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Preguntadle a Europa qué está pasando en Jerusalén

La tensión envuelve la mezquita de Al-Aqsa después de que Israel decidiera clausurarla e instalar detectores de metales en su entrada

 

Los políticos europeos no se han decidido todavía a hacer frente a los recientes e incendiarios acontecimientos de Jerusalén, pero los líderes que están descansando en sus complejos turísticos conocen la historia completa. Saben que Benjamin Netanyahu y su gobierno están jugando con fuego.

¿Quién habría imaginado esto? Este político oportunista y arrogante es ahora el que toma las decisiones con respecto a la apertura o el cierre de uno de los más santos y prominentes lugares del islam, y está expulsando a los fieles de su interior. También está emitiendo fatuas (dictámenes jurídicos islámicos) con respecto a la realización o no de las oraciones del viernes en uno de los sitios más sagrados de los musulmanes. Tampoco ha dudado en silenciar las llamadas a la oración de la Mezquita de Al-Aqsa siempre que lo ha deseado. Además de todo esto, las fuerzas de Netanyahu han atacado sin reparo a las mujeres de Jerusalén que protestaban ante los controles de seguridad en contra de estas medidas flagrantes, habiendo sido todo esto capturado por las cámaras de los teléfonos móviles. Los ataques también se llevan a cabo en contra de los jeques de la mezquita de Al-Aqsa, como el ataque contra el jeque Ekrima Sabri, que tuvo que ser trasladado al hospital para tratar sus heridas. Podría haber sido el “Papa musulmán” si el islam tuviera una autoridad religiosa similar a la del Vaticano.

Europa conocía estos hechos desde el principio. Sus diplomáticos enviaron continuamente informes sucesivos sobre el peligro de la situación en Jerusalén como resultado de las políticas de Israel. El contenido de algunos de estos informes ha llegado a los medios de comunicación, incluyendo las advertencias y la más que evidente preocupación. La ONU también supervisó las políticas de ocupación constante de tierras y la continua demolición de viviendas y establecimientos en Jerusalén, incluyendo edificios históricos que habían sobrevivido siglos. Sin embargo, las tímidas declaraciones verbales no disuadieron a los sucesivos gobiernos israelíes, sino que abrieron su apetito por la violación. Cuando uno de los comités de la ONU, la CESPAO, se atrevió a publicar informes detallados que describían como apartheid los acontecimientos de Jerusalén y Cisjordania, intervino el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y retiró el informe profesional. El jefe de la CESPAO renunció en marzo en protesta por la medida que favorece a Israel a expensas de la verdad. Este incidente demostró ser un asunto ya conocido, es decir, los partidos internacionales están preocupados y ​​son muy conscientes de lo que está pasando, pero no están dispuestos a ponerle fin.

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Sin embargo, los indefensos palestinos de los barrios de Jerusalén no esperaron a que los líderes de la comunidad internacional despertaran y perdieron la fe en ellos hace ya algún tiempo. Los habitantes de Jerusalén están presionando al gobierno de ocupación en las plazas y están logrando perturbar la agenda del gobierno israelí, que recibió privilegios cualitativos de las grandes capitales de ambos lados del Atlántico. Tan pronto como Netanyahu tomó sus nuevas medidas -sin precedentes- contra la Mezquita de Al-Aqsa, las plazas de Jerusalén se llenaron de manifestantes enfurecidos en sentadas y manifestaciones de gran escala que habrían sido glorificadas y alabadas por Europa si hubieran sido organizadas en Estambul o Moscú, por ejemplo. Sin embargo, ¿qué harán si se dirigen contra una autoridad de ocupación que goza de profundas relaciones con los países europeos y occidentales?

Europa todavía está tratando al arrogante Netanyahu como si tratara con un niño terco y travieso, es decir, con muchos mimos. Los líderes europeos no se atrevieron a reprenderlo durante el mandato del ex presidente Barack Obama ni durante el de ninguno de sus predecesores, así que ¿cómo se atreverían a reprenderlo durante el mandato de Trump, que nunca ha sonreído con nadie en la Casa Blanca como lo hizo con el primer ministro israelí?. Europa sabe que Netanyahu, junto con sus ministros procedentes de los campos de discriminación política, fascismo, colonialismo y extremismo religioso, están llevando los asuntos al límite.

Sin embargo, el esperado período de ignorar los asuntos está vinculado a la gravedad de los hechos. Con el tiempo o con el empeoramiento de la situación, el mundo se dará cuenta de que lo que está sucediendo actualmente en Jerusalén no es un incidente pasajero. La ciudad está hirviendo de una manera sin precedentes y la ira del público está intensificándose en los santuarios y sitios históricos de la ciudad después de que el gobierno de Netanyahu liberara al genio palestino, que estaba cabreado en su lámpara, con sus planes que han esperado el momento preciso para tomar el control total de la Mezquita Al-Aqsa.

