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El pueblo de EE.UU. debe ponerse en pie y luchar contra el bloqueo a Gaza

Palestinos cruzan el paso de Rafah con dirección a Egipto después de que se abriera la frontera con Gaza el pasado 18 de mayo de 2018. [Abed Rahim Khatib/Anadolu Agency]

En un raro acto de intervención en política, la ex primera dama estadounidense Laura Bush reprendió a la administración de Trump por su política de “tolerancia cero” hacia los inmigrantes ilegales en la frontera con México. En un artículo en The Washington Post el pasado 17 de junio, la Sra. Bush calificó esta política como cruel e inmoral. “Me rompe el corazón”, aseguraba.

Entre el 5 y el 9 de mayo más de 2.300 niños y niñas fueron separados forzosamente de sus padres en la frontera entre Estados Unidos y México. La mayoría de ellos huían de la violencia y la opresión en países aliados de EE.UU., incluidos El Salvador, Honduras y Guatemala.

La Sra. Bush debe ser felicitada por su honradez y decencia. Pero, en la misma medida en que ella y la mayoría de los estadounidenses (el 58%) desaprueban la política del presidente, también deben hablar en contra del tormento que sufren los palestinos en la Franja de Gaza en sus pasos fronterizos. Lo que experimentan en las fronteras con Egipto e Israel no es menos cruel e inmoral. Es impactante, vergonzoso e inhumano.

Encontramos razones convincentes por las que el pueblo americano debe unirse en contra del bloqueo y el maltrato a la población de Gaza. Los países que perpetran esta política, Egipto e Israel, son los mayores receptores de ayuda económica y militar no sólo en Oriente Medio, sino globalmente. Las ayudas que reciben no provienen de las empresas de Donald Trump; sino de los impuestos pagados por los votantes americanos.

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A diferencia de la crisis en la frontera entre Estados Unidos y México que estalló bajo la actual administración, la tragedia en los cruces fronterizos de Gaza se lleva produciendo durante más de una década.

En 2006, un grupo de jóvenes palestinos asistió a un programa de estudio de intercambio juvenil en Estados Unidos. A pesar de la hospitalidad y la calidez de sus anfitriones, nunca trataron de quedarse cuando el programa terminó en 2007, prefirieron regresar a su tierra natal. Desafortunadamente, se quedaron parados en Washington durante dos meses porque el cruce de Rafah a través del que habían salido estaba cerrado. Irónicamente, si bien el Departamento de Estado no pudo convencer al régimen de Mubarak para que abriera el cruce, logró persuadir a los israelíes para que abrieran el suyo.

 

El lado palestino del paso de Rafah [Aljazeera Archive]

Once años después, los palestinos en Gaza dicen que la situación en las fronteras es infinitamente peor de lo que solía ser bajo Mubarak. No disfrutan de la libertad de movimiento como lo hacen los estadounidenses. Aquellos que desean viajar deben registrar sus nombres, que luego se clasifican en cuatro categorías: pacientes que buscan tratamiento médico en el extranjero, estudiantes que siguen carreras académicas, residentes de países extranjeros y finalmente aquellos que pueden pagar una tarifa a los egipcios que controlan el paso de Rafah.

No es sorprendente que las restricciones impuestas a los palestinos que intentan entrar o transitar por Egipto contrasten marcadamente con las cortesías otorgadas a los israelíes que viajan al centro turístico egipcio en Sharm Al-Sheikh. Para empezar, el cruce de Taba desde Israel está abierto los 365 días, a excepción de las festividades de Yom Kipur y el Eid. Y mientras que los palestinos empobrecidos deben pagar 300 shekels para ingresar a Egipto y regresar a Gaza, los israelíes no están obligados a pagar, ni se les exige visados ​​ni autorización de seguridad.

