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El racismo y la crueldad de Israel van más allá de las normas y las leyes del mundo civilizado

Cristianos ortodoxos celebran la epifanía en la iglesia de San Pervario en Gaza [Mohammed Asad/Middle East Monitor]

Recientemente, varios israelíes insultaron a Jesucristo en un museo de Haifa, convirtiéndole en una caricatura ofensiva e insultando el aniversario de su bendito nacimiento. Era como si estuvieran recordando el perseguirle por las montañas y valles de Palestina. A día de hoy, insultan a la mezquita de Al-Aqsa y a la cúpula de la Mezquita de la Roca en Jerusalén para tratar de borrar las huellas de lo pasos del profeta Muhammad en Palestina (la paz sea con él).

Otros israelíes han golpeado a eruditos religiosos y han acosado a quienes han permanecido varios días en la mezquita para completar sus actos de adoración. Las autoridades de la ocupación israelíes están expulsando de Palestina tanto a musulmanes como a cristianos y confiscando las dotaciones islámicas y cristianas. Han hecho redadas en casas, han aterrorizado y encarcelado a los niños; han asesinado a palestinos; han confiscado casas y tierras; y han humillado a la gente al colocar barreras y puntos de control entre pueblos y ciudades. Los enemigos de la humanidad se refieren a Israel como un “oasis de democracia”, y cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de otros gobiernos. Mientras tanto, los regímenes árabes se apresuran a establecer relaciones con Israel, celebrar fiestas para sus ministros y recibirlos en sus palacios reales.

Israel ejecuta un racismo y una criminalidad sin precedentes; su crueldad y su racismo van más allá de las leyes y normas del mundo civilizado.

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Hay 14 millones de palestinos viviendo sin estabilidad o seguridad. Las familias no pueden estar juntas en un mismo lugar. Catorce millones de hombres, mujeres y niños repartidos por el mundo; los que se encuentran en países árabes han sido encarcelados, abusados, humillados y les han negado el acceso a los empleos; se ven obligados a aceptar la narrativa árabe oficial de la causa palestina.

Los palestinos conocen las masacres de su pueblo como el nombre de sus propios hijos: de Al-Wehdat a Jerash, Tel El-Zaatar, Sabra, Shatila, Jenin, Rafah, Khan Younis, Kafr Qasim, Deir Yassin, Jaffa y Ramleh. Da igual quiénes fueron los asesinos, ya que puede que tuvieran nombres árabes, pero sus corazones eran sionistas. Es importante saber que todos compartían un objetivo: eliminar al pueblo palestino, un pueblo que se niega a formar parte de sus cálculos y que no puede normalizarse con la criminalidad o ignorarse. Son pacientes, y atacarán cuando menos se espere, cambiando las tornas para sus enemigos.

Existe un racismo sin rival en Israel a día de hoy. Vemos cómo bandas asesinas de colonos ilegales cometen crímenes con un descarado desprecio por la vida humana. Los matones de Israel, disfrazados de soldados con sus uniformes, atacan a civiles con las armas y municiones más recientes, incluyendo uranio empobrecido, fósforo blanco y bombas masivas; atacan por tierra, mar y aire. Saben que la gente está relativamente indefensa y que no se rendirá.

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La existencia de Israel es un crimen en sí misma, y, si nos referimos a su misión, descubriremos que es otra catástrofe a la espera. Está preparándose para tomar las capitales árabes una por una, de forma directa o secreta. Nadie está a salvo, pero a los líderes árabes no parece importarles que el Estado sionista sea una entidad con armas nucleares y con una máquina militar incontrolable a su disposición.

¿Cómo pueden los líderes árabes mirar a su pueblo a sus ojos mientras se alían con los criminales que asaltaron Palestina y profanaron sus santidades, que pertenecen a toda la Ummah? ¿Cómo pueden los cristianos de Occidente hacer oídos sordos al daño causado a las santidades y a los lugares sagrados cristianos de la Palestina ocupada? Los crímenes Israel se amontonan sobre más crímenes con total impunidad. Los palestinos expulsados saben todo esto, y saben que lo que les une es su determinación a sobrevivir y perseverar para acabar con el racismo y la crueldad de Israel, que opera por encima de la ley, y expulsarlo de su tierra, la tierra de los Profetas y los Mensajeros. Que el Todopoderoso nos conceda Su misericordia en esta misión. Amén.

 

Este artículo fue publicado en Echoroukonline el 15 de enero de 2019.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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