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La subasta pública secreta de la ‘reconstrucción’ de Mosul

Los iraquíes se preparan para comenzar la reconstrucción de Mosul, después de que fuera liberada del Daesh el 10 de julio de 2017 [Yunus Keleş/ Anadolu Agency]

Tras anunciarse la liberación de Mosul, los focos se centraron sobre la reconstrucción de la ciudad, que ha sido destruida en un 80% en su parte occidental, incluidos puentes, hospitales, tuberías, redes eléctricas, escuelas, casas y edificios del gobierno. Mientras tanto, el lado izquierdo carece de las condiciones de vida básicas. Esto ha convertido a la mitad de la ciudad en ruinas que emiten olor a muerte, y en un cementerio para muchos de sus habitantes, que murieron bajo edificios derruidos por los combates y los bombardeos de la coalición “humanitaria” estadounidense, que pretendía “liberar” a esos mismos ciudadanos.

Al igual que en una subasta, escuchamos varias estimaciones sobre el coste de reconstruir las ruinas de Mosul, mientras que el estado de otras ciudades liberadas indica que aún viven en ruinas, en todos los sentidos, incluido el sabotaje humano deliberado en forma de la obstaculización y prohibición a las personas desalojadas de regresar a su hogar, pasado ya un año desde la liberación.

Los países donantes, las organizaciones de la ONU y otras organizaciones de ayuda y desarrollo, además del gobierno iraquí, han contribuido a las estimaciones del presupuesto de “reconstrucción”. El presupuesto estimado varía de 1.000 a 10.000 millones de dólares. El Banco Mundial proporcionó 400 millones de dólares a finales de octubre destinados a proyectos para restaurar los servicios básicos en las ciudades liberadas en Siria e Irak, entre ellas Tikrit, Ramadi y Divala.

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Al leer los detalles de los proyectos y los logros del Banco Mundial disponibles online, junto a estupendas y llamativas imágenes, vemos que parece que los dos países están disfrutando de una divina prosperidad en estos momentos difíciles. Sin embargo, la realidad sugiere lo contrario. Esto no sólo se limita a los proyectos respaldados por el Banco Mundial, sino que se extiende hasta incluir a todas las partes contribuyentes.

Ahora mismo prevalece el caos, sobre todo debido a la falta de coordinación entre las distintas partes (organizaciones internacionales, países donantes, el gobierno iraquí y la sociedad civil). En segundo lugar, debido a la sensación de desconfianza respecto al uso de los fondos, porque la corrupción (local e internacional) lleva presente desde la ocupación en 2003, sobre todo en el campo de la reconstrucción. Las empresas y organizaciones estadounidenses y británicas han institucionalizado y propagado la corrupción mediante la cooperación con los políticos locales. Aunque algunos aspectos de la corrupción americana y americana-iraquí en particular se han descubierto en los últimos años, la corrupción con Irán, como fuerza ocupante secundaria, aún sigue muy enterrada.

El tercer factor es la divergencia de intereses entre los distintos países y organizaciones donantes, cuya última preocupación es la caridad y el bienestar. Sus proyectos cambian según sus intereses. Todo esto ocurre ignorando completamente los proyectos de reconstrucción y desarrollo nacional, y las competencias iraquíes, con muy pocas excepciones. Son, más bien, una propuesta de observaciones e ideas políticas generales, en lugar de proyectos capaces de implementarse de inmediato y tener un aspecto de desarrollo estratégico.

En cuanto a los intereses de los países donantes, Estados Unidos, por ejemplo, ha cambiado la formulación de las políticas de los programas de ayuda. Ya no pretenden aspirar a la “reconstrucción” y a la “creación de democracia”, como había afirmado EE.UU. antes y después de la invasión. Ahora, sus nuevas políticas se limitan a “restaurar la estabilidad” más que la reconstrucción. Además, la ONU ha utilizado el mismo término en sus publicaciones. ¿Cuál es la diferencia? ¿Cómo se reflejará esto en la vida de los habitantes de Mosul y de otras ciudades destruidas, a las que los bombardeos estadounidenses han dejado en ruinas?

