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Líbano: ¿Qué pasará tras la dimisión de Hariri?

El primer ministro libanés asiste a la ceremonia de su toma de posesión en Beirut, el pasado 20 de diciembre de 2016 [Ratib Al Safadi/Anadolu Agency]

El primer ministro libanés, Saad Hariri, sorprendió a los medios y a los partidos políticos del Líbano y de todo el mundo con su renuncia a su puesto de primer ministro el pasado día 4 de noviembre. Nadie se lo esperaba. Nada de lo sucedido sugería su dimisión. El día anterior, Hariri asistió a la inauguración de una conferencia que había organizado para hablar del trabajo de la piratería contra su gobierno y sus logros. También enfatizó en la estabilidad política y general del país. Estuvo involucrado en un movimiento entre distintos partidos para superar los obstáculos de ciertos problemas gubernamentales. Se negó a hablar de una frustración general libanesa y de la frustración de los musulmanes sunníes, confesión a la que pertenece y representa Hariri, de acuerdo al sistema confesional libanés. Se negó a reconocer esta frustración cuando uno de sus diputados sacó el tema durante una sesión del gobierno hace unas semanas.  

Visitó Arabia Saudí pocos días antes de anunciar su renuncia, y regresó enfatizando la estabilidad e incluso prometiendo un futuro mejor para el Líbano. De repente, sin avisar, Hariri apareció en las televisiones satélite árabes desde Riad y anunció su dimisión. Poco después, llamó al presidente de la República Libanesa para informarle de su renuncia. Acompañó su anuncio con una declaración que parecía más bien una declaración de guerra a Hezbollah e Irán y su papel en Líbano, amenazando con cortar la mano que pretende dominar el país.

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Existen razones internas y externas para la renuncia. A nivel interno, Hariri había conseguido acabar con el vacío en la presidencia al elegir a Michel Aoun como presidente de la República mediante un acuerdo entre este último y su movimiento, por una parte, e, implícitamente, con Hezbollah. Algunos elementos del acuerdo incluían el regreso de las funciones a las instituciones del Estado con el poder otorgado por la Constitución a cada institución.

El acuerdo también proporcionaba cierto equilibrio entre los distintos componentes libaneses a nivel confesional, para que ninguno de los componentes se sintiera amenazado y, por lo tanto, frustrado. También se suponía que establecería un cierto balance entre las fuerzas políticas, empezando por resolver sucesivamente las crisis del país. Además, Líbano se distanciaba así de los conflictos regionales y los “ejes” existentes en la región y trabajaba para retirar a Hezbollah de Siria. No se ha hecho ningún avance en ninguno de estos sentidos.

Hariri sintió que su apuesta en el establecimiento del Estado y la desconexión entre Michel Aoun y Hezbollah no había funcionado. También sintió que había hecho tantas concesiones que había perdido su popularidad entre las masas, todo en vano. Las masas han llegado a acusarle de ir acorde con lo que querían el presidente de la República y Hezbollah y de haber renunciado a defender los derechos de los musulmanes sunníes sin sacar ningún beneficio. Por supuesto, esta situación es capaz de hacer que Hariri dimita, pero, aun así, fue una decisión inesperada.

A nivel externo, hace poco que vimos al Secretario de Estado saudí para Asuntos del Golfo Pérsico, Thamer Al-Sabhn, amenazar a Hezbollah y obligar a Líbano a elegir entre dos ejes: el árabe o el pérsico. En un tweet, llegó a pedir que se expulsara a Hezbollah del gobierno. Está claro que esto fue una campaña saudí programada para presionar a Líbano y a su gobierno, especialmente a Saad Hariri, y que éste se viera forzado a elegir un bando.

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Si recordamos la campaña estadounidense contra Irán y Hezbollah, las sanciones de EEUU en su contra, las conversaciones sobre los sucesos de hace tiempo, como el bombardeo de las instalaciones de la Marina americana en Beirut en agosto de 1983 (en el que murieron 63 estadounidenses), y otras situaciones; nos damos cuenta del nivel de presión externa a la que estaba sometido Hariri y que le hizo renunciar desde Riad, Arabia Saudí, y no desde Beirut.

Y ahora, ¿qué?: Está claro que anunciar su dimisión de esta forma y en este lugar y momento es similar a declarar la guerra a Hezbollah e Irán en Líbano bajo la presión de Arabia Saudí y, posiblemente, Estados Unidos. Por supuesto, eso significa que a esta decisión la seguirá otra o, quizás, muchas otras. Si esto se queda en una decisión aislada y limitada a lo que ha sucedido, no afectará en absoluto a Hezbollah. El presidente pasará por varias consultas obligatorias, tal y como determina la constitución, y nombrará a otra figura sunní para que forme gobierno. Pero todos los libaneses esperan lo que está por venir, aunque nadie puede adivinar qué es, ya que lo sucedido está fuera de lo común. Las posibilidades varían desde una guerra contra Hezbollah con una alianza liderada por Arabia Saudí hasta una situación de sabotaje de la situación interna de Líbano para confundir a Hezbollah, además de otras varias posibilidades políticas, económicas y demás.

Hoy en día, Líbano se enfrenta a una crisis política muy complicada y que será difícil de resolver mediante un nuevo acuerdo o pagando un alto precio, del cual el presidente de la República debe pagar gran parte devolviendo a las instituciones a sus funciones normales, de acuerdo a los poderes establecidos en la Constitución.

Esencialmente, el presidente de la República, según la Constitución, es un árbitro, no un gobernante. El Consejo de Ministros en su conjunto es el verdadero organismo de gobierno. Hezbollah debe hacer una concesión para aceptar un nuevo acuerdo, pero el alcance y los límites de esta concesión aún no están claros. Resolver esta crisis políticamente depende de la convicción del presidente de la República y de Hezbollah de que pasará algo después de la dimisión. Pero, si piensan que no sucederá nada, y que es sólo algo aislado, Hariri habrá pagado el precio y se habrá ido del país sin poder regresar. 

Este artículo se publicó originalmente en árabe en Al-Araby Al-Jadeed el 7 de noviembre de 2017

 

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