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Eurovisión y el significado del boicot cultural a Israel

La gente toma sus asientos mientras comienza el concurso de Eurovisión [fotospielwiese / Flickr]

Basándose en la terminología religiosa, Israel afirma ser una “luz para las naciones”, un ejemplo que el resto debe seguir. En épocas pasadas, esta interpretación tuvo cierto grado de éxito entre los ingenuos liberales occidentales e incluso algunos izquierdistas.

Pero ya no, parece, ya que la posición internacional de Israel continúa hundiéndose, y con razón.

Esta semana, The Guardian publicó una carta de un grupo de importantes figuras culturales del Reino Unido que piden que se boicotee Eurovisión de este año, debido a que se celebra en Israel.

Es el último hito importante en la campaña para promover el boicot cultural de Israel, a medida que crece el impulso contra Eurovisión 2019 que se celebra allí.

Leer: 60 human rights groups back international call to boycott Eurovision in Israel

Desde el inicio del movimiento BDS, desde que fue establecido formalmente por la sociedad civil palestina en 2005, el boicot cultural ha sido un aspecto clave de la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones.

Es precisamente la autoimagen de Israel como una “luz para las naciones” lo que hace que el boicot cultural sea tan resonante. Realmente ha tocado la fibra entre las élites israelíes y sus activistas.

Una vez escuché al historiador israelí disidente Ilan Pappe explicar por qué esto es así. Según Pappe, el arte, la música, la cultura pop y otras formas de expresión creativa cumplen el mismo papel en el mito nacional israelí que los deportes en el mito nacional afrikáner durante la era del apartheid sudafricano.

Mientras los afrikaners se veían como una nación fuerte y viril de pioneros y colonizadores que traían la “civilización” al llamado “continente oscuro” de África, los israelíes judíos se ven a sí mismos como una nación de valientes supervivientes que llevan la cultura, la iluminación y los “valores occidentales” al mundo árabe “incivilizado” y “bárbaro”.

En otras palabras, citando al ex primer ministro israelí Ehud Barak, Israel es una “villa en la jungla”; tenga en cuenta la implicación racista de que los árabes son animales.

Los dos mitos nacionales en realidad no son tan diferentes, y en muchos aspectos son caras de la misma moneda. Estos dos mitos fueron y son en realidad apoyados por ambas poblaciones coloniales y de colonos.

Los afrikaners también se consideraban cultos, contrastando brutalmente con su caricatura racista del “salvaje negro”. Y el sionismo también ha tenido siempre un ridículo fetiche por su llamado “nuevo judío”, los “sabras” de Israel, que eran diferentes al cobarde y rastrero “viejo judío” de la odiada diáspora; véase el interiorizado antisemitismo del sionismo.

Leer: UK band boycotts Eurovision to be held in Israel

(Resulta evidente en este sentido que el primer primer ministro israelí, David Ben Gurion, mantuvo puntos de vista intensamente racistas y antisemitas contra los judíos de las tierras árabes, describiendo en su día a los judíos de Marruecos como “salvajes”).

Así que este es otro aspecto más en el que el apartheid sudafricano y el apartheid israelí son muy similares. Pero también es cierto, como señaló Pappe, que el boicot deportivo, que tan satisfactoriamente atacó el apartheid de Sudáfrica, en su día tuvo un lugar emblemático en el movimiento de boicot de Sudáfrica, análogo al que el movimiento de boicot cultural tiene ahora en el caso de Israel.

Ningún otro aspecto del BDS ha molestado tanto a Israel y a sus propagandistas internacionales, y lo hace de una manera que a menudo expone su propio racismo, profundamente arraigado.

El último ejemplo de esto sucedió la semana pasada.

The Tuts (una banda de tres miembros organizada según la ética DIY del punk) anunciaron en Twitter que les habían pedido participar en el concurso para convertirse en el representante del Reino Unido ante Eurovisión 2019.

Citaron el hecho de que el concurso musical se vaya a celebrar en Israel como la razón por la que se negaron:

David Collier y Simon Cobbs, dos de los propagandistas británicos de Israel, simplemente no pudieron evitarlo, e intentaron acosar y burlarse de la banda en Twitter con una incitación abiertamente racista:

Los dos se defendieron más tarde, afirmando que no tenía “absolutamente nada que ver con el color”, y que habían estado simplemente “burlándose del discurso de las jóvenes”.

No obstante, parece muy improbable que los dos hubiesen respondido con la misma idea racista hacia el dialecto patwa, de cómo las mujeres negras y morenas supuestamente hablan, si las tres integrantes del grupo fueran blancas.

La banda en sí misma pareció estar de acuerdo, dándole a “me gusta” en mi tuit de arriba. También retuitearon un tuit en el que se denunciaba la descarada islamofobia del blog anti-palestino de extrema derecha llamado “Israellycool”:

Mientras tanto, esta semana, la carta a The Guardian que mencioné anteriormente tiene una cobertura relativamente buena por parte de la prensa; considerando a algunos de los signatarios, fue más difícil de ignorar que de costumbre.

Las celebridades que apoyaron la petición al boicot de Eurovisión 2019 incluyeron: Roger Waters de Pink Floyd, los actores Miriam Margolyes y Maxine Peake y los directores de cine Mike Leigh y Ken Loach.

Wolf Alice, la banda que ganó el Premio Mercury de música el año pasado, también firmó.

También la semana pasada, una coalición de más de 60 grupos LGBTQ respaldó el llamado a boicotear el evento de Tel Aviv, un evento sumamente significativo teniendo en cuenta que las comunidades LGBTQ se consideran un grupo demográfico clave para la audiencia de Eurovisión.

El impulso contra la propaganda israelí de Eurovisión sigue creciendo cada vez más.

Global artists call for a boycott on Eurovision in solidarity with Palestinians - Cartoon [Sabaaneh/MiddleEastMonitor]

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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Asa Winstanley

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

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