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Recordando el asedio de La Meca en 1979

Humo saliendo de la Gran Mezquita durante el asalto de La Meca en 1979 [Wikipedia]

Qué: Los extremistas religiosos en Arabia Saudí, bajo el carismático liderazgo de un hombre descontento con el acceso occidental al Reino, se apoderaron de la Gran Mezquita de La Meca durante dos semanas.

Cuándo: 20 de noviembre – 4 de diciembre de 1979

Dónde: La Meca, Arabia Saudí

Algunos años son tranquilos y otros están llenos de incidentes que provocan ondas en todo el mundo. Con la invasión soviética de Afganistán, la Revolución Islámica en Irán dirigida por el ayatolá Khomeini, la consolidación oficial del poder de Saddam Hussein en Iraq y el asedio de la ciudad sagrada de La Meca, el 1979 fue uno de esos años trascendentales.

La Meca – celebrada en los corazones de todos los musulmanes como el lugar de nacimiento del Profeta Muhammad y el lugar de la Kaaba, la primera estructura en la tierra construida para la adoración de un solo Dios, y por lo tanto el centro de peregrinación para millones de personas cada año – es una ciudad que es difícil imaginarla siendo invadida. Sin embargo, tales incidentes han tenido lugar a lo largo de la historia islámica: los omeyas, abasíes y otros imperios islámicos; e incluso las fuerzas de Ibn Saud en 1924, pero muchos olvidan que incluso ocurrió el asedio de 1979.

A primera hora de la mañana del 20 de noviembre de 1979, dos semanas después de la peregrinación del Hach de ese año y en la víspera del nuevo siglo del calendario islámico Hijri (1399/1400), los disparos sonaron en el patio de la Gran Mezquita en La Meca momentos después de que el imam del santuario hubiese terminado las oraciones congregacionales de la mañana. A medida que se extendía el pánico, dos guardias desarmados fueron asesinados — las primeras víctimas del asedio — y se cerraron las puertas para evitar que los peregrinos escapasen y llegasen refuerzos. Entonces, uno de los atacantes agarró el micrófono al lado de la Kaaba.

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“¡Subid a los minaretes! ¡Francotiradores en posición! ¡Cerrad las puertas! ¡Desplegad los guardias! ¡Guardias en posición y centinelas frente a las puertas!”, ordenó el hombre. Fue uno de los cabecillas del incidente, Juhayman Al-Otaybi. Luego, otro hombre sorprendió al mundo musulmán al afirmar que el líder del grupo, Muhammad Bin Abdullah Al-Qahtani, era el “Mahdi”, la figura tan esperada que guiará al mundo musulmán hacia el final de los tiempos, que había llegado para librarlo del mal del mundo moderno. Agregó que la familia real saudí y los académicos eran ilegítimos, que su autoridad debía ser rechazada y que todos los que estaban dentro del santuario debían dar un paso al frente y jurar su lealtad al “Mahdi”.

Hajj pilgrims pray around the Kaaba in Mecca, Saudi Arabia on 2 August 2019 [Halil Sağırkaya/Anadolu Agency]

Los peregrinos del Hach rezan alrededor de la Kaaba en La Meca, Arabia Saudí, el 2 de agosto de 2019 [Halil Sağırkaya / Agencia Anadolu]

Juhayman Al-Otaybi era un ex soldado de la Guardia Nacional de Arabia Saudí, un importante cuerpo militar tradicionalmente formado por combatientes beduinos leales a la familia real saudí y la rama salafista del Islam con la que está asociado. Su propio abuelo fue el famoso líder del movimiento Ikhwan (que no debe confundirse con los Hermanos Musulmanes), el Sultán Bin Bajad Bin Hameed Al-Otaybi, quien encabezó una rebelión contra el fundador del Reino, el Rey Abdulaziz Al-Saud, a finales de la década de 1920 tras ser su partidario más devoto. Al ver los acuerdos de Al-Saud con las potencias occidentales, su misión de modernizar el país y sus órdenes de cesar las incursiones expansionistas en Iraq y las regiones fronterizas del Reino, los combatientes de Ikhwan libraron una guerra contra el Rey, en la que el padre de Juhayman Al-Otaybi también se unió antes de que fuera derrotado con la ayuda de los británicos.