Brett McGurk, enviado especial presidencial a la Coalición Global Contra el Daesh, lo clarificó en agosto de 2017:

“No es una reconstrucción; no es construir una nación. Estabilización es quitar las minas. Estabilización es eliminar los escombros para que camiones y equipamiento puedan acceder a zonas necesitadas. Es electricidad primaria, higiene, agua, elementos básicos para que los ciudadanos puedan volver.”

“Pero a veces nos reunimos con los consejos locales y dicen, ‘Queremos que vosotros, Estados Unidos, nos ayudéis con – vais a administrar los hospitales, ¿verdad? Vais a dirigir nuestro sistema educativo.’ Y no, no lo vamos a hacer. Hemos aprendido la lección, y no se nos da muy bien ni es nuestra responsabilidad. Nos dedicaremos a una estabilización básica.”

La clarificación de McGurk sobre los objetivos de la política de ayuda plantea una serie de cuestiones, principalmente: Si lo que dice es cierto, entonces, ¿por qué aumentar el número de tropas, mercenarios y empleados de empresas de seguridad? Si el objetivo es restaurar la estabilidad, ¿no debería darse más rápido y con menor coste contratando a trabajadores locales, es decir, otorgando empleos y dignidad a los jóvenes, que tendrían menos riesgo de acudir a organizaciones que se alimentan de la marginación y la exclusión?

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La situación se ve más ensombrecida por la vaguedad de lo que proponen las diversas partes, incluido el Consejo de Ministros y las organizaciones de la ONU. Actúan como si la reconstrucción en Mosul, a pesar del terrible aspecto diario de la ciudad, fuese una tormenta inesperada que les ha pillado de sorpresa. El Programa de Asentamientos Humanos de la ONU, respaldado por el secretariado del Consejo de Ministros, celebró un simposio en Bagdad el 31 de octubre, pero, ¿para qué?: Para discutir el proyecto de reconstrucción de Mosul – algo que debería haber hecho hace al menos un año – y su implementación inmediata después de que el Daesh fuese expulsado de la ciudad. Ese sería el caso si su intención fuese realmente la reconstrucción, sin corrupción directa o indirecta. La corrupción directa incluye la comisión pagada al líder local, independientemente de su posición política. En cuanto a la corrupción indirecta, se refiere a las grandes sumas de dinero gastadas en conferencias y foros celebradas por oficiales, ONGS y periodistas para promover términos y conceptos aptos para el consumo internacional, pero que no tienen nada que ver con la funesta realidad del pueblo.

Para acelerar el proceso de reconstrucción y el regreso de las personas desalojadas, individuos e instituciones iraquíes, como la Fundación Mosul, han pedido que Mosul se considere una ciudad en ruinas, y han solicitado protección internacional para allanar el camino hacia la reconstrucción y apoyarse en las capacidades demostradas del pueblo de Mosul, conocido por su progreso educacional y civil, así como por su capacidad de supervivencia.

La incapacidad del gobierno para tratar a los iraquíes como ciudadanos con derecho a la vida, la dignidad y la igualdad, de acuerdo a la ley, ha llevado a buscar soluciones, muchas de las cuales carecen de previsión. Esto está sucediendo en varios municipios, y la catástrofe de Mosul está en la cima, en una atmósfera de conflictos sectarios y étnicos y de represión contra las iniciativas de la sociedad civil. La demora en reconstruir las ciudades destruidas es responsabilidad del gobierno, especialmente tras acabar con la excusa del Daesh. Las iniciativas propuestas por la gente de Mosul, entre ellos estudiantes universitarios y miembros de sindicatos, seguirán teniendo un gran significado, sobre todo si tienen éxito, no en reconstruir la ciudad por sí mismos, ya que la magnitud del desastre es demasiada, sino en presentar propuestas sobre la prioridad de los proyectos, supervisando su implementación y concienciando a la comunidad para que se restaure lo que ha sido destruido tras años de lucha.

Este artículo se publicó originalmente en árabe en 14 de noviembre de 2017 en Al-Quds Al-Arabi

 

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