y Yemen desde 2011.” Sugiere que las dificultades del país posteriores al levantamiento de las sanciones estadounidenses sirvieron a los intereses de los críticos internacionales de Sudán.

En parte, Al-Mubarak tiene razón. Se podría argumentar que el miedo a la desintegración del país en el caos ha moderado las llamadas para reemplazar al gobierno. El sentimiento de injusticia colectiva, la pérdida de un dividido Sudán del Sur y los conflictos en las ciudades fronterizas de Darfur han mantenido a los sudaneses ocupados con la tarea de defender el honor y la dignidad de la nación en lugar de protestar por las dificultades cotidianas.

En contraste, la necesidad de políticas económicas y reformas políticas para generar prosperidad económica se ha convertido abrumadoramente en la principal demanda del público. El FMI sugiere la introducción de campañas de información pública para explicar la naturaleza desigual de los subsidios y recomienda otorgar subsidios directos al 50% de la población a través del sistema Zakat de la seguridad social. Se espera que esta semana se anuncien planes para introducir medidas fiscales correctivas adicionales para el mercado de divisas. Por ahora, sin embargo, mientras que las protestas han disminuido, el deseo de mejores niveles de vida se ha intensificado sustancialmente.

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El periodista y productor de noticias de televisión.