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La crisis del Golfo desestabiliza Somalia

El emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, con su homólogo somalí, Mohamed Abdullahi 'Farmajo' Mohamed, en Doha el 14 de mayo de 2018 [Katar Emirlik Divani / Agencia Anadolu]

El impacto del embargo contra Qatar continúa teniendo extrañas consecuencias más allá del golfo arabo-pérsico. Somalia se ve cada vez más afectada por su enfoque esquizofrénico respecto a Arabia Saudí, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos (EAU) por una parte, y a Qatar por la otra, exacerbado, éste último por un frágil sistema federal en el que las responsabilidades constitucionales de los asuntos exteriores se expresan vagamente.

El presidente somalí, Mohamed Abudllahi Mohamed – más conocido como Farmajo – ha intentado seguir un rumbo neutral entre los dos bandos, a pesar de que Arabia Saudí ofreciera a los países del Cuerno de África para cortar sus lazos con Irán en 2016 y, desde 2015, para ayudar en el conflicto contra los hutíes en Yemen. Al principio, los EAU fueron escépticos, al considerar muchas opiniones del líder somalí demasiado cercanas al punto de vista qatarí.

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    A lo largo del último año, han empezado a aparecer grietas internas. El argumento era que Somalia ganaba más alineándose con la facción liderada por Arabia Saudí dentro del Consejo de Cooperación del Golfo. Los críticos de Farmajo hicieron referencia a las remesas de los emigrantes, las oportunidades portuarias y mercados más grandes para la exportación de ganado en caso de dar la espalda a Doha. Pero Mogadiscio se mantuvo firme; según la Constitución, sólo el gobierno federal tiene derecho a trazar las líneas a seguir de la política exterior del país. Esta división, forzada en Somalia por las acciones de Riad y Abu Dabi, puso innecesariamente en peligro la constitución somalí en un país que aún sigue inmerso en la etapa de reconstrucción del estado con los problemas propios tras un conflicto.

El pasado agosto, la región de Puntlandia, en el noroeste de Somalia, argumentó que Farmajo no había consultado apropiadamente con su administración Estatal el apoyo a la facción saudí-emiratí, y respaldó públicamente una nueva relación estratégica con su eje. Según describió Omar Mahmood en el Instituto para Estudios de Seguridad, probablemente esto se debió a una decisión de P&O Ports, establecida en Dubai, de firmar una concesión de treinta años para el puerto de Bosaso, que es el principal puerto de Puntlandia y que supondrá una gran fuente de ingresos. Poco después, las administraciones del sudoeste y de Galmagud hicieron declaraciones similares. En cuestión de días, el presidente regional de Galmagud fue destituido por una facción pro-Mogadiscio, dividiendo aún más el país, a medida que circulaban rumores de injerencia legal por parte del gobierno central. Incluso Galmagud quedó dividida y los partidarios de Mogadiscio se enfrentaron a los oponentes.

Los temores originales de Emiratos de que Farmajo favoreciera en secreto a Qatar (y Turquía) no son infundados; el presidente ha acercado el país a Doha y Ankara en varios frentes. Mientras tanto, muchas de sus intervenciones desde entonces, incluidas las incautaciones de efectivo y redadas en las casas de varios funcionarios, se han justificado con la idea de que EAU envía dinero a sus rivales domésticos. Los esfuerzos de DP World por construir un puerto en Berbera, en el Estado independentista de Somalilandia, han intensificado aún más las tensiones internas. La política somalí se ha vuelto cada vez más violenta en los últimos meses.

En caso de que colapsara el sistema federal, el posible ganador, según argumentó hace poco Crisis Group en un informe sobre los think tanks, sería de nuevo Al-Shabaab. Irónicamente, es esta clase de grupo extremista sobre cuya oposición Emiratos ha generado tanto capital diplomático.

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    Está de moda entre los analistas de Oriente Medio decir que hablar de la división suní-chií es orientalismo simplificado, y que los problemas locales son mucho más importante. Por desgracia, analizar el mundo mediante la división sunní-chí es exactamente lo que hacen Riad y Abu Dabi. Lo que está sucediendo en Somalia ilustra perfectamente como su visión mundial, definida fundamentalmente por su postura anti Irán, puede unirse sobre las rivalidades locales e intensificarlas. Esta visión mundial anti chií ya ha causado verdaderos problemas en Qatar, sobre la base de una débil afirmación de que la familia Al-Thani gobernante es demasiado cercana a Teherán. Qatar tiene el dinero y las conexiones internacionales suficientes como para poder ignorar el asedio por el momento.

Somalia no tiene esa suerte. El país es relativamente pobre, con un gobierno débil y un largo historial de violencia. Obligado a elegir entre dos bandos extranjeros, se está dividiendo innecesariamente. Farmajo intenta abordar la intromisión emiratí con medidas proactivas, pero, inevitablemente, está barriendo a sus rivales al tomar medidas enérgicas, intensificando la división. El hecho de que los somalíes tienen dos bandos para elegir se debe claramente a la pobre toma de decisiones de Riad y Abu Dabi. Lo que comenzó como un asedio sobre Doha no acabará ahí; el futuro de Somalia depende, en gran parte, de que las disputas del Consejo de Cooperación del Golfo puedan detenerse.

 

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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