Portuguese / Spanish / English

Oriente Medio cerca de usted

¿Cómo serán los lazos entre Pakistán y Oriente Medio con Shehbaz Sharif?

Primer Ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif

La frenética actividad política en Pakistán concluyó este mes con la destitución de Imran Khan como primer ministro y su sustitución por Shehbaz Sharif el 11 de abril. El líder de la Liga Musulmana de Pakistán (Nawaz) juró su cargo como 23º primer ministro del país. Su nuevo gabinete se nutre en gran medida del Partido Popular de Pakistán (PPP) y, en menor medida, del Jamiat Ulema-e-Islam-F. Hina Rabbani Khar es la nueva secretaria de Estado de Asuntos Exteriores y es probable que Bilawal Bhutto Zardari sea ministro de Asuntos Exteriores.

Estos cambios repercutirán en la política exterior de Pakistán y cabe esperar una cuidadosa recalibración de los vínculos con los países del Golfo. Durante su discurso inaugural, Sharif mencionó algunos países importantes, entre los que se encontraban todos los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, cuyos líderes y funcionarios no tardaron en enviar mensajes de felicitación.

LEER: La primavera en Islamabad

La familia Sharif mantiene desde hace tiempo vínculos con los países del Golfo, especialmente con Arabia Saudí. Cuando el ex primer ministro pakistaní Nawaz Sharif (hermano mayor del nuevo primer ministro) fue depuesto por el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, Pervez Musharraf, en 2000, la familia Sharif se exilió en el Reino. Tiene importantes activos e inversiones tanto en Arabia Saudí como en los EAU. Sin embargo, después de que Nawaz Sharif volviera al poder en 2013, se produjo una ruptura con el CCG cuando su gobierno se negó a enviar tropas pakistaníes para unirse a la coalición liderada por Arabia Saudí que lucha en Yemen desde 2015. Los Emiratos Árabes Unidos fueron especialmente críticos, lo que hizo que Pakistán se decantara por estrechar lazos con Turquía y Qatar. No obstante, el primer viaje oficial al extranjero de Shehbaz Sharif como primer ministro será a Riad el 27 de abril.

El gobierno de Imran Khan fue inicialmente bien acogido por todas las partes interesadas del Golfo, con visitas a Arabia Saudí y los EAU. Estableció una buena relación con el príncipe heredero Mohammad Bin Salman en Riad, lo que hizo que Pakistán obtuviera un apoyo financiero crucial para estabilizar la economía. La posterior visita de Bin Salman a Islamabad en 2019 concluyó con el anuncio de proyectos de inversión por valor de 20.000 millones de dólares. Las relaciones con los Emiratos Árabes Unidos también se restablecieron en cierta medida cuando el príncipe heredero Mohammad Bin Zayed se convirtió en el primer líder emiratí en visitar Pakistán en más de una década. También con Irán se produjeron avances notables; la apertura de los mercados fronterizos, por ejemplo, tenía como objetivo un mayor compromiso económico. A lo largo de su mandato, Khan también desarrolló vínculos cordiales con Turquía y Qatar. En el plano económico, Egipto envió su primera delegación empresarial a Islamabad, que se tradujo en una inversión de 2.000 millones de dólares en una urbanización del multimillonario Naguib Sawiris.

Sin embargo, a pesar de este prometedor comienzo, Khan fue incapaz de mantener el impulso. Uno de los factores fue su inclinación hacia Irán, para disgusto de Arabia Saudí y EAU. Además, los saudíes estaban visiblemente perturbados por sus intentos de formar una alianza con Malasia, Turquía e Irán como alternativa a la Organización de Cooperación Islámica (OCI) con sede en Jeddah. En 2019, Imran Khan canceló su asistencia prevista a la Cumbre de Kuala Lumpur tras las presiones ejercidas por Riad. Además, los países del Golfo no estaban contentos con las críticas de Khan a su silencio sobre las atrocidades indias e israelíes en Cachemira y Palestina, respectivamente. En 2020, cuando el ex ministro de Asuntos Exteriores Shah Mahmood Qureshi

LEER: Cómo la ONU ha fallado a Libia

llamó a la OCI por arrastrar los pies en la cuestión de Cachemira, los saudíes respondieron exigiendo la pronta devolución por parte de Pakistán de un préstamo de 3.000 millones de dólares. Islamabad devolvió 1.000 millones de dólares después de habérselos pedido a Pekín.

