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Oriente Medio cerca de usted

“La solidaridad internacional fue determinante para traer la libertad a Sudáfrica y lo será para conseguirla en Palestina”

Entrevista con David Segarra, periodista y director del documental "Fuego sobre el Marmara"
El valenciano David Segarra, periodista y autor del documental "Fuego sobre el Marmara".

A 7 años del sanguinario asalto del ejército israelí sobre el Mavi Marmara y la Flotilla de la Libertad, el equipo redactor de Monitor de Oriente se puso en contacto con David Segarra, director del documental “Fuego sobre el Marmara” con el propósito de conocer de sus propias palabras lo que significó aquel incidente para él, como activista y periodista, para el mundo y para los palestinos. Un testimonio sin igual para comprender la compleja realidad de un conflicto que pronto cumplirá setenta años:

En primer lugar, David, muchas gracias por acceder a contestar a nuestras preguntas y por supuesto por proporcionar con tu documental, “Fuego sobre el Marmara”, un testimonio imprescindible sobre la tragedia del Mavi Marmara y más ampliamente sobre la dramática situación que rodea a la Franja de Gaza y todo lo que supone la ocupación militar israelí sobre Palestina.

MO: Al ver tu documental, mucha gente se pregunta cómo os sentisteis, y más aún, cómo os sentís todos los que estuvisteis implicados en este proyecto años después de vivir en primera persona los acontecimientos del 31 de Mayo de 2007; ¿cómo vivisteis personalmente estar en una situación de confrontación directa con el ejército israelí mientras intentabais entregar ayuda humanitaria a Gaza, y mientras vosotros tratabais de documentarlo todo?

DS: Siete años después de la Flotilla de la Libertad creo que, tanto para los activistas como para los periodistas, fue una experiencia que cambió nuestras vidas. Para la mayoría de los setecientos participantes fue la primera vez que enfrentamos la cercanía de la muerte. Diez personas fueron asesinadas por las fuerzas de asalto. Entre ellas Cevdet Kiliçlar, fotógrafo y periodista turco que era el coordinador de la sala de prensa. Él era la persona que facilitaba las comunicaciones entre nosotros y nuestros medios de comunicación. Cuando se inició el ataque, el ejército estableció una interferencia electrónica que bloqueó todas las comunicaciones entre los barcos y el mundo. Sin contacto con los medios, los periodistas cogimos nuestras cámaras y salimos a grabar o fotografiar el asalto. Cevdet fue asesinado a muy corta distancia mientras fotografiaba a un soldado.

Captura de pantalla del documental “Fuego sobre el Marmara” donde se ve a David Segarra con su cámara a bordo del Mavi Marmara.

Pero lo que más me impresionó durante el ataque fue que nadie entró en pánico. Todas las personas asumieron un papel activo y constructivo. Grabar, fotografiar, ayudar a los heridos o defender los barcos. Nadie quedó paralizado ante el uso brutal de la fuerza. La hermandad, el apoyo y la solidaridad colectivas fueron la clave para la supervivencia emocional y psicológica. Después de vivir el trauma de ver morir a compañeros y de encontrarnos juntos en la misma situación de secuestro en aguas internacionales se generó un espíritu de unión. Cuando llegamos al puerto de Ashdod, los servicios de inteligencia nos procesaron individualmente y empezaron los interrogatorios y amenazas. A cada uno de nosotros se nos presentó una hoja para autoinculparnos del delito de “inmigración ilegal a Israel”. Se nos daba la opción de reconocernos culpables de un delito que no habíamos cometido y ser deportados a nuestro país de origen o negarnos y entrar en prisión. En esos momentos cada uno de nosotros tuvo que meditar y reflexionar su decisión: capitular ante la mentira o resistir. Nadie quería entrar en los calabozos de un régimen que había sido capaz de tirotear y herir a cincuenta y tres personas.

Milagrosamente, los pasajeros de la Flotilla decidieron no firmar el documento. Las autoridades israelíes no daban crédito: cientos de personas de todo el mundo desafiaban su poder. Muchos periodistas también decidimos no firmar una farsa que nos hubiera perseguido toda nuestra vida.