Estos vestigios del pensamiento polarizado y extremo de los antepasados ​​de Al-Otaybi vivieron en él, y con su carisma y misión ideológica continuó ese legado apoderándose del corazón del mundo islámico. Observó la rápida modernización del Reino y su adopción de nuevos avances tecnológicos, particularmente en la vida cotidiana y el entretenimiento, y como gran parte de la clase clerical conservadora en Arabia Saudí, se opuso.

Con 400 militantes ocupando la Gran Mezquita y reteniendo a sus habitantes y peregrinos como rehenes, más tarde se supo que habían pasado de contrabando armas, alimentos y municiones al santuario llevándolos en ataúdes. Estos últimos no son una imagen inusual, puesto que el imam dirige numerosas oraciones funerarias a diario.

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Después de dos semanas de disparos entre los militantes y las fuerzas de seguridad saudíes – de las cuales decenas murieron y aún más resultaron heridas – el ministro del Interior, el príncipe Nayef Bin Abdulaziz, afirmó la dificultad del Reino para manejar la situación y pidió a la fuerza de contrainsurgencia de élite de Francia, el Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN), que les ayudasen a ponerle fin. Muchos también informaron que para que los miembros de la GIGN entrasen a la ciudad de La Meca, que es estrictamente solo para musulmanes, tuvieron que recitar la declaración de fe islámica y aceptar la religión oficialmente.

El GIGN abordó la crisis estratégicamente, liberando gas dentro de la Gran Mezquita, lo que provocó vómitos y ceguera temporal, permitiendo que las fuerzas saudíes junto con los comandos pakistaníes entrasen al lugar y eliminasen a los militantes. Después de abrirse paso más profundamente en el santuario y matar al autoproclamado “Mahdi” Al-Qahtani, los militantes restantes fueron desarmados y detenidos; Al-Otaybi se encontraba entre ellos.

El 4 de diciembre de 1979, la crisis terminó con la Gran Mezquita de La Meca completamente purgada de los militantes y sus líderes ideológicos. Después de un juicio, Juhayman Al-Otaybi y 67 de sus combatientes fueron decapitados públicamente en varias ciudades de Arabia Saudí el mes siguiente.

Legado

Al-Otaybi y su grupo, muchos de los cuales eran étnica y culturalmente diversos y provenían de regiones fuera de Arabia Saudí, fallaron en su misión de ser los “salvadores” del mundo islámico con el falso “Mahdi” a la cabeza. La ideología que los impulsó, sin embargo, ha vivido y supuestamente inspira a muchos militantes extremistas en toda la región y el mundo hasta el día de hoy, incluido Daesh. Su desprecio por la creciente modernización suena a verdad en muchos de esos grupos, que ven esas políticas como una invasión de la occidentalización y el imperialismo cultural.

Como de costumbre, sería una tontería culpar al elemento religioso de su ideología; se opusieron incluso a los mayores estudiosos salafistas de la época, como Abdul Aziz Bin Baz, y fueron considerados extremistas incluso antes de su complot. Si bien muchos estarían en desacuerdo con las políticas del Reino de Arabia Saudí hoy, es justo decir que Al-Otaybi y sus seguidores militantes eran esencialmente los descendientes del derrotado movimiento Ikhwan y los predecesores de los grupos que actualmente plagan y son explotados por agencias de seguridad en todo el mundo.

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Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Muhammad Hussein actualmente lee política en una universidad en LondresMuhammad Hussein actualmente lee política en una universidad en LondresMuhammad Hussein actualmente estudia política en una universidad de Londres. Tiene un gran interés en la poliítica de Oriente Medio e internacional.

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