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Un desafiante Qatar redefine el escenario regional

Como era de esperar, Qatar ha desafiado las demandas extorsionadoras de Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin.
Foto de archivo de las banderas de los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo

Como era de esperar, Qatar ha desafiado las demandas extorsionadoras de Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin. El escenario está listo ya para un prolongado bloqueo económico y el aislamiento político. Pero, salvo que se produzcan maniobras militares, Arabia Saudí y sus aliados deberán, eventualmente, moderar sus demandas y llevar a cabo negociaciones más realistas con Qatar. Por su parte, este último está en actitud combativa, como evidenció su exigencia de que se compensara a los negocios qataríes afectados por el bloqueo económico.

En el corto plazo, el desafío de Qatar profundiza la división dentro del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y pone fin a las aspiraciones saudíes de dominar el Golfo Pérsico al completo a través de este foro. Esta división tendrá repercusiones significativas para la política y la seguridad en la zona, principalmente en dos frentes interconectados: enfrentar a Irán y la forma y cohesión de la presencia militar occidental en la región. Hasta ahora, occidente ha tratado a los Estados del Golfo como un bloque único. Claramente, este acercamiento es ya insostenible.

En el largo plazo, teniendo en cuenta que Qatar puede mantenerse en esta posición, la configuración de un nuevo bloque regional definido por medios alternativos hace que proyectos políticos y educativos puedan tener un impacto político y cultural transformativo en la región. Por encima de todo ello,puede atenuar la animosidad entre ambos lados del Golfo y, potencialmente, sentar las bases para una arquitectura de seguridad regional sostenible.

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El desafío de Qatar a las demandas del cuarteto encabezado por Arabia saudí supone un golpe fatal para el CCG, el pilar fundamental de la emergente infraestructura de defensa y seguridad de los países del Golfo. No obstante, esto no debería resultar sorprendente, pues ya en 2014, personas influyentes dudaban del futuro del bloque.

Aunque el principal conflicto de entonces era entre Arabia Saudí Y Qatar, había otras rupturas y puntos de controversia. La actitud de los miembros del CCG hacia Irán es un tema muy sensible, y la histórica y amable relación de Omán con Irán hacía que desde el principio fuera imposible para Arabia Saudí convertir el CCG en un club anti-iraní.

La pregunta clave ahora es si Qatar puede sobrevivir fuera del CCG. Por ahora, el país tiene suficientes reservas –cuenta con la friolera de 335.000 millones de dólares en las arcas del Estado– y un fuerte apoyo diplomático de Turquía y, en menor medida, de Irán, como para capear el temporal en el futuro cercano. En cuanto al largo plazo,  algunos analistas tienen muy claro que Qatar puede aguantar más o menos de manera indefinida, teniendo en cuenta que la empobrecida Franja de Gaza ha sobrevivido una década a su particular asedio.

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La mayor amenaza para la independencia de Qatar es, por supuesto que se produzca una invasión dirigida por Arabia Saudí. En un principio, la presencia de tropas turcas en suelo qatarí son suficiente poder simbólico y diplomático para desincentivar una invasión. Pero más adelante, a no ser que la presencia militar turca aumente considerablemente –ahora mismo la conforman alrededor de 90 personas–, en términos prácticos será casi imposible para Ankara defender de manera creíble la soberanía de Qatar.

Si bien la invasión parece estar fuera de lugar por ahora, y sólo porque los EE.UU. se opongan a la misma, en Oriente Medio nada puede saberse con certeza. La carencia de una estrategia más desarrollada y su vulnerabilidad ante una invasión, hacen que Qatar necesite reflexionar profundamente acerca de su seguridad y defensa.. Si Ankara cumple su promesa de desplegar 3.000 tropas en Qatar, entonces la estrategia saudí sí que se verá realmente afectada.

El declive del CCG, o que haya perdido su cohesión, debería ser algo bien recibido desde Teherán, el cual en términos de seguridad y defensa ha tendido a ver a la organización como una amenaza. Sin embargo, anteriormente las reacciones de Irán a las crisis del CCG han sido blandas y medias. Mientras que Irán ha mandado comida a Qatar para aliviar el bloqueo, a diferencia de Turquía no ha dado ninguna señal de estar dispuesto a defender la soberanía qatarí. En el largo plazo Irán se beneficiará del alejamiento de Qatar del CCG, particularmente del sector de la ingeniería y la construcción, especialmente después de que las firmas extranjeras se hayan visto obligadas a elegir entre Qatar y el poderoso mercado saudí.

A pesar de los beneficios económicos, Irán necesita reconciliarse todavía con el CCG y también, en muchos aspectos, con Qatar –respecto a la posición en Siria, por ejemplo–, con quién tiene mucho cuidado de no alinearse del todo. Qatar también ha sido muy cuidadoso, por razones obvias, de no alinearse directamente con Irán. Si miramos hacia adelante, si Qatar consigue consolidar su independencia en relación al CCG, entonces tendrá la oportunidad de forjar una alianza más sólida con Teherán. Es mucho más probable moderar las ambiciones regionales iraníes a través del diálogo que por medio del enfoque confrontacional saudí.

Más allá de sus vínculos con Irán y Turquía, Qatar debe ampliar sus redes diplomáticas, especialmente en términos de relaciones con potencias occidentales clave, concretamente EE.UU. y Reino Unido. Ambos poderes tiene muchos intereses en la región y hasta ahora se han acostumbrado a tratar con los Estados del Golfo como una entidad única, al menos en términos estratégicos. Qatar necesitará diseñar un inteligente equilibrio de poder diplomático para asegurar que las influyentes potencias externas a la región continúen apoyando –aunque sea a regañadientes– su independencia y su soberanía. En última instancia, la reafirmación de la independencia de Qatar y su insistencia en la diversidad de posiciones es una perspectiva interesante. Si Qatar consigue el éxito entonces Oriente Medio podrá convertirse en un lugar más tolerante y dinámico.

 

 

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