La sociedad civil había lanzado un mensaje muy poderoso. Era un mensaje al Estado de Israel y al mundo: No se acepta el bloqueo militar a Gaza, no se acepta la ocupación de Palestina, la sociedad internacional actúa directamente llevando ayuda. Y la prensa libre no cede ante la censura.

MO: Cuándo te subiste a bordo del Mavi Marmara, ¿tenías planteado hacer un documental como el que hiciste o simplemente grabar los acontecimientos desde la perspectiva de un activista?

Mi proyecto era triple: en primer lugar realizar la cobertura desde el barco para la cadena internacional Telesur, en segundo lugar realizar un reportaje televisivo y en último lugar avanzar en la producción de un largometraje documental sobre Gaza. Tras el asalto a la Flotilla y todas las consecuencias que eso trajo, los objetivos y las prioridades cambiaron radicalmente.

 

MO: Mucha gente se pregunta por las dificultades técnicas de hacer un documental en las condiciones en las que lo hicisteis; ¿Cómo lograsteis poner a salvo todos los dispositivos en un contexto tan arriesgado?, ¿sufristeis presión por parte de las autoridades para entregar el material?

El ejército de Israel tuvo desde el primer momento silenciar y censurar todo lo que sucediera durante el ataque. Todos los teléfonos satélite, las radios e internet fueron bloqueados. Lo que no sabían es que los técnicos de comunicaciones habían logrado mantener una emisión vía satélite que superaba las interferencias militares. De esta manera, se pudo transmitir en directo el asalto a la Flotilla. Éstas fueron las imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Ninguno de las decenas de periodistas que nos encontrábamos en los barcos logramos salvar nuestros equipos. Nuestras tarjetas, cintas, cámaras, ordenadores, teléfonos, libretas y material fueron requisados por los comandos. De la misma manera cientos de teléfonos y cámaras de los activistas fueron requisados. Algunos compañeros recibieron sus equipos días después, pero destrozados. Hasta el día de hoy seguimos esperando que se nos devuelvan nuestros equipos y nuestro trabajo realizado. En algún archivo de los censores se apilan las fotografías, grabaciones y anotaciones de decenas de periodistas. Tal vez dentro de décadas, si no es destruido, el material se desclasifique y pueda ser utilizado.

Sin embargo la estrategia del silencio no fue perfecta. Algunos activistas y periodistas lograron esconder pequeñas tarjetas de memoria que en esos años no eran todavía comunes. Una vez libre, reuní un equipo para recorrer Europa y Turquía en busca de las imágenes que se habían logrado salvar. Junto a este material extraordinario recogimos los testimonios de los supervivientes. Así, durante un año fuimos reuniendo todas las piezas para contar la historia de la Flotilla de la Libertad.

El impacto del documental fue muy grande. Se emitió vía satélite por Telesur para toda América Latina. Televisiones árabes, turcas y palestinas lo emitieron subtitulado. Fue selecccionado y ganador en muchos festivales de cine documenntal. Y en el estado español, coincidiendo con el 15M fue proyectado en las plazas de cuarenta ciudades. Hoy en día se puede ver por internet.

Portada del documental “Fuego sobre el Marmara” de David Segarra. 2011

MO: ¿Cómo ha afectado a tu visión política del conflicto palestino-israelí una experiencia tan traumática como la del Mavi Marmara?

Lo interesante es que los sucesos del Mavi Mármara han pasado a la historia como un ejemplo de resistencia. Tanto para los activistas como para los periodistas supuso una lección y un gran fortalecimiento personal, profesional y político. Aprendimos a valorar la vida en su belleza y fragilidad. Durante unos días se nos hizo vivir, a nuestras familias y a nosotros, como palestinos. De esta experiencia conocimos y aprendimos los conceptos de “sabr” y “sumud“: resistencia, resiliencia, paciencia y perseverancia ante las dificultades. Y “shukr“, gratitud, agradecimiento, alegría por la vida. Por otro lado nos permitió la convivencia entre religiones y culturas muy distintas. En la Flotilla conocí judíos, israelíes, musulmanes, cristianos, gente religiosa, laica o atea. Todos ellos unidos por el ideal de la paz con justicia. Es imposible el antisemitismo o la islamofobia después de convivir con judíos y musulmanes extraordinarios.