Con Shehbaz Sharif al frente, es probable que se produzca una recalibración para reproducir los anteriores lazos amistosos. Ha asumido el cargo en un momento en el que el país sufre importantes déficits financieros. Aunque el Fondo Monetario Internacional prorrogó ayer un año el programa de rescate de Pakistán y aumentó el préstamo de 6.000 a 8.000 millones de dólares, la situación se está deteriorando rápidamente. Pakistán necesita desesperadamente aumentar sus reservas de divisas, que sólo pueden cubrir las importaciones durante dos meses como máximo. También necesita gestionar el aumento del coste del combustible.

El CCG alberga una gran diáspora pakistaní, por lo que no se puede subestimar su importancia. Las remesas de los trabajadores expatriados representan casi el 86% de la balanza de ingresos secundarios de la economía pakistaní; casi el 60% de estas remesas proceden de los países del Golfo. Además, estos estados son vitales para satisfacer las necesidades energéticas de Pakistán. Depende de los EAU y Arabia Saudí para la importación de petróleo, y de Qatar para el gas natural licuado. Por lo tanto, se espera que el nuevo primer ministro canalice sus esfuerzos hacia el desarrollo de relaciones estrechas con el CCG y consiga la tan necesaria ayuda, así como una mejora de la actual facilidad de crédito petrolero proporcionada por el Reino.

Además, Sharif se centrará en acelerar la finalización de los proyectos del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), en particular el desarrollo de sus Zonas Económicas Especiales (SEZ). Al igual que el gobierno anterior, es probable que intente atraer inversiones del Golfo para los proyectos del CPEC, concretamente los relacionados con la seguridad alimentaria y energética. Además, en 2021 se dijo que estaba en marcha un plan maestro para una ciudad petrolera que incluiría una instalación petrolera de Aramco de 10.000 millones de dólares. Aunque no se llegó a concretar, es probable que el proyecto sea retomado por el nuevo gobierno.

En cuanto a las relaciones con Irán, el primer ministro Sharif parece actuar con una cauta neutralidad. En ningún caso se puede descartar a Irán, principalmente por su congruencia geográfica con Pakistán y la situación en el vecino Afganistán. Es probable que persiga la finalización del oleoducto Irán-Pakistán de 2.775 km. En 2011, Irán anunció que había completado su parte del proyecto de 7.500 millones de dólares. Los funcionarios pakistaníes atribuyen el retraso en la finalización a la presión de Estados Unidos y a las limitaciones financieras. La no finalización del oleoducto ha provocado un elemento de desconfianza entre Islamabad y Teherán, que Sharif deberá abordar sin demora. Ya ha invitado al presidente iraní, Sayyid Ebrahim Raisi, a visitar Islamabad, al tiempo que ha manifestado su intención de reforzar los lazos entre ambos vecinos.

Es probable que las relaciones de Pakistán con Turquía sigan centrándose en la cooperación económica, más que en el enfoque islámico de Khan.

En medio del caos político, cabe esperar que aumenten los lazos militares de Pakistán con sus socios de Oriente Medio. El ritmo de las maniobras militares conjuntas entre Arabia Saudí y Pakistán parece haberse acelerado en el último año, y Turquía es una fuente creciente de material de defensa para Pakistán. La cooperación estratégica entre Pakistán y sus socios de Oriente Medio estará más o menos aislada del tumulto político en Islamabad.

Es un hecho que Imran Khan es dinámico y carismático, mientras que la reputación de Shehbaz Sharif como dinamo adicto al trabajo le precede. Sabe que la duración de su gobierno depende de sus resultados en el período previo a las elecciones del próximo año.

Aunque existe una amplia buena voluntad hacia el nuevo gobierno, el resultado final vendrá determinado por la trayectoria de la política exterior que adopte Islamabad y la forma en que sea correspondida. Sin embargo, la economía es el pilar de las relaciones internacionales, especialmente en un mundo que aún no se ha recuperado de la pandemia del Covid-19. Pakistán, por su parte, prevé un aterrizaje turbulento.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

Categorías
ArtículosArtículos de OpiniónOriente MedioPakistánRegiónSmall Slides

Arhama Siddiqa trabaja actualmente como investigadora en el Institute of Strategic Studies Islamabad (ISSI). Se graduó en la Universidad de Ciencias de la Administración de Lahore (LUMS) en 2013 con una licenciatura (con honores) en Ciencias Políticas y Económicas y continuó con un máster en Economía Política Internacional en la Universidad de Warwick en 2014. En 2017 recibió la beca profesional de la Commonwealth, durante la cual estuvo basada en Conciliation Resources en el Reino Unido.

Mantente [email protected]

Subscríbete para recibir nuestros boletines