Portuguese / Spanish / English

Oriente Medio cerca de usted

Brasil, BRICS y la defensa del Sur Global

El presidente brasileño Jair Bolsonaro (izquierda) y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tocan el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado donde los judíos pueden rezar, en la Ciudad Vieja de Jerusalén el 1 de abril de 2019. [Menahem KAHANA / POOL / AFP / Getty]

Raras veces en la historia de la humanidad sale algo de positivo a partir del centro nervioso del capital financiero y de los parásitos especulativos. La idea de los BRICS puede ser una rara excepción en este sentido, al menos en el plan discursivo. El acrónimo fue formulado por Jim O’Neill, entonces economista-jefe del banco de inversiones Goldman Sachs (la misma institución de Henry Hank Paulson, central en la burbuja inmobiliaria de 2007 y 2008, en los balances fraudulentos y en la transición negociada con el Partido Demócrata cuando Obama fue elegido), en un estudio de 2001, titulado “Building Better Global Economic BRICs”. En aquel momento, aún llamados “mercados emergentes”, los tres grandes países del eje eurasiático (Rusia, India y China), en compañía de Brasil, eran vistos como un universo de oportunidades para la expansión capitalista. El término-concepto BRICs se ha fijado como categoría del análisis en los sectores más relevantes de los medios económico-financieros, empresariales, académicos y comunicacionales.

La agrupación en sí, surge en 2006, incorporado a la política externa de Brasil, Rusia, India y China. Sudáfrica se adentra en 2011, por ocasión de la III Cúpula, cuando se adopta la sigla BRICS definitivamente. Lejos de ser una alianza formal, el hecho de que grandes países se agrupen para observar intereses comunes y traigan consigo parte de las regiones donde ejercen influencia directa, puede significar mucho en el gran juego.

En noviembre de 2020, el presidente brasileño Jair Messias Bolsonaro participó de la 12ª Cúpula de los BRICS, la primera realizada de forma virtual. Como en todos los pasos en falso de su política externa, el canciller Ernesto Araújo, el asesor especial para asuntos internacionales, Filipe Martins y el hijo, diputado federal Eduardo Bolsonaro (PSL-SP), siguieron los mismos caminos erráticos e irresponsables. Nótese que todos los citados son fans declarados del auto intitulado filósofo Olavo de Carvalho (cuya única especialización es como astrólogo). El supuesto gurú es entusiasta de una “guerra cultural anti-globalista” y defensor de Occidente contra las demás “civilizaciones”. No puede salir nada de positivo con ese tipo de influencia en política externa nacional.

En esa reunión de cúpula, Bolsonaro insinúa una aproximación con Rusia a partir de su idolatría por “hombres fuertes”, en el caso, intercambiando de héroe imaginario, sale Trump y entra Putin. En la misma reunión, la posición de China fue discreta y distante, siendo que el Estado confucionista es el mayor compañero comercial de Brasil. La semana siguiente, el hijo que estuvo cotizado para ser embajador brasileño en los EUA defiende la propuesta de Mike Pompeo para la implantación de un sistema de telecomunicaciones 5G, con tecnología bajo el control de Estados Unidos. El incidente diplomático prosigue, minando las oportunidades de una posición madura, altiva y activa de Brasil en el Sistema Internacional.

Desafortunadamente, los pasos de la diplomacia basada en la ficción van por la contramano de las potencialidades del país. Una de las salidas para Brasil, en escala internacional, es ampliar la participación en proyectos estratégicos y afirmar asociaciones en ese sentido. Un punto básico es fortalecer la posición del Nuevo Banco de Desarrollo (Banco de los BRICS) y, así, retomar las actividad del Banco del Sur como instrumento de los países suramericanos a través de la también vaciada Unión de los Países del Sur (Unasur). Con eso conseguiríamos financiar proyectos conjuntos de envergadura – como en la explotación de la Pre-Sal brasileña – e interconectar nuestros territorios, desde que respetando la soberanía popular y el derecho ancestral de los pueblos tradicionales y originarios. A la vez, fortaleceremos posiciones evidentemente anti-imperialistas en nuestro continente, como las de Venezuela, así como ocurre con Irán, que sufre un bloqueo económico y atentados terroristas del Mossad.

Como es sabido, la presencia de Brasil en el escenario internacional a través de una Política Externa Independiente (PEI) debe ser acompañada de una gran alianza con los países sudamericanos, latino-americanos y caribeños. Desde una proyección brasileña, a través del Atlántico Sur, podríamos tener una obvia aproximación de varios países africanos, tanto de los de lengua portuguesa, como de la aliada Sudáfrica, como otros Estados africanos que tienen el importante apoyo de la Agencia Brasileña de Cooperación.

