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¿Por qué se permite que "hombres del saco" extranjeros obstaculicen el progreso de Libia 12 años después de la revolución?

La gente se reúne en la Plaza de los Mártires para celebrar el noveno aniversario de la Revolución Libia del 17 de febrero en Trípoli, Libia, el 17 de febrero de 2020 [Hazem Turkia / Anadolu Agency].

Han pasado 12 años desde que la llamada Primavera Árabe visitara Libia y acabara con el gobierno del difunto líder Muamar Gadafi, sumiendo al país en el caos, la violencia y la guerra civil. La promesa en 2011 era que Libia se convertiría en un floreciente oasis de estabilidad, paz y democracia en la orilla sur del Mediterráneo. Con sus vastos recursos de petróleo y gas, se pensaba que el país podría dar pasos de gigante hacia la reconstrucción y la modernización. Sin embargo, nada de eso ha sucedido, y Libia está peor que nunca a lo largo de sus más de sesenta años como Estado independiente.

Para celebrar el aniversario el 17 de febrero, el Gobierno de Unidad Nacional organizó un par de conciertos musicales en Trípoli. Se dice que ha gastado abundantemente en las celebraciones en un intento de animar al público y desviar la atención de las penurias a las que los libios de a pie se enfrentan cada día. La realidad es que sus vidas, a pesar de haberse levantado en 2011 para conseguir mejores condiciones y un país aún mejor, han ido empeorando cada año desde entonces.

He revisado cientos de publicaciones en las redes sociales y he preguntado a numerosas personas, de todas las profesiones y condiciones sociales, cómo viven y cómo le va a Libia 12 años después del asesinato de Gadafi. La respuesta casi unánime es "mal". La mayoría pronunció la palabra con dolor y frustración. La misma respuesta se repite en toda Libia, incluso en lugares que no apoyaron a Gadafi y participaron en la intervención militar de la OTAN que desembocó en la guerra civil.

Dejando a un lado las quejas de la gente sobre los altos precios, la falta de seguridad, los dictadores milicianos, la escasez de energía -sobre todo en los meses de verano-, la falta de libertades, las elecciones robadas, las instituciones corruptas, el gobierno corrupto y la amenaza de detenciones arbitrarias -todo ello un hecho cotidiano en Libia-, pregunte a la gente por Libia como Estado. La respuesta es aún más dolorosa, ya que la mayoría cree que es un país dividido e ingobernable; que su soberanía se viola constantemente; y que no se respeta su pasaporte. Es un hecho que los libios pasan apuros si tienen que viajar a países vecinos. La lucha se hace aún más difícil cuando tienen motivos para viajar a Europa. Antes, un ciudadano libio podía conseguir un visado Schengen en Trípoli en menos de dos semanas. Ahora puede tardar hasta tres meses, y las solicitudes tienen que hacerse en la vecina Túnez, ya que la mayoría de los diplomáticos europeos abandonaron Trípoli hace años y nunca regresaron.

El Mediterráneo: un mar de sangre

Para los políticos y otros funcionarios la situación es completamente distinta. Parlamentarios, ministros, burócratas de alto rango, miembros del Consejo Superior de Estado (órgano consultivo) llevan una vida bastante lujosa mientras se culpan unos a otros de la miseria de los libios de a pie. Cuando terminan de culparse unos a otros, recurren a los fantasmas "extranjeros" que les dificultan ponerse de acuerdo sobre algo sustancial para hacer avanzar al país.

Libia: el caos interminable - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

Sin embargo, políticos, altos funcionarios, líderes de las milicias y ciudadanos de a pie coinciden en una cosa: la intervención extranjera empeora cada día la situación. Los ciudadanos de a pie creen que toda intromisión extranjera en los asuntos de Libia es mala, pero los políticos son selectivos. Según sus afiliaciones políticas, algunos culpan a Rusia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, mientras que otros culpan a Turquía y Qatar de impedir cualquier avance hacia la estabilidad y la democracia.

Uno de estos políticos de alto rango en Trípoli habló conmigo bajo condición de anonimato. Él también atribuye todos los males de Libia a los extranjeros, a los que apodó los "hombres del saco". Cree que el peor de ellos es el "coco estadounidense" porque nunca se sabe lo que quiere. Dijo que, a pesar de hablar muchas veces con los estadounidenses, "nunca entendió del todo" lo que quieren. De hecho, Estados Unidos es un actor importante en todo lo que ocurre en Libia. Tiene voz y voto en lo que debe ocurrir, incluso en quién debe o no presentarse a las elecciones presidenciales.

Mucha gente, incluido este político anónimo, cree que Estados Unidos fue la "fuerza mayor" que provocó el aplazamiento de las elecciones del pasado diciembre, simplemente porque Washington creía que Saif Al-Islam Gadafi las habría ganado. Pregunté a mi entrevistado anónimo cómo salir de este dilema. Me respondió: "Esperar". Le presioné más: ¿esperar a qué y durante cuánto tiempo? Sonrió y dijo: "Esperar a que los estadounidenses se decidan". Le pregunté por qué alguien en el Parlamento y en el Consejo Superior de Estado, y los millones de libios que se inscribieron para las elecciones, deben esperar a que Estados Unidos decida cuándo y cómo deben organizarse las elecciones y quién puede presentarse a presidente. Según él y muchos otros políticos, mantener contentos a los "hombres del saco" extranjeros es esencial para que Libia avance; es la dependencia de los demás en su mejor manifestación.

De hecho, Stephanie Williams, anterior asesora de la ONU para Libia, me dijo el verano pasado que Libia sufre "injerencias externas" y que sus políticos cortejan esa influencia por la noche mientras la culpan durante el día.

Que los países extranjeros interfieren en Libia es una realidad, y lo ha sido desde que estalló la crisis en 2011. Sin embargo, que otros países opinen sobre algo que debería ser un asunto interno se debe a que "nuestros políticos así lo han querido", afirma el comentarista político Hussein Ahmed. En su opinión, nuestros "políticos descarados" han convertido a Libia en un representante de otros países tanto en la política como en la guerra.

Turquía, por ejemplo, ha desplegado sus propias fuerzas y mercenarios sirios en distintos lugares del oeste de Libia en apoyo del gobierno de Trípoli. Combatientes rusos del Grupo Wagner y mercenarios africanos se encuentran en posiciones en el este, sur y centro de Libia apoyando al general Jalifa Haftar. Pero son los políticos libios quienes lo han hecho posible. En noviembre de 2019, el anterior Gobierno de Trípoli firmó un acuerdo de seguridad con Ankara que permitía la presencia de fuerzas turcas en suelo libio. Antes de eso, Haftar, que es el gobernante de facto en el este y partes del sur de Libia, dio la bienvenida a los rusos y otros pistoleros a sueldo en las zonas bajo su control.

Lo que queda de nuestra soberanía, como país, es una "cáscara vacía", afirmó Ahmed. Libia es hoy como un país ocupado con muy poca capacidad de tomar sus propias decisiones para servir y proteger sus intereses y los de su pueblo.

¿Hay alguna esperanza de que esto cambie? Mi amigo anónimo cree que no, a menos que el pueblo libio se levante de nuevo en una verdadera "revolución" y acabe de una vez por todas con todas las formas de corrupción.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Mustafa Fetouri es un académico y periodista libio. Ha recibido el premio de la UE a la Libertad de Prensa. Su próximo libro saldrá a la luz en septiembre. Puede ser contactado en la siguiente dirección: [email protected]

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