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Por qué el proyecto de la “OTAN Árabe” de Trump no frenará a Irán

Estrecho de Bab AL-Mandeb [U.S. Naval Forces Central Command/Flickr]

La primera ronda de lo que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, llama “las sanciones más severas jamás impuestas” contra Teherán entró en vigencia el 7 de agosto. “Quien negocie con Irán NO negociará con Estados Unidos,” continuó Trump en un tweet publicado esa misma mañana. En noviembre entrará en vigor una segunda ronda aún más dura de sanciones estadounidenses contra la República Islámica, establecidas después de que Washington se retirara del acuerdo nuclear de 2015 entre Irán y las potencias mundiales.

Sin embargo, la presión económica no es la única herramienta que EEUU y sus aliados utilizan para debilitar a Irán. En los últimos meses, el gobierno de Trump ha trabajado discretamente para forjar una nueva alianza de seguridad con los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) – Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait, Qatar y Omán –, así como con Egipto y Jordania, para contrarrestar lo que Washington considera una agresiva expansión iraní en la región. Conocida tentativamente como la Alianza Estratégica de Oriente Medio (MESA) – pero que ya recibe el mote de la “OTAN Árabe” por parte de la presa internacional –, los oficiales estadounidenses y árabes afirman que la coalición se ha planificado con el objetivo de expandir la cooperación en la lucha contra el terrorismo, la defensa misil y la formación militar, en parte para abordar los desafíos de seguridad que suponen Irán y sus aliados.

Sin embargo, el concepto básico de una OTAN Árabe es estructuralmente defectuoso y tiene pocas posibilidades de éxito.

A diferencia de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, establecida basándose en los intereses compartidos de una “cultura estratégica” más o menos común frente a la amenaza soviética, los países sunníes que la administración de Trump espera que se unan a la nueva alianza están en desacuerdo en temas fundamentales, incluida la cuestión crucial de como conducir la relación con Irán. Mientras que Arabia Saudí y Emiratos consideran a Teherán como su mayor enemigo y libran una larga guerra contra los hutíes en Yemen, Kuwait y, en particular, Omán, han disfrutado históricamente de paz y periodos de cooperación cercana con Irán. Mientras que Mascate facilitó las negociaciones secretas entre los oficiales iraníes y americanos que, finalmente, desembocaron en el histórico acuerdo nuclear; Arabia Saudí, EAU y Bahréin se han opuesto constantemente al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), como se conoce formalmente al acuerdo.

Un obstáculo aún mayor para la formación y el funcionamiento de una OTAN Árabe es el cisma que enfrenta a EAU, Arabia Saudí y Bahréin contra Qatar. Esta crisis comenzó en junio de 2017, cuando Riad, Abu Dabi y Manama decidieron aislar a su pequeño vecino, cortando los lazos diplomáticos y comerciales con Doha debido a su supuesto apoyo al terrorismo y su relación con Irán. Hay que señalar que Qatar alberga la mayor base aérea estadounidense de la región, mientras que Arabia Saudí es el mayor comprador de armas americana; por lo tanto, la crisis pone a los Estados Unidos en una posición incómoda frente a sus dos aliados más importantes en Oriente Medio.

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La idea de forjar una OTAN Árabe, mencionada oficialmente por primera vez por Trump durante su viaje a Riad en 2017, parece ser un intento de lo que se ha acabado por conocer en las relaciones internacionales como “pasar la bola”. Dicho de otra forma; al perseguir una política exterior cuya máxima es “América Primero”, el gobierno de Trump intenta pasar a sus aliados árabes la responsabilidad de enfrentarse a Irán. La administración parece estar decidida a usar este plan como un catalizador para ventas de armas rentables a esos países; horas después de que el presidente de los EEUU aterrizara en Riad el año pasado, él y el rey saudí Salman firmaron varios acuerdos, incluido un acuerdo armamentístico con un valor de unos 110.000 millones de dólares, de efectividad inmediata, junto a otro de 350.000 millones que se llevará a cabo a lo largo de la próxima década.

Trump destruye Oriente Medio con el apoyo saudí. Caricatura[Sabaaneh/MiddleEastMonitor]

Pero, respecto al enfrentamiento con Teherán, lo que los aliados árabes de Estados Unidos también quieren hacer es, precisamente, escurrir el bulto. Poco dispuestos o incapaces de enfrentarse directamente a Irán, sus rivales sunníes esperan persuadir a Estados Unidos o incluso a Israel para que ellos hagan el trabajo duro en su lugar. Tal y como lo describió un analista, Arabia Saudí pretende luchar contra Irán “hasta el último estadounidense”, atrayéndolo a una guerra con la República Islámica. Este choque fundamental de percepciones y expectativas en el núcleo del concepto no es un buen augurio para la creación exitosa de una OTAN Árabe – especialmente dada la ironía de que estos planes se discuten al mismo tiempo que Trump amenaza con romper la OTAN original si sus otros aliados no aumentan su gasto militar.

Por último, no está claro cómo una organización así se enfrentaría a Irán en la práctica. Puede que una alianza exitosa sea capaz (como ha enfatizado hace poco Israel) de evitar que Teherán establezca una presencia militar a largo plazo en Siria, así como de derrotar a los hutíes chiíes en Yemen y restaurar en el poder al presidente Abdrabbuh Mansour Hadi, aliado saudí, o, más concretamente, de establecer un escudo defensivo misil que cubra todo Oriente Medio.

Pero, a menos que se resuelvan los conflictos internos entre sus miembros potenciales y se llegue a un consenso político sobre el reparto de la carga, el proyecto del gobierno de Trump de pasarle la bola a una OTAN Árabe no será una realidad.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

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Maysam Behravesh es una periodista multimedia del canal de TV Iran International, además de estudiante de Doctorado y colaboradora del Center for Middle Eastern Studies, de la Lund University, en Suecia.

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