Así como en el dominio interno es necesario nos libremos de la hegemonía del capital financiero, su control de los puestos-llave del Estado brasileño y sobre la autoridad monetaria, el mismo debe darse en nivel internacional. Brasil consigue operar como un pivote geopolítico y tener algunas proyecciones estratégicas, desde que hallamos en el escenario doméstico algún consenso en ese sentido. La formación de alianzas regionales y el impulso en los BRICS pueden ser fundamentales para reforzar la cooperación económica entre países (y no sólo como una gigantesca mina a cielo abierto o una plantación de granos), creando un impacto económico global para promover los intereses de Brasil y del resto de aliados.

También parece evidente la necesidad del país de prepararse para la fase posterior al control económico de los EUA del mundo como la primera economía del mundo y su sustitución ante China. Tenemos espacio para negociaciones dentro de la disputa campaña-americana y podemos condicionar la compraventa o instalación de servicios y cadenas de alto valor agregado o conocimiento sensible, intentando conseguir transferencias de tecnologías e instalación de parque industrial, siguiendo el mismo criterio de la compraventa de equipamiento militar (cuando tan relevante como el arsenal adquirido es incorporar el conocimiento agregado).

Los BRICS también pueden venir a fortalecer la actuación de Brasil para liderar los esfuerzos internacionales en la defensa de la democracia, libertades fundamentales y derechos humanos. En este sentido, formaría un espacio importante para superar la relación hipócrita con el Apartheid colonial promovido por Israel y el apoyo incondicional de Estados Unidos a los crímenes contra Gaza y Cisjordania. Es importante quitar la “bandera de los derechos humanos” del país que es el mayor violador de estos derechos, manteniendo varias prisiones ilegales, incluyendo la absurda mazmorra de Guantánamo, que ocupa de forma ilegal el territorio soberano de Cuba.

Es preciso aumentar la influencia del Grupo de los BRICS en el enfrentamiento de las diversas interrogaciones de seguridad y combate al terrorismo en nivel internacional, frenando los intentos de aventuras con agresiones imperialistas frecuentemente cometidas por los países miembros de la OTAN. Brasil podría cumplir un papel estratégico en este sentido, evitando carreras de tipo realismo regional (conflictos potenciales entre países vecinos) y contraponiendo la presencia hegemónica de las fuerzas estadunidenses y británicas en el llamado Escudo Atlántico. Para conseguirlo, es preciso establecer convenios militares con los países que cohabitan del Océano Atlántico en su mitad sur, aumentar la actividad de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (Zopacas), una iniciativa de la ONU en 1986 y que tiene en nuestro país su mayor propulsor.

Considerando que Brasil tiene cerca de 16 millones de ciudadanos de origen árabe, y Rusia, China e India tienen una gran cantidad de su población islámica, evidente los BRICS deben proyectar un papel efectivo en las interrogaciones de los países miembros de la Aleación Árabe y del Mundo Islámico en todos los aspectos. Brasil, en específico, tiene vínculos históricos con Líbano (nuestra mayor colonia árabe) y Siria, y debería estar presente en los aciertos de seguridad regional y de la UNIFIL, para precaver los dos países soberanos de las constantes agresiones del Estado Colonial de Israel. El mismo se da en la defensa de un Estado Palestino libre, soberano y plenipotenciario, implicando recursos hídricos y extensión territorial. Por fin, los BRICS pueden jugar un papel fundamental en el Gran Oriente Medio, tanto en términos de seguridad, con la presencia naval en el Mediterráneo, Mar Rojo y Golfo Pérsico, como en la garantía de reservas estratégicas, superando los índices especulativos anglo-sajones del Brent y del WTI.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

LEER: América Latina celebra la semana de solidaridad con Palestina

Categorías
ArtículosArtículos de OpiniónAsia y AméricaBrasilEEUUOrganizaciones InternacionalesOriente MedioRegiónReportajes y Análisis

Bruno Beaklini (Bruno Lima Rocha Beaklini), activista socialista libertario de origen árabe-brasileño, politólogo y profesor de relaciones internacionales y periodismo. Escribe semanalmente para MEMO y sus textos se publican regularmente en portales como IHU, GGN, Brasil de Fato, Repórter Popular, Semana On, El Coyote, Blog de Canhota, Brasil de Fato, Forum, Outras Palavrasa, Brasil Debate y artículos especiales en Carta Maior. Tiene una presencia frecuente en las radios latinoamericanas y de habla hispana, además de participar en entrevistas para la TV hispana, Press TV, RT y Radio Sputnik. Editor de los canales del portal Estratégia & Análise.

Mantente [email protected]

Subscríbete para recibir nuestros boletines