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Razan Al-Najjar: una bata blanca manchada de sangre

Los palestinos participan en el funeral de Razan al-Najjar, la enfermera de 21 años asesinada por Israel, en el distrito de Khan Younis de Gaza, el pasado 2 de junio. Mustafa Hassona / Anadolu Agency]

Después de que los representantes de las democracias occidentales emitieran sucesivas declaraciones reafirmando “el derecho de Israel a defenderse”, el ejército israelí no perdió ni un segundo para ejercitar este “derecho” a su manera. Asesinó a una enfermera palestina mientras atendía a los heridos vistiendo su bata blanca.

¿Qué amenaza suponía esta joven frente al ejército más poderoso de Oriente Medio? La traducción práctica del derecho de Israel a defenderse es una licencia para cometer asesinatos y justificarlos. En nombre de esta autodefensa, el ejército israelí lleva décadas cometiendo atrocidades contra los ciudadanos. Esto volvió a suceder durante el derramamiento de sangre provocado por las fuerzas israelíes el 14 de mayo de 2018, que atacaron a manifestantes desarmados en las afueras de la Franja de Gaza.

La paramédico Razan Al-Najjar, de 21 años, se convirtió en símbolo de la resistencia cuando su nombre apareció entre los de las víctimas del viernes 1 de junio. Es una persona conocida en el campo humanitario y ha emitido varios comunicados de prensa respecto a la salud de las personas desarmadas que han sido víctimas de las balas israelíes durante las marchas del Gran Retorno.

Esta valiente joven se ofreció voluntaria para proporcionar atención médica a los manifestantes heridos por los soldados israelíes, pero ella recibió un disparo de los francotiradores del ejército israelí desde cierta distancia mientras atendía a los heridos. Su bata blanca quedó manchada de sangre, y Razan Al-Najjar tomó su último aliento tras ser disparada en el pecho.

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Razan Al-Najjar pagó con su vida el precio de curar a los heridos de su pueblo. Una gran multitud atendió a su funeral, en el que las emociones estaban a flor de piel y se derramaron muchas lágrimas. Varias ambulancias se alinearon en una marcha simbólica por una mártir del trabajo humanitario. Se ha convertido en un icono palestino que inspirará a las futuras generaciones.

Razan fue la mártir del día entre las grandes masas que se manifestaron en la plaza abierta al este de Khan Yunis, en la Franja de Gaza. Su muerte supuso un mensaje intimidante para los voluntarios que intentan detener el derramamiento de sangre inocente. Desde el inicio de las marchas del Gran Retorno de marzo de 2018, los soldados israelíes han atacado constantemente a paramédicos, fotógrafos de prensa y personas discapacitadas. Algunas heridas en el cráneo y el pecho han resultado en una muerte inmediata; sucesos que han quedado documentados por las cámaras.

El ejército israelí ha tratado las manifestaciones pacíficas populares como una arena abierta en la que asesinar tan sólo con apretar el gatillo. Todo bajo el pretexto de este “derecho a defenderse”. Los francotiradores israelíes cazan a palestinos desarmados que alzan banderas, como si estuvieran en una cacería en plena naturaleza y las presas son más de 100 mártires palestinos, así como miles de heridos; algunos de los cuales han tenido que pasar por amputaciones o sufren de discapacidades permanentes.

Toda esta salvajería y brutalidad no ha acabado con la tradicional frase propagandística que reiteran constantemente las capitales europeas y occidentales: “el derecho de Israel a defenderse”. A lo largo de la última década, esta frase se ha establecido como uno de los mantras consagrados a ambos lados del Atlántico. ¿Quién se atreve a usar la cabeza y hacer preguntas incómodas? ¿No tiene Palestina derecho a defenderse? ¿Cómo deberían actuar sus ciudadanos bajo una ocupación militar y siendo privados de protección internacional?

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No es un puzzle muy complicado, ya que todo el mundo sabe que la ocupación israelí cuenta con una inmunidad excepcional en la comunidad internacional que la protege de ser responsabilizada o castigada. Esto queda reflejado en el veto en el Consejo de Seguridad, que hace insignificantes las vidas palestinas a los ojos de las democracias occidentales. Los responsables de la política exterior europea participan en este estancamiento crónico, que no se conmueve por la violencia de la ocupación, a pesar de las cada vez más comunes manifestaciones en plazas europeas y las acciones y movimientos creados por la sociedad civil del mundo contra esta falta de acción.

Dado que esta falta de acción resulta en más víctimas inocentes, una manifestación extraordinaria convocada por activistas de la sociedad civil esperaba a los ministros de Exteriores de la UE el pasado lunes (28 de mayo) mientras se reunían. Se encontraron con una línea de 4.500 pares de zapatos, alineados frente a sus instalaciones en Bruselas. Esta acción simboliza el número de palestinos asesinados por las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza en sólo 10 años.

Lo que deberíamos admitir públicamente es que ni Europa ni el mundo tienen un plan para liberar al pueblo palestino de la ocupación, sino más bien un montón de declaraciones verbales vacías que se pronuncian después de cada masacre cometida por las fuerzas israelíes, sin prejuicios. Sin embargo, esto no afecta a los privilegios e inmunidad de los que goza Israel. Los políticos de Europa y de todo el mundo tienen que mirar el rostro de Razan Al-Najjar, ver sus fotos vistiendo su bata blanca, manchada de sangre, antes de atreverse a pronunciar la frase de “el derecho de Israel a defenderse.”

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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