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Elecciones en el Líbano con sabor a crisis

Un a persona deposita su voto en un colegio electoral durante las elecciones generales en Beirut, Líbano, el 15 de mayo de 2022 [Houssam Shbaro/Anadolu Agency].

Líbano celebró el domingo elecciones parlamentarias, en las que los candidatos aspiraban a obtener uno de los 128 escaños de la Cámara de Representantes, el poder legislativo nacional. Según el ministro del Interior, Bassam Mawlawi, la participación en los comicios fue del 41%; la participación de los libaneses expatriados fue limitada.

Sin embargo, el número de votantes legalmente registrados fue de 3.967.507, un aumento de 221.024 votantes en comparación con las elecciones de 2018. De ellos, algo más de 1,3 millones son cristianos y 2,5 millones son musulmanes. El número de listas de candidatos aumentó a 103, con un total de 718 candidatos. De nuevo, esta cifra fue superior a la de 2018, al igual que el número de mujeres candidatas, con 118.

Elecciones en Líbano: el bloque liderado por Hezbolá pierde la mayoría parlamentaria

Desde su independencia en 1943, Líbano se ha caracterizado por dos cosas que han regido su vida política, económica, social, cultural y religiosa: el sectarismo y la débil presencia del Estado como institución de convivencia. El sectarismo es uno de los aspectos primordiales de la lealtad, y el Estado no puede ocupar su lugar en términos de funciones y papeles. Está arraigado en la sociedad y en la cultura política libanesa y ha hecho que el concepto de Estado se debilite. Como resultado, la lealtad al Estado en la conciencia colectiva del pueblo libanés casi ha desaparecido. La legislación, la constitución y las instituciones nacionales se han formulado en función de las sectas del país y de los requisitos para vivir en ellas. Lo vemos en la Ley Básica (1943) y la filosofía de distribución del poder en sus disposiciones; en las leyes que estructuran el país, la más importante de las cuales es la ley electoral; y en los principales acuerdos que pretendían establecer la paz entre los libaneses, como el Acuerdo de Taif (1989), que puso fin a la guerra civil de 1975-1990.

Líbano, una larga historia de desastres y crisis - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

Mientras la realidad del sectarismo superaba la presencia real y simbólica del Estado, Líbano seguía siendo una entidad física y política abierta a todas las influencias internas, regionales e internacionales. La situación geoestratégica del país contribuyó a que las influencias negativas siguieran presionando sobre su estabilidad y desarrollo y lo hicieron a menudo vulnerable a las crisis. Además, al ser el Estado débil, o casi ausente, sus élites han distribuido sus lealtades hacia más de un punto de referencia y fuente de influencia, en lugar de hacia el Estado como institución nacional, hogar de todos y base de la convivencia.

Los dos fenómenos mencionados ayudan a explicar la realidad de la situación en el Líbano, donde las últimas elecciones se celebraron dentro de una crisis asfixiante a todos los niveles. Además, una quinta parte de la población, según algunos informes creíbles, no cree que merezca la pena participar en las elecciones ni mostrar interés por el resultado. Han perdido la confianza en la élite política.

Por mucho que algunos libaneses dependan de las elecciones para sacar a su país del abismo en el que ha caído desde la crisis financiera que se agravó en 2018; el movimiento de protesta social que comenzó en 2019; y los efectos de la explosión del puerto de Beirut en 2020, muchos otros ciudadanos creen que el nuevo parlamento no será diferente al anterior. Esto se debe a que el problema del Líbano es de naturaleza estructural y compleja, de la cual las elecciones son solo un aspecto. Como tal, incluso cuando se anuncien todos los resultados, la votación del domingo podría tener sólo un efecto limitado; es poco probable que afecte al núcleo de la compleja estructura del Líbano en términos de equilibrios sectarios y su interacción política. Tampoco afectará a la estabilidad regional del país ni reducirá la tensión social.

Los primeros resultados electorales muestran un claro avance del partido Fuerzas Libanesas, dirigido por Samir Geagea. Ha obtenido más de veinte escaños, lo que supone un aumento del resultado de 2018. El Movimiento Patriótico Libre, fundado por Michel Aoun, ha perdido escaños respecto a su posición ganadora en 2018.

LEER: La participación electoral en Líbano fue baja, apenas un 25%.

Los primeros informes también sugieren el declive del bloque de Hezbolá, mientras que el movimiento de Saad Hariri decidió no participar. Curiosamente, algunos candidatos independientes han obtenido escaños, y las voces críticas con la clase política y su actuación -que se han hecho oír a través del movimiento de protesta social- han logrado algunos avances electorales.

A la espera de los resultados definitivos, se espera que las elecciones del pasado fin de semana supongan un rayo de esperanza para el pueblo libanés, harto de las crisis que asolan su vida, especialmente la crisis económica calificada por el Banco Mundial como la más grave y difícil desde 1850; cerca del 80% de los ciudadanos libaneses viven por debajo del umbral de la pobreza.

Además, la contribución de las elecciones a la resolución de los problemas del Líbano y el aumento de la confianza en las instituciones del Estado pueden motivar también a los países regionales e internacionales a tratar positivamente con el gobierno y el pueblo. A su vez, esto debería ayudar a reducir el dolor y el sufrimiento que han llevado al país a su punto más bajo.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Arabi21 el 16 de mayo de 2022

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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