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Las lluvias torrenciales ponen a prueba la gestión del gobierno iraquí

Agua sucia no apta para el consumo [Ildar Sagdejev/Wikipedia]

Incontables ciudades, pueblos y campamentos iraquíes se han inundado con aguas residuales tras tres días de tormentas de lluvias torrenciales que comenzaron la semana pasada, el día de San Valentín.

Las fuertes lluvias han paralizado partes de la capital, así como de Falluyah y Mosul, por nombrar algunas ciudades afectadas devastadas por la guerra. Todavía había motivos para celebrar, ya que los agricultores aclamaban los implacables episodios de lluvia como el milagro que esperaba Irak para remediar los años de sequía y pérdida de cosechas.

Las advertencias anunciadas por los oficiales de Bagdad urgían a sus habitantes a limitar su consumo de agua para controlar el desbordamiento de aguas residuales. Debido a la interrupción de la electricidad, se recomendó a los residentes que se mantuvieran alejados de las infraestructuras eléctricas y de los electrodomésticos. Las inundaciones repentinas de hace tres años acabaron con la vida de 58 iraquíes.

La única respuesta de emergencia reportada por la prensa local tuvo lugar en Bagdad, donde los trabajadores municipales estuvieron drenando los barrios inundados. Una línea gratuita de emergencia se abrió para los ciudadanos, #5628, según informó Kurdistan24.

La asistencia no estaba disponible en los territorios destruidos tras las duras batallas durante la guerra con Daesh, donde no quedan infraestructuras en las que brindar ayuda a los ciudadanos. En áreas de recuperación, esta infraestructura directamente no existe, y hará que el regreso sea casi imposible para las comunidades iraquíes desplazadas dentro del país.

La semana pasada, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia emitió una guía de eliminación de desechos que explica instrucciones para eliminar el agua residual de las fosas sépticas, por temor de que regrese el cólera en zonas más afectadas por las inundaciones.

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    Si bien el volumen de las aguas residuales es mayor en las ciudades destruidas por la guerra, ninguna provincia iraquí es inmune a la propagación de agua insegura plagada de bacterias. El riesgo se restaura a la menos lluvia torrencial.

En 2006, el círculo vicioso de la mala gestión del agua y otras perturbaciones causadas por la guerra resultó en varios brotes de hepatitis E en Ciudad Sadr. Los continuos desalojos, la apropiación indebida de fondos públicos y la violencia sistemática han obstaculizado la rehabilitación de la infraestructura hídrica, el alcantarillado y el sistema sanitario de Irak.

Si no se limpian, las corrientes de agua residual acelerarán el rebrote del cólera. Los anticuados sistemas de alcantarillado se desbordan a las calles. Los locales intentan reparar ellos mismos el problema, encontrando formas de navegar a través de las carreteras inundadas.

Aunque los activistas ecologistas y los agricultores se han alegrado del inesperado episodio de fuertes lluvias, aún queda mucho hasta recuperar la cosecha. El agua que desciende al río Tigris desde Irán también se ha descrito como la “mayor riada” de la última década. Aun así, los beneficios de las inundaciones son superados por el posible aumento de enfermedades infecciosas transmitidas por el agua.

La sensación de abrumadora negligencia que siente la población local también ha inundado las redes sociales. No se han hecho intentos de recuperar las infraestructuras o los servicios en las numerosas zonas afectadas por la guerra. Las prioridades del gobierno quedaron hace poco expuestas en Kuwait, donde se celebró una conferencia de reconstrucción de tres días – a Irak parece importarle más atraer inversores que evitar que su propia población sufra desastres naturales y provocados por el hombre.

 

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Nazli Tarzi es una periodista británico-iraquí especializada en Oriente Medio, con especial interés en Irak.

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