En 2014, tras la caída del régimen de Mubarak, entré en la Franja de Gaza y allí escuché varios mensajes nuevos. Por un lado se hacía una llamada a la sociedad internacional a unirse al BDS. La sociedad palestina pide que se priorice el boicot, la desinversión y las sanciones al estado israelí como método para derrotar el apartheid y la ocupación. Y por otro lado escuché la propuesta de un sólo estado laico con igualdad de derechos para judíos, cristianos, musulmanes y cualquier otra cultura o religión. Ante la desaparición del territorio palestino ancestral, se plantea la vía sudafricana: un estado no racista con el derecho a voto para todos sus ciudadanos. No hay que olvidar que las principales fuerzas políticas palestinas aceptan también la independencia de un estado palestino en el 20% del territorio, cediendo el 80% de la Palestina histórica al Estado de Israel.

Pero como en todos los procesos coloniales, sólamente la presión conjunta del colonizado y la comunidad internacional puede detener el proceso. El problema radica en que un puñado de países europeos y los Estados Unidos se enfrentan a las Naciones Unidas y paralizan cualquier solución para Palestina. Por eso la presión de las sociedades es la clave para cambiar las políticas de los gobiernos.

MO: Siete años después, ¿te parece que la solución alcanzada entre Turquía e Israel hace justicia con las víctimas del Mavi Marmara?

En mi opinión no se ha llegado a ninguna solución. La muerte de diez personas sólo se soluciona con el juicio a los ejecutores y los responsables de ellas. De la misma manera, con las heridas, secuestros y destrucción de material. De nuevo, las razones geopolíticas y económicas de los estados dan la espalda a la justicia. Y renuevan la legitimidad de la desobediencia civil como forma de defender la justicia.

MO: ¿Crees que iniciativas como la de la Flotilla de la Libertad, o la campaña de Mujeres Rumbo a Gaza que vimos el año pasado, están ayudando a lograr romper el bloqueo sobre Gaza, y en general contribuyendo a lograr los objetivos de la causa palestina?

El gobierno sudafricano acaba de realizar una huelga de hambre en solidaridad y apoyo a los presos políticos palestinos. Y lo hacen como mensaje al mundo y al pueblo palestino: la solidaridad internacional fue determinante para traer la libertad a Sudáfrica y lo será para conseguirla en Palestina. Los indígenas norteamericanos, los afroamericanos, los latinoamericanos y los pueblos del sur de Europa, entienden perfectamente lo que sucede en Palestina. Por eso, diputaciones como la de Valencia o Sevilla y ayuntamientos como el de Barcelona o Dublin se han posicionado a favor de Palestina.

También es muy interesante ver el cambio histórico que se está produciendo en las comunidades judías occidentales. Una parte enorme de los jóvenes judíos se sienten obligados moralmente a apoyar a los palestinos frente al sionismo de sus mayores. Por eso siempre encontramos judíos en la Flotilla, en el BDS, en los territorios ocupados y en todas las movilizaciones en favor de Palestina. Esto todavía no ha sido valorado en su justa medida, pero es un cambio sociológico muy profundo.

Finalmente lo más importante es que es la sociedad civil palestina quien ha hecho el llamado y quien lo valora. El liderazgo en la liberación y descolonización palestina es de las palestinas y los palestinos. Ellos son los que están enseñando los valores de la solidaridad, la perseverancia y el coraje al mundo.

MO: ¿Cuál es tu visión a medio plazo sobre el conflicto palestino-israelí, en un contexto tan cambiante en el ámbito de Oriente Medio y a nivel internacional?

Según anuncia Estados Unidos, en 2030 finaliza la hegemonía económica occidental después de siglos de dominio absoluto. El nacimiento de un mundo multipolar escorado hacia Asia cambia todas las ecuaciones geopolíticas. Teniendo en cuenta que sólo un núcleo euro-americano sostiene militar y políticamente al régimen israelí, ya está todo dicho. Ahora bien, la división, los regímenes totalitarios, el terrorismo, la pobreza y la fragmentación del mundo árabe e islámico es la clave en la opresión de Palestina. Si kurdos, turcos, persas, árabes, musulmanes y cristianos no son capaces en las próximas décadas de desarrollar alianzas y estrategias de convivencia y apoyo mutuo no habrá una solución factible para la región.

Puedes acceder al documental “Fuego sobre el Marmara” online a través de este enlace

 

 

 

 

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