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Sudán es un desastre a punto de ocurrir

Manifestantes sudaneses participan en una sentada que exige la disolución del gobierno por las malas condiciones de vida, frente al palacio presidencial en la capital sudanesa, Jartum, el 18 de octubre de 2021. [Mahmoud Hjaj - Agencia Anadolu]

Tras las manifestaciones del sábado en Jartum en apoyo de los llamamientos de los oficiales del ejército para sustituir al gabinete y reformar la coalición Fuerzas de Libertad y Cambio, es justo decir que la polarización política y social en Sudán ha alcanzado un nivel crítico. Esto hará que el país estalle si no se aborda el asunto con rapidez. Hay una serie de factores que podrían suponer una amenaza no sólo para la etapa de transición, sino para todo el país.

Por ejemplo, el diálogo que prevalece en Sudán es un tono que aprieta las relaciones políticas entre los componentes civiles y militares del Consejo de Transición al que se le ha confiado el liderazgo nacional durante esta etapa. Además, el discurso de la exclusión y la traición entre actores políticos que difieren en casi todos los temas crea la impresión entre los ciudadanos de a pie de que la base de sus diferencias son intereses partidistas y, por tanto, no redundan en el interés del país o incluso del periodo de transición. A ello se añade el hecho de que las armas se mantienen más allá de las fuerzas armadas regulares, con varias milicias con base en Jartum que siguen las órdenes de los líderes políticos en conflicto, que invaden las funciones policiales sin ningún sentido de disuasión o reprimenda por parte de los oficiales superiores del ejército sudanés.

A este ritmo, Sudán pronto será un "no-estado" que se asemejará a los desórdenes presenciados en Siria, Yemen y Libia. Los observadores deben tener el valor de señalar que hay fuerzas dentro y fuera de Sudán que trabajan a muchos niveles para provocar un escenario tan destructivo.

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No importa cuáles sean las razones de todo esto y quiénes apoyan a estas fuerzas en particular, el resultado será el mismo, sin un claro ganador o perdedor: todos perderán. Los que piensan lo contrario se engañan. Nadie estará en condiciones de dar el golpe de gracia a sus oponentes, independientemente de quién los apoye ahora.

Los principales perdedores, por supuesto, serán el pueblo sudanés y su país, que se enfrenta a una crisis sin precedentes. Debemos empezar inmediatamente, con determinación, a poner fin a la polarización y comenzar las tareas de transición para recuperar nuestro país. Es esencial la unidad de propósito y de acción. Hay que dejar de lado las diferencias políticas e ideológicas para que el periodo de transición sea un éxito y se salve el país. Las diferencias políticas son naturales y esperables, y pueden aportar resultados positivos si se gestionan bien. Sin embargo, hoy en día, lo que estamos viendo es un conflicto sobre quién tiene el poder en Sudán, y esto está teniendo prioridad sobre las necesidades, la seguridad y la protección del pueblo.

JARTUM, SUDÁN - 18 DE OCTUBRE: Manifestantes sudaneses participan en una sentada que exige la disolución del gobierno por las malas condiciones de vida, frente al palacio presidencial en la capital sudanesa, Jartum, el 18 de octubre de 2021. ( Mahmoud Hjaj - Agencia Anadolu )

Independientemente de las intenciones de cada una de las partes, y de si sus desacuerdos coinciden o no con sus intenciones y objetivos, pueden ponerse de acuerdo en los temas abiertamente conflictivos. Lo único que está fuera de la agenda es el intento de presentar la revolución de diciembre de 2018 como un error montado por activistas sin experiencia política. Quien crea esto no tiene nada que hacer.

Estoy de acuerdo con el discurso del primer ministro del pasado viernes, en el que abordó los rasgos generales de la hoja de ruta para salir de la crisis. Creo que todos tenemos el deber de llenar el mapa con todos los detalles posibles. Mi contribución inicial a este proceso se presenta aquí para su discusión, revisión o modificación.

El Consejo de Soberanía debería modificarse para que tenga 11 miembros, de acuerdo con los términos del documento constitucional, aunque me gustaría que este número fuera sólo de cinco o seis. Propongo que se revise el desempeño de todos los miembros del consejo, para que el más débil sea removido, sin consideraciones ajenas al interés nacional.

También propongo que se respeten las disposiciones del documento constitucional y que la formación del Consejo de Ministros se base en la competencia profesional, y no en cuotas partidistas o regionales. Todo el mundo puede presentar candidaturas, pero en última instancia, la decisión debe tomarla el primer ministro, de nuevo sin cuotas partidistas o regionales.

Deberíamos activar la Ley de la Comisión de Reforma Jurídica aprobada el 22 de abril del año pasado, para que sea la base de la reforma del sistema de justicia y derechos humanos, libre de intervenciones del Comité de Empoderamiento y de las autoridades soberanas y ejecutivas. Los nombramientos en la administración pública deben ser revisados y controlados a través del Comité de Selección y la Comisión de Reforma de la Administración Pública.

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Las acusaciones contra el Comité de Remoción de Poderes deben ser abordadas e investigadas, mientras que su desempeño debe ser revisado en términos de su composición y metodología. Deben proponerse las enmiendas necesarias a su gobernanza, mientras que el Comité de Apelación debe ser reformado y activado para defender la justicia y el Estado de Derecho.

Sin embargo, exigir la disolución del comité o la anulación de sus decisiones sin que se presenten recursos sería una distorsión de las consignas de la revolución y un intento de socavarla. El Comité de Eliminación del Poder es uno de los primeros mecanismos de la revolución de diciembre para erradicar el antiguo régimen. Se creó según el documento constitucional y una ley autorizada por una reunión conjunta entre el Consejo de Soberanía y el Consejo de Ministros.

Deben constituirse inmediatamente comisiones nacionales independientes, dando prioridad a la elaboración de la constitución, la conferencia constitucional y la comisión electoral. Las comisiones nacionales, además de realizar las tareas que les corresponden, conseguirán ampliar la participación en los organismos de transición y de administración del Estado.

Hago un llamamiento a las fuerzas de la libertad y la liberación de ambos bandos para que celebren una conferencia urgente con el objetivo de unificar estas fuerzas y acordar las estructuras adecuadas para dirigir el camino a seguir. También deben discutir cómo incluir a otras fuerzas que creen en la revolución y acordar la formación de un comité legislativo de transición. Si no actuamos, una cosa es segura: Sudán es un desastre a punto de ocurrir.

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Al-Quds Al-Arabi el 17 de octubre de 2021

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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