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El silencio internacional sobre la represión mediática de Israel es también un ataque a las narrativas palestinas

Manifestantes se reúnen para protestar en la iglesia de San Porfirio en la ciudad de Gaza, el 15 de mayo de 2022, por la reportera Shireen Abu Akleh [Ali Jadallah/Anadolu Agency].

Mientras se siga prestando mucha atención a la ejecución extrajudicial de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akleh, los llamamientos a la justicia seguirán resonando, al menos en la actualidad. Sin embargo, Israel ha perfeccionado sus tácticas de negación e impunidad. La comunidad internacional no ha ido más allá de sus declaraciones habituales e Israel ya se salió con la suya en el asalto al funeral de Abu Akleh en su momento, a pesar de la repugnancia que suscitó. El hecho de que el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, haya glosado la violencia israelí reenmarcándola como una intrusión es una prueba más que suficiente de lo que Israel espera y recibe.

Independientemente de la violación que cometa Israel y en qué escala, siempre existe el correspondiente valor de impunidad que la empresa colonial de los colonos establece y la comunidad internacional aprueba.

Israel mata a tiros a la periodista de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, durante la invasión de Yenín - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

Abu Akleh era una veterana periodista de Al Jazeera, de ahí la mayor visibilidad y cobertura de su asesinato por francotiradores israelíes. Otros palestinos asesinados por Israel, que carecían de prominencia y del privilegio de trabajar con una organización internacional de noticias, vieron silenciada su memoria antes de poder ser elogiada.

Sin embargo, a pesar de la publicidad, es probable que la justicia siga siendo esquiva. Hace poco más de un año que Israel destruyó el edificio Al-Jalaa de Gaza, que albergaba a las agencias de prensa internacionales Al Jazeera y The Associated Press. Israel no sólo destruyó el edificio, que también se utilizaba para fines residenciales, sino que la destrucción de las oficinas fue un ataque directo a la prensa. "Este recuerdo está ligado a nuestros esfuerzos, nuestro trabajo, nuestro equipo y el archivo que documentaba muchos recuerdos y escenas", declaró Wael Al Dahdouh, director de la oficina de Al Jazeera en Gaza.

Mientras tanto, la única preocupación de Israel era cómo el bombardeo de las torres perforaba su imagen pública dentro de la comunidad internacional. "El beneficio de la operación no valía el daño que causó diplomáticamente y en términos de percepción", declaró el año pasado el general de división Nitzan Alon.

La preocupación de Israel por la percepción internacional y el daño diplomático duró muy poco. La culpa la tiene la ausencia de voluntad política para exigir a Israel responsabilidades por sus violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos. Cuando Israel actúa con beligerancia de forma que desplaza la atención de los medios de comunicación hacia sus atrocidades, y la preocupación diplomática brota entre los funcionarios israelíes, la comunidad internacional se apresura a asumir el papel de relaciones públicas de la violencia colonial.

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Por tanto, la justicia para Shireen Abu Akleh, como en el caso de otros periodistas, intelectuales y civiles palestinos asesinados por Israel, seguirá siendo un eslogan vacío debido a la incompetencia internacional y a la impunidad israelí. Dos importantes agencias de noticias fueron bombardeadas y a Israel le bastó con balar su preocupación por los daños diplomáticos para frenar cualquier repercusión que se produjera. Es poco probable que una sola periodista entre otros periodistas palestinos, más destacados por su doble nacionalidad y por el medio para el que trabajaban, impulse a la comunidad internacional a actuar.

La publicidad y el activismo reclaman justicia, pero la comunidad internacional sigue atrapada voluntariamente en las exigencias políticas de Israel. En tales circunstancias, el silencio o la manipulación de los hechos sirven a Israel, mientras que empujan a los palestinos a un mayor olvido, a pesar de su persistencia en reclamar sus narrativas. Sin duda, los líderes mundiales y los diplomáticos esperan que el fervor por la última ejecución extrajudicial se apacigüe, como ha esperado a otras innumerables atrocidades cometidas por Israel.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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MEMO Staff Writer

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