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La disputa saudí-iraní con respecto a la peregrinación: más política que religiosa

El CCG ha acusado a Irán de "politizar" la peregrinación, mientras ha expresado su deseo de qeu Arabia Saudí sepa acomodar correctamente a los peregrinos.

En los últimos días, los ánimos se han caldeado, mientras hemos escuchado palabras subidas de tono por parte tanto de Arabia Saudí como de Irán en relación con el rito islámico anual del Hayy (la peregrinación a La Meca), actualmente en curso. La peregrinación a La Meca, uno de los cinco pilares del islam que todo musulmán capacitado para ello debe cumplir al menso una vez en la vida, se ha convertido en un espacio de disputa entre las dos potencias regionales. Aunque las tensiones son ahora especialmente elevadas, las discusiones en torno al Hayy no son nada nuevo en esta relación.

Los problemas más recientes comenzaron a principios de este año, cuadno Arabia Saudí ejecutó al clérigo chií Sheij Nimr Baqir al-Nimr, al que condenaron por apoyar e incitar a actos terroristas en la rebelde Provincia Oriental saudí. Al-Nimr era visto por Riad como un agente iraní debido a sus duras críticas contra la monarquía saudí y por sus súplicas de que los Saud y otros monarcas árabes del golfo fueran arrojados al infierno.

En represalia por la ejecución de Al-Nimr, manifestantes iraníes asaltaron la embajada saudí en Teherán y la incendiaron. Aunque Irán expresó su “rechazo” hacia el incidente, Arabia Saudí y sus aliados se tomaron muy a pecho lo ocurrido, y muchos de ellos cortaron o redujeron drásticamente sus relaciones diplomáticas con Irán. Además, los saudíes cerraron su embajada y retiraron a su personal diplomático de Teherán.

Al comprobar que era difícil defenderse de las acusaciones de haber fallado en la protección de la embajada de una nación soberana, Irán reabrió el tema de la falta de seguridad de los peregrinos iraníes en la peregrinación a La Meca, pidiendo a Arabia Saudí que la garantizase. El año pasado, 769 personas murieron durante una estampida en la ciudad sagrada, algo que fue aprovechado por Irán para criticar la organización del rito religioso por parte de los saudíes.

Aparte de las preocupaciones sobre cuestiones de seguridad, los iraníes pidieron a Arabia Saudí que concediera los visados para la peregrinación a través de la embajada de Suiza, dado que la embajada saudí había sido cerrada. En cualquier caso, los saudíes replicaron que los iraníes podrían usar el sistema de visas online que usan los aspirantes a peregrinos de todo el mundo, alegando que no haría una excepción con los iraníes. Después de todo, los iraníes difícilmente podían protestar en este tema del visado, dado que sus autoridades no habían hecho nada para evitar la quema de la embajada saudí.

Este tira y afloja llevó a la ruptura de relaciones entre ambos países el pasado mes de mayo, cuando Irán anunció que sus ciudadanos no visitarían La Meca este año. La conflagración se reavivó a comienzos de esta semana, cuando el Líder Supremo Alí Jameneí se refirió a las autoridades saudíes como “insignificantes demonios” al servicio del “Gran Satán”, Estados Unidos. Jameneí también deslizó que la familia real saudí no se podía considerar musulmana.

El Gran Muftí de Arabia Saudí, Abdulaziz Al Al-Sheikh, devolvió furiosamente el golpe, diciendo que el régimen iraní era “enemigo del Islam” y “descendientes de zoroastrianos”, insinuando que él piensa que los iraníes no son musulmanes, como los iraníes lo piensan de los saudíes.

De forma interesante, el príncipe heredero de Arabia Saudí, Muhammad Bin Nayef, acusó a Irán de “politizar” la peregrinación a La Meca, y esto es lo que parece ser todo esto. Después de todo, Irán siempre ha venido pidiendo que el rito del Hayy sea organizado por una delegación de todos los países musulmanes, y que no permanezca exclusivamente en manos de los saudíes.

Esto sugiere la pregunta: ¿ha fallado realmente Arabia Saudí en la organización de la peregrinación y en su servicio a os peregrinos que van a visitar la ciudad más sagrada del islam? La respuesta, en mi opinión, debe ser un rotundo “no”. Como ejemplo, los saudíes han invertido decenas de millones de dólares para mejorar la seguridad, incluyendo una impresionante ampliación de las columnas de Jamarat, donde los musulmanes celebran el rito de arrojar piedras de forma simbólica contra el demonio. Estas ampliaciones no han sido solo en relación con el espacio disponible, sino que han incluido la construcción de pasaderas que hacen todo el ritual infinitamente más seguro, reduciendo el tráfico humano y la congestión, como pueden confirmar todos aquellos que han realizado la peregrinación recientemente.

Naturalmente, las muertes siempre pueden ocurrir, particularmente teniendo en cuenta que muchos de los peregrinos son ancianos o se encuentran muy débiles. Los musulmanes se reúnen por millones, venidos de todas partes del mundo y convergen en una única mezquita (la Sagrada Mezquita que hospeda la Kaaba), y en una única ciudad: La Meca. Las enfermedades y virus que traen los peregrinos desde sus distintos puntos de origen se mezclan en la ciudad creando unos problemas sanitarios que están impresionantemente bien resueltos por parte del Ministerio saudí de la Peregrinación.

La estampida del año pasado fue un acontecimiento relativamente infrecuente, por o que se pude decir que Irán simplemente trata de utilizar la tragedia para atacar a un rival regional. Esto es porque todo musulmán considera la custodia y el servicio a los peregrinos durante la peregrinación a La Meca como un gran honor. Así, mediante la “internacionalización” de las dos ciudades sagradas, -Meca y Medina- y de los peregrinos en ellas, Irán trata de deteriorar el prestigio de la dinastía de los Saud.

Desde la creación de la República Islámica de Irán por el ayatolá Ruhollah Jomeini, el gobierno iraní ha instado permanentemente a los peregrinos bajo su autoridad a usar la peregrinación como una oportunidad para hacer llegar demandas políticas.

De hecho, esto produjo unos enfrentamientos cruentos en 1987, cuando los peregrinos iraníes, junto a correligionarios libaneses y pakistaníes, provocasen violentos disturbios después de que se les prohibiera manifestarse, tras haber sido sorprendidos mientras coreaban eslóganes como “Muerte a América!, Muerte a la URSS!, Muerte a Israel!”, en lugar de declaraciones sobre la fe u otras prácticas islámicas.

Como ahora se puede observar claramente, Irán ha tomado la peregrinación sagrada del islam y trata de transformarla en un teatro político con el fin de vengar afrentas y generar tensiones diplomáticas. Después de todo, tras su larga historia de politización del Hayy, Irán falló en la protección de la embajada saudí tras la ejecución de Al-Nimr, como falló en la apreciación de cómo otros regímenes suníes no permitieron que las misiones diplomáticas iraníes fueran atacadas a pesar de que Irán ejecuta con frecuencia a ciudadanos suníes, incluido clérigos.

Antes que las exigencias sobre la sacralidad de la vida humana y la libertad religiosa, Irán debería mirar primero dentro de sus propias fronteras y después, contemplarse en el espejo.

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