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El momento oportuno es el momento en que el mundo árabe está preocupado por sus conflictos y tiene puesta su mirada en la situación de Mosul y en la nueva crisis del Golfo, mientras que Europa se ve afectada por la pereza política del verano. Además, el presidente de la Autoridad Palestina está cada vez más débil y cansado por el día lo que es muy reconfortante para los israelíes. Parece estar ocupado con la neutralización de sus oponentes en la arena política, incluso dentro de su propio partido. El gobierno israelí no quiere dejar pasar esta rara oportunidad, ya que aspira a lograr en Jerusalén una expansión a gran escala que avive la memoria de 50 años marcando la ocupación de la parte oriental de Jerusalén. El gobierno buscará justificaciones, es decir, usará los incidentes acontecidos en Jerusalén con el fin de endurecer su control y continuar su programa opresivo para borrar la identidad árabe de Jerusalén y seguir manipulando la demografía de la ciudad.

Las autoridades de ocupación están adoptando un enfoque “paso a paso” para lograr sus planes integrales en la ciudad, embargando gradualmente partes de ella sin obstáculos internacionales reales, empleando una serie de métodos y medidas que son incomparables con las de cualquier otro lugar. El gobierno continúa apropiándose de partes de Jerusalén, mientras que las resoluciones internacionales relacionadas con Jerusalén son simplemente papel mojado dado el desprecio que Israel demuestra hacia ellas. La ocupación israelí ha desarrollado un complejo sistema de control y opresión en una de las áreas más importantes y sensibles del mundo.

La ocupación no quiere ver presencia palestina en Jerusalén, por ello cerró la mayoría de las instituciones culturales, mediáticas y caritativas palestinas que trabajan en la sociedad civil. También castigó a parlamentarios árabes de la Knesset procedentes de Jerusalén con penas de prisión y con la expulsión de la ciudad, además de privar a los habitantes de Jerusalén de permisos de construcción para construir nuevas casas. Destruye todo lo que construyen sobre tierra palestina y ha enclaustrado sus vidas dentro de deprimentes muros grises y sucesivos controles de seguridad. A la luz de esto, los tipos de opresión sistemática, discriminación institucional y presión silenciosa sobre la vida cotidiana de los habitantes de Jerusalén han aumentado y escalado de nivel, especialmente con las diversas políticas de expulsión implementadas contra los habitantes de la ciudad. Mientras tanto, los colonos israelíes reciben tierras, casa, infraestructuras, libertad de movimiento, así como generosos privilegios. No es exactamente lo mismo que el apartheid, sino más bien una versión más avanzada y desarrollada del mismo que no otorga a los palestinos su derecho a permanecer en su ciudad o a volver a ella. Esta idea ha ido más allá de la anterior experiencia en Sudáfrica.

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La influencia central de Jerusalén, que se ha ido acumulando a lo largo de la historia, todavía está activa hoy en día y cualquier chispa en esta área es suficiente para descargar enormes cantidades de rabia almacenada en todo el mundo. Los palestinos están confirmando que no se rendirán y se derrumbarán bajo ninguna de las medidas recientes de la ocupación, incluyendo la imposición de un nuevo mecanismo para controlarlas, monitorearlas y humillarlas cuando ingresen a la Mezquita Al-Aqsa en forma de puertas electrónicas controladas por los efectivos israelíes. Grandes masas de palestinos se abstuvieron de entrar en Al-Aqsa, así que realizaron sus oraciones fuera de la mezquita en un mensaje sin precedentes de desafío y compromiso popular. Así es como las puertas electrónicas se convirtieron en el centro de la creciente batalla de voluntades en Jerusalén entre los musulmanes palestinos y los cristianos y las autoridades armadas de ocupación. Netanyahu no esperaba esto antes de tomar este riesgo imprudente.

Los acontecimientos actuales han demostrado la incapacidad del gobierno del “apartheid desarrollado” para contener Jerusalén siete décadas después de ocupar su mitad occidental y medio siglo después de ocupar su mitad oriental. Esta mitad de la ciudad, incluyendo la Ciudad Vieja y los santuarios musulmanes y cristianos, se está convirtiendo en un lugar de resistencia civil capaz de atraer el interés del mundo.

Los líderes europeos continúan relajándose en las playas lejos de las consignas y frases que cuelgan en sus oficinas sobre el apoyo a los derechos humanos y a las libertades básicas, así como el rechazo a la opresión y la tiranía, pero Jerusalén ha comenzado un nuevo capítulo en su historia y tal vez en la historia de una región que ha sido capaz de encender el mundo.

 

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