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Por qué Iraq no puede actuar como un puente entre Irán y Estados Unidos

El primer ministro designado de Iraq, Adel Abdul Mahdi [ACMCU / Twitter]

El reciente y brusco aumento de la tensión entre Irán y Estados Unidos ha provocado una oleada de informes y comentarios que hablan de la posibilidad de un enfrentamiento militar entre las dos potencias.

Gran parte del análisis se centra en el Golfo Pérsico, y específicamente en el Estrecho de Ormuz, como el lugar potencial de un choque militar entre Irán y los Estados Unidos. A primera vista, estas predicciones nefastas parecen creíbles, especialmente en el contexto de las crecientes tensiones en el Golfo, con los Emiratos Árabes Unidos acusando a un “agente estatal” de sabotear a cuatro petroleros frente a sus costas el mes pasado.

Dejando de lado el alarmismo de los medios de comunicación, la probabilidad de un choque militar directo entre Irán y Estados Unidos es muy baja, al menos en el futuro previsible. Sin embargo, la trayectoria actual sugiere una tendencia ascendente en tensión con las ramificaciones de la paz y la seguridad en todo Oriente Medio.

Ningún país está más afectado por la creciente tensión que Iraq, donde tanto Irán como los Estados Unidos ejercen una influencia considerable. El deterioro sostenido en las relaciones entre Irán y Estados Unidos es una muy mala noticia para Iraq, cuya frágil estabilidad depende de una inquietante distensión entre los iraníes y los estadounidenses dentro de Iraq.

 

¿Iraq como mediador?

Como las tensiones entre Irán y los Estados Unidos aumentaron el mes pasado -como lo demostró la decisión de los Estados Unidos de aumentar su presencia militar en la región- el primer Ministro iraquí Adel Abdul Mahdi se ofreció a mediar entre los antiguos adversarios, llegando a describirlo como el “deber nacional” de Iraq.

Este enfoque preventivo de Iraq sorprendió a algunos observadores, entre otras cosas porque desde la invasión angloamericana de Iraq en 2003, el país ha desempeñado un papel generalmente pasivo en los asuntos regionales. Esto fue en parte un reflejo del caos interno del país, como lo demuestran las múltiples insurgencias contra los ocupantes estadounidenses y británicos, y más tarde una lucha existencial contra el legado principal de la ocupación, concretamente, el fenómeno Daesh.

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La postura preventiva de Abdul Mahdi se debe ver en el contexto de que Iraq intenta reafirmarse en el escenario regional después de más de quince años de rápido declive e introversión extrema. ¿Pero cuán realista es este enfoque, especialmente en vista de la postura relativamente débil del gobierno iraquí frente a las fuerzas centrífugas del país, especialmente el norte kurdo, los focos persistentes de la oposición árabe sunita en el oeste y un sur chií cada vez más seguro de sí mismo?

Esta pregunta se vuelve aún más molesta cuando consideramos que las tres fuerzas centrífugas son explotadas por Estados Unidos e Irán, no solo para aumentar su presencia respectiva dentro de Iraq sino, lo que es más importante, para socavar las posiciones de los demás.

Así, por ejemplo, Estados Unidos ha tratado arduamente de convertir el norte kurdo, como encarna el Gobierno Regional del Kurdistán, en un bastión de influencia y como un control del alcance y el poder de Bagdad. Además, a pesar de las experiencias negativas de la antigua insurgencia iraquí, Estados Unidos considera a los focos de la resistencia antigubernamental árabe sunita (particularmente en las provincias de Anbar y Nínive) como posibles aliados contra un gobierno central pro-iraní en Bagdad.

Por su parte, Irán ha desarrollado pacientemente una vasta red de patrocinio e influencia en el sur y centro del país dominado por los chiítas, en la medida en que el alcance político y económico de Irán en Iraq eclipsa la influencia estadounidense.

 

¿Guerra de poderes?

A pesar de la aparente sinceridad de Abdul Mahdi, Iraq no puede actuar como un mediador eficaz entre Teherán y Washington. La debilidad inherente de Bagdad y, lo que es más importante, el peculiar equilibrio de poder entre Irán y Estados Unidos en Iraq, hacen que la mediación sea extremadamente difícil.

De hecho, la única vez que Irán y Estados Unidos lograron reducir las tensiones dentro de Iraq de manera sostenible fue cuando sus representantes se reunieron directamente en 2007. Además, ya existe un mediador regional bien establecido en la forma del Sultanato de Omán, cuyos servicios se han utilizado repetidamente por los dos poderes para reducir la tensión general y para resolver disputas específicas.

Iraq es fundamental para la rivalidad regional iraní-estadounidense, en la medida en que encarna su forma general y sus complejidades. Para empezar, Irán y Estados Unidos tienen suficientes intereses en común dentro de Iraq para no chocar directamente. La más importante de ellas es la lucha contra el terrorismo internacional, encarnada por Daesh y sus aliados. Lo mismo puede decirse con respecto a la región en general, concretamente, que las dos potencias tienen un interés compartido en mantener una apariencia de estabilidad.

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Sin embargo, en última instancia, los intereses iraníes y estadounidenses divergen bruscamente en Iraq (como lo hacen en toda la región) debido al deseo de Irán de profundizar su condición de potencia dominante indígena de la región a expensas de la hegemonía estadounidense y el neoimperialismo.

A medida que aumenta la tensión en los próximos meses y años, en lugar de enfrentarse directamente (lo que ambas potencias identifican correctamente como contraproducente), es probable que los iraníes y los estadounidenses intensifiquen la guerra de poder, con Iraq una vez más como el campo de batalla central. La única diferencia es que, a diferencia de hace diez años, esta vez Irán está en una posición mucho mejor para infligir golpes decisivos en la postura estadounidense en Iraq y, por extensión, en toda la presencia regional de Estados Unidos.

Iran Deal - Cartoon [Sabaaneh/MiddleEastMonitor]

Acuerdo de Irán – Viñeta [Sabaaneh/MiddleEastMonitor]

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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