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Kais Saied y la importancia de que la gente vuelva a la calle

Manifestantes se reúnen para protestar contra el presidente tunecino Kais Saied en Túnez, Túnez, el 10 de octubre de 2021 [Nacer Talel/Anadolu Agency].

Desde el 25 de julio, el presidente tunecino Kais Saied no ha conseguido nada, ni para el Estado ni para el pueblo tunecino. Sólo consiguió congelar la vida parlamentaria y completar la misión que había iniciado desde su elección: desbaratar el gobierno que se estableció tras las elecciones y de acuerdo con la constitución que había jurado respetar. Por lo tanto, este catastrófico fracaso contribuyó a que aumentara la voz de los grupos populares que se oponían a él en la calle y a que disminuyera el apoyo popular al golpe.

Características del fracaso

Saied dijo que tomó las medidas por el peligro inminente que corría el Estado, por la interrupción de su labor y para luchar contra la corrupción y estimular la deteriorada economía del país.

Más de dos meses después del golpe, Saied no tuvo ningún éxito en ninguna de las cuestiones que que prometió resolver:

  • Saied no ha conseguido formar un nuevo gobierno hasta ahora y ha comenzado este primer paso muy tarde en este contexto nombrando a Najla Bouden como primer ministro. Esto significa que no fue capaz de poner en marcha el engranaje del Estado, que él mismo contribuyó a desbaratar con sus disputas con el parlamento y con el primer ministro.
  • Saied no aportó ninguna solución económica para paliar la crisis que sufre el país. No presentó una visión clara de la solución y ni siquiera fue capaz de obtener el apoyo financiero de los países que apoyaron su golpe, probablemente porque no confían en su capacidad para gobernar o porque son incapaces de anticipar sus políticas, dado el alto nivel de populismo de sus discursos y decisiones. También podría deberse a que sólo es una herramienta de la que se desharán más tarde. Además, la capacidad de Túnez para recibir ayuda internacional estará vinculada a una vía política que devuelva la democracia -aunque sea como una formalidad- al país, una vía que el presidente aún no ha presentado ningún plan de ruta para poner en práctica.
  • Saied aún no ha puesto en práctica sus promesas de luchar contra la corrupción. Podría haber intervenido en este expediente incluso antes del golpe, pero no lo hizo. No remitió a juicio a nadie acusado de corrupción, sino que persiguió a sus opositores, incluidos parlamentarios, jueces y profesionales de los medios de comunicación, y los llevó a juicios militares o a medidas excepcionales. En lugar de presentar a los responsables de la corrupción ante la justicia, Saied se dedicó a pronunciar discursos amenazantes ante desconocidos. Ni siquiera ha revelado aún los ministros a los que se negó a recibir para que prestaran el juramento constitucional, perturbando así la labor del gobierno, con el pretexto de que eran sospechosos de corrupción.
  • El presidente no consiguió apoyos políticos, sino que se contentó con el apoyo de coordinaciones populares irregulares de tamaño y representación desconocidos en las calles y reconoció su derecho a apoyarle. No habló con ningún partido o círculo político y rápidamente empezó a perder a todos los partidos que apoyaban su golpe por su conflicto con Ennahda. Estos partidos descubrieron rápidamente que su conflicto con Ennahda no puede resolverse apoyando un golpe que interrumpe la democracia, detiene el proceso político iniciado tras la revolución y los somete a la arbitrariedad de un régimen no democrático.
  • Después de dos meses y medio en su cargo, Saied no ha presentado ningún programa, plan de acción u hoja de ruta que esboce la vida política después del golpe de Estado del 25 de julio. Los tunecinos aún no saben qué constitución les regirá, la naturaleza de las elecciones, la forma del parlamento, las leyes que regulan la formación del gobierno o su funcionamiento. En resumen, Saied demolió una vía política clara, con todos sus defectos y ventajas, y no ofreció una alternativa clara. Maldijo y destruyó el viejo camino sin aclarar el camino que quería construir.

El pueblo quiere volver a las calles

El lema popular de la revolución popular tunecina de 2011 fue "El pueblo quiere". Esta consigna se repitió en las ciudades tunecinas desde Sidi Bouzid, el nacimiento de la revolución, a todas las ciudades tunecinas, llegando a la capital, antes de trasladarse a las calles y plazas de los países árabes, incluyendo Libia, Egipto, Yemen, Siria, y otras ciudades azotadas por la pobreza, la tiranía y la marginación. Este eslogan fue la única arma para las naciones que descubrieron que son capaces de cambiar y que son capaces de derribar el muro del miedo construido por los poderes dominantes desde el "fin" del colonialismo.

El catastrófico fracaso de Kais Saied en todos los expedientes que pretendía resolver con su golpe de Estado contribuyó a devolver el impulso a las calles y a que grandes grupos del pueblo tunecino redescubrieran su fuerza. Empezaron a volver a las calles, el primer y último hogar de la revolución. Durante dos semanas de septiembre se produjeron miles de manifestaciones, que culminaron con las del 10 de octubre. Asistieron a ellas decenas de miles de personas, a pesar de la prohibición de manifestarse en la calle Habib Bourguiba, de las restricciones de seguridad y de la colocación de barreras en los accesos a la calle Mohammed V, donde se les permitió manifestarse.

LEER: Los partidarios del presidente tunecino amenazan con abrir la "caja de Pandora" en Túnez

El lema "el pueblo quiere" volvió con fuerza a la calle dos meses y medio después del golpe. El ímpetu de las manifestaciones aumentó ante la incapacidad del presidente de aportar soluciones, y aumentará más con el tiempo. Esto se debe a que este fracaso hará que el presidente pierda sus partidarios, lo que le dejará expuesto y vulnerable sin respaldo político ni popular. Esto también hará más fuertes a sus oponentes.

La importancia de las manifestaciones masivas de oposición al golpe de Estado en Túnez no se debe a que vaya a conducir al fin del golpe. Este es un resultado incierto a la luz de las complejidades de la política en Túnez, el papel de las fuerzas externas y la ausencia de una imagen clara de la posición del ejército, las fuerzas de seguridad y los organismos estatales en general. Sin embargo, las manifestaciones demuestran que la calle tunecina sigue viva y que su capacidad para resistirse a la desviación del camino de la "Segunda República" se fortalecerá con el tiempo. Las manifestaciones también muestran claramente que la mentira del amplio apoyo popular a las medidas de Kais Saied es completamente falsa.

¿Se está utilizando el estado de emergencia en Túnez para restringir las libertades? - Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente]

Este artículo apareció por primera vez en árabe en Arabi21 el 11 de octubre de 2021

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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