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Canadá y Arabia Saudí sopesan el coste de las armas y los derechos humanos

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, durante una conferencia en Montreal, Quebec, el 17 de septiembre de 2017 REUTERS/Christinne Muschi

La crisis diplomática entre Canadá y Arabia Saudí cumple casi un mes. Esta crisis estalló después de que un oficial canadiense criticara el terrible historial de derechos humanos de Arabia Saudí en un tweet y pidiera a las autoridades saudíes que pusieran fin al trato arbitrario hacia los activistas. La reacción de los saudíes sugiere que la crisis todavía no ha llegado a sus clímax, a pesar de que Riad ha retirado a miles de alumnos que estudiaban en Canadá y ha trasladado a pacientes que recibían tratamiento en hospitales canadienses. Lo hizo con la intención de dañar la economía canadiense y enviar un mensaje a cualquiera que piense en criticar al Reino.

Sin embargo, fuentes fiables afirman que el gobierno en Riad ha visto en esta crisis la oportunidad de cancelar contratos firmados con el gobierno canadiense que no puede pagar debido a las dificultades económicas que sufre como resultado de las políticas imprudentes del príncipe heredero, Mohammad Bin Salman, y las enormes cantidades de dinero malgastadas en acuerdos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Además, se han producido filtraciones desde círculos diplomáticos que afirman que Arabia Saudí está pensando seriamente en cancelar el acuerdo armamentístico firmado con Canadá en 2014, sumido en la controversia.

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    Se trata de un tema complicado, ya que lo firmó el antiguo gobierno canadiense de Stephen Harper, y se han planteado preguntas acerca de cómo de consistente es con la constitución, que prohíbe la venta de armas a países que violen los derechos humanos. El actual primer ministro, Justin Trudeau, ha tenido que lidiar con un hecho consumado, completar el acuerdo de 12.000 millones de dólares a lo largo de 15 años. Según él, la venta de su país de vehículos blindados a Riad se ajustaba a “intereses nacionales de Canadá, y no violaba los derechos humanos.” Trudeau dijo en una sesión del parlamento canadiense que “los permisos sólo se aprueban si las exportaciones son consistentes con nuestras políticas de defensa y exteriores, incluidos los derechos humanos. Nuestro enfoque cumple totalmente con nuestras obligaciones nacionales y con las leyes canadienses.”

En 2015, los periódicos canadienses revelaron detalles del acuerdo entre Riad y Ottawa, y, el año siguiente, Trudeau dijo que su gobierno no lo cancelaría, ya que ya estaba en vigor. Se filtraron historias sobre Arabia Saudí recibiendo algunas armas, así como usando los vehículos para operaciones represivas en la zona de Qatif.

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    Cuando se sacaba este tema, se señalaba a Canadá como culpable, nación de la que se espera que actúe como países como Noruega, defendiendo y respetando los derechos humanos, es decir, cancelando el acuerdo. Era una fuente de humillación para el gobierno canadiense hasta la actual crisis diplomática, en la que la situación ha cambiado en parte debido a la respuesta desproporcionada de Arabia Saudí a un tweet que criticaba las medidas tomadas contra los activistas a favor de los derechos humanos. Algunas de las personas en cuestión pidieron y recibieron asilo político en Canadá; la mujer y los hijos del bloguero Raif Badawi, por ejemplo. Badawi está entre rejas en Arabia Saudí por, se supone, “insultar al islam”.

La reacción saudí fue una sorpresa para muchos. Se dice que a Bin Salman se le ha agotado el dinero tras firmar acuerdos presionado por EEUU y Reino Unido a cambio de su apoyo una vez su padre muera y sea coronado rey. Por eso se están acabando los fondos en Riad. Arabia Saudí canceló un gran acuerdo militar con Ankara, y desestimó su demanda de recibir cuatro buques de guerra fabricados en Turquía, después de que Bin Salman completara un gran acuerdo con EEUU durante la visita de Trump al Reino en mayo del año pasado. Esta es la realidad de Arabia Saudí a día de hoy, y no debería sorprendernos cómo Ottawa y Riad sopesan el costo entre el negocio de las armas y la cuestión de los derechos humanos.

 

    Este artículo fue publicado en árabe en Al-Araby Al-Jadeed el 30 de agosto de 2018.

    Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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