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Para los jóvenes palestinos, la libertad de viajar es aún más restringida. Si uno fuera a transitar por Egipto, podría ser autorizado y luego devuelto a Gaza por razones de “seguridad”. Si se les permite viajar, serán colocados en un autobús de ‘deportación’ directamente al Aeropuerto Internacional de El Cairo. Como resultado, muchos esperan hasta que estén en el autobús para llamar a un pariente o amigo para reservar su vuelo. Incluso el hecho de hacer una llamada telefónica es incierto porque las tarjetas SIM que se venden a los viajeros palestinos con frecuencia son falsas y no funcionan. Para los pocos que lo pueden pagar, reservan boletos flexibles antes de salir del enclave sitiado.

Una vez que se sellan sus pasaportes para entrar a Egipto, todavía hay un período de espera en el cruce que generalmente dura otras 24 horas antes de que realmente sean puestos en los autobuses del gobierno y llevados a El Cairo bajo escolta militar. Durante ese período de espera a menudo se les pide que paguen varias tarifas no oficiales por las que no reciben recibos.

El lado controlado por Egipto en el paso de Rafah [Aljazeera Archive]

Muy a menudo, los jóvenes palestinos con visa de estudiante han tenido que renunciar a sus estudios porque sus visados se caducan antes de que se abra el cruce. Del mismo modo, muchos simplemente no corren el riesgo de irse a casa de vacaciones o de visitas familiares por temor a quedar atrapados en la prisión al aire libre que es Gaza.

De hecho, también existe la situación ridícula de los estudiantes que han completado sus estudios en el extranjero, sus visas han expirado, pero no pueden regresar a sus hogares porque las fronteras están cerradas.

Hablando en condición de anonimato, una joven palestina habló con MEMO sobre su reciente visita a familiares en El Cairo un año y medio después de haber registrado su nombre. Ella estaba la número 30.000 en la lista de espera. Después de pasar la celebración de Eid Al-Fitr (la fiesta que marca el fin de Ramadán) en El Cairo, la joven emprendió su viaje de regreso a Gaza. Le costó tres días conseguir  atravesar el cruce: este es un viaje que normalmente tomaría siete horas en coche con buenas paradas para descansar.

La duración del viaje a través del desierto del Sinaí hasta el paso de Rafah es lo suficientemente dura en el sofocante calor del verano, pero tener que pararate a negociar en 10 check-points, como hizo esta joven mujer, es el argumento de una pesadilla. Su equipaje fue registrado en seis ocasiones. Muy a menudo, se confiscan efectos personales como perfume. Las cámaras y las pertenencias electrónicas también se confiscan por razones de “seguridad”.

Los jóvenes varones palestinos de entre 18 y 40 años que deseen viajar a Gaza desde el extranjero deben contar con una autorización de seguridad antes de llegar a El Cairo. Normalmente, se toman en autobús desde el aeropuerto hasta Rafah, es decir, si el límite está abierto. Si está cerrado, se mantendrán en una sala de detención en el aeropuerto de El Cairo hasta que se abra realmente el cruce.

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Para aquellos que no creen que sea tan malo como se describió anteriormente, el ex primer ministro británico David Cameron describió el enclave como una “prisión al aire libre”.

Sala de detención para palestinos que esperan ser devueltos a Gaza en el aeropuerto internacional de El Cairo [Sama news]

La mayoría de los occidentales ejercen su derecho de movimiento sin obstáculos. Después de todo, está garantizado por las convenciones de derechos humanos. El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de movimiento y residencia dentro de las fronteras de cada Estado. Todo el mundo tiene derecho a abandonar cualquier país, incluido el suyo, y a regresar a su país”.

Si la situación en la frontera entre Estados Unidos y México rompió el corazón de la Sra. Bush, debería pensar en los palestinos de Gaza que han sido sometidos a situaciones mucho peores durante mucho más tiempo. No hay absolutamente ninguna excusa o justificación para que esta inhumanidad continúe con la aprobación de la “democracia más grande” del mundo.

Así como el fin de la política de separación de familias ejercida por Trump fue iniciado por una simple toma de decisiones políticas, el bloqueo a Gaza puede tener fin si los líderes tienen el valor moral y la decencia para tomar una decisión similar.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autora y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

 

 

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Dr Daud Abdullah

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente