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Refugiadxs, nuevo reto para Occidente

Un niño sirio en un campo de refugiados en Turquía

Las cifras publicadas por la agencia para refugiados de la ONU son preocupantes. ACNUR estima que el número de personas desplazadas en todo el mundo es de 65,6 millones, de las que 22,5 millones son refugiados. La agencia insiste en que estas cifras no tienen precedentes, y advierte de que estamos siendo testigos del mayor número de desplazamiento jamás registrado.

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Los números reflejan una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas, sobre todo en Siria, donde más del 65% de la población ha sido desplazada. Pero, ¿deberían provocar pánico en Occidente?

Empecemos con algunos hechos básicos: dos tercios de las 65,6 millones personas desplazadas se quedarán dentro de sus propias fronteras. Actualmente, los vecinos de Siria – Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto – asumen la responsabilidad y albergan al 97% de los refugiados sirios. También se da el caso de que la comunidad internacional, con sus muchas agencias de refugiados y legiones de ONG, están más preparadas que nunca para lidiar con los problemas humanitarios. Consideremos también que, en 2015, el número de refugiados en la UE alcanzó un máximo de 1,26 millones, lo cual supone menos de un 2% de la cifra global.

De hecho, según la Organización Internacional de Migración (OIM), el número de refugiados y migrantes que llegan a Europa está disminuyendo. La agencia de migración de la ONU informó de que, en 2017, la cifra de refugiados llegados a Europa se redujo a la mitad. Para algunas capitales europeas, es la cifra más baja en cuatro años.

Sin embargo, el pánico no parece haber disminuido; todo lo contrario, de hecho: el nativismo, que promueve el interés de las “comunidades nativas” – definidas en términos racistas cerrados – contra los inmigrantes o cualquier persona considerada “extranjera”, está ganando fuerza y desafiando a los ideales universales de Occidente. La cruda realidad es que los cimientos de la casa de Europa, con una población de 741 millones de personas, están empezando a agrietarse política y culturalmente al tener que cargar con un 0,16% más de población adicional en el continente.

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En Alemania, la canciller Angela Merkel está muy presionada para enfurecer las políticas de refugiados del país si no quiere arriesgarse a que su gobierno de coalición colapse. En toda Europa existe un apetito cada vez mayor por unas medidas más duras para contrarrestar la crisis de refugiados. Sin embargo, muy pocos líderes mundiales defienden la crueldad como política más que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Esta semana, el hombre que quiere implementar una política nacional para prohibir a los musulmanes sopesó una discusión europea y acusó a Merkel de permitir a los inmigrantes cambiar “violentamente” la cultura alemana. Trump arremetió contra la atribulada canciller incluso mientras se enfrentaba a críticas internacionales por haber separado a niños de sus padres migrantes en las fronteras estadounidenses.

Como muchas de las afirmaciones de Trump, sus palabras contra Merkel se basaban en hechos falsos. “Cada vez hay más crímenes en Alemania”, twitteó ayer. “¡Un gran error de toda Europa, al haber permitido entrar a millones de personas que han cambiado tan violentamente su cultura!” Sin embargo, sus afirmaciones son completamente falsas, ya que la criminalidad en Alemania está en sus niveles más bajos desde 1992.

No sólo Trump utiliza la falta de información y noticias falsas para enfrentarse al tema de los refugiados. En Reino Unido, se ha generado una atmósfera política febril debido, en gran parte, a los mitos difundidos acerca de la inmigración por los periódicos de extrema derecha. Si nos fijamos en los últimos discursos electorales y en los resultados del referéndum y de las elecciones, leemos los periódicos o vemos las noticias, nos llevaremos la impresión de que la migración internacional está descontrolada, que los gobiernos son débiles ante estos movimientos imparables y que los migrantes amenazan el tejido social de muchos países.

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Una consecuencia de este nivel de propaganda es la exigencia a los políticos de que sean firmes ante la inmigración y los refugiados. Fuimos hace poco testigo de esto cuando el Partido Conservador bailó al ritmo de la prensa de Murdock e introdujo políticas que pensaba que acercarían el partido al país. Fue necesario un escándalo nacional como el espantoso trato de la generación Windrush para que el país se diera cuenta de hasta qué punto la hostilidad hacia los extranjeros se había normalizado, causando un tremendo dolor a miles de personas que fueron separadas de sus familias.

Si bien se podría haber emitido una dimisión ministerial para calmar la indignación pública, es difícil considerar el escándalo respecto al trato hacia miles de personas que llegaron a Reino Unido desde la Commonwealth como otra cosa que no sea un daño colateral de la guerra declarada por los Tories contra los refugiados y los inmigrantes. La crueldad a la que fueron sometidos era solamente fruto de un artículo de fe del Partido Conservador que afirmó que el pueblo británico respaldaría cualquier política diseñada para dificultar la vida de los inmigrantes, por más cruel, inepta o inflexible que fuera.

El fiasco de Windrush provocó un debate nacional sobre el trato hacia los extranjeros. La política del gobierno, que fue denunciado por crear una “atmósfera hostil”, fue sometida a un gran escrutinio. Un resultado positivo de este escándalo, según investigaciones realizadas por Runnymede Trust, fue que el pueblo británico adoptó una actitud más empática hacia los refugiados y los inmigrantes. Según los autores, una razón para este cambio de actitud es que los miembros del público británico que son “neutrales han visto el crecimiento de la xenofobia y el racismo y han empezado a pensar que han ido demasiado lejos”. También descubrieron que, tras el escándalo Windrush, los medios ya no publican tantos titulares sobre inmigrantes, que el estudio declaraba que “influyeron claramente a la opinión pública”.

Parece que Francia tampoco sabe cómo tratar a sus migrantes. El mes pasado, nos hicimos a la idea de cuánto cuesta la ciudadanía francesa cuando Madamou Gassama, un musulmán de Malí, demostró tener poderes sobrehumanos al escalar un edificio para rescatar a un niño. Para algunos, la anunciación arbitraria parecía algo medieval: “El soberano (Emmanuel Macron) recibe noticias sobre una gran hazaña realizada por un hombre común de la nación y le convoca en palacio para premiarle con telas y un pergamino que reconoce su buena acción.” Una acción de valentía le otorgó la nacionalidad francesa a otro inmigrante musulmán, que escondió a varios clientes en un supermercado judío para protegerles de un terrorista.

Los prejuicios sobre los inmigrantes y los refugiados han hecho a Europa hostil frente a los extranjeros. Si el acto sobrehumano de Gassama no se hubiera captado en cámaras, sin duda no habría sido recompensado y se seguiría enfrentando a la misma hostilidad que experimentan otros miles de personas como él. Gente como Gassama no tendría que demostrar una valentía extrema para merecer reconocimiento. La gente en la situación de Gassama contribuye más que suficiente a la sociedad como para justificar su presencia en Europa.

Es precisamente porque casi todos los refugiados y los inmigrantes necesitan trabajar mucho más duro para tener la vida que los occidentales más perezosos gozan como derecho de nacimiento, por lo que vemos que dan más de lo que reciben. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) concluyó precisamente eso. La noción de que los inmigrantes cuestan más de lo que producen es un mito generalizado basado en mentiras.

La organización de 37 Estados miembros concluyó que, en casi todos los países desarrollados, los migrantes contribuyen más de lo que reciben en beneficios. Los refugiados y los migrantes son miembros productivos de la sociedad que trabajan, crean negocios y tienen ideas innovadoras. El informe dicta que han aumentado la población en edad de trabajar: a lo largo de los últimos diez años, han representado el 47% del aumento de la fuerza laboral en Estados Unidos y el 70% en Europa. También cubren puestos de trabajo en sectores tanto en crecimiento como en declive, como el cuidado de los ancianos y los cuidados sanitarios en general.

Mientras que la OCDE admite que el flujo de refugiados supone situaciones complicadas, alaba las contribuciones positivas que han proporcionado. Afirman que, con políticas de integración efectivas, los países experimentarán transformaciones positivas. Pueden enriquecer a las naciones económica, social y culturalmente, generando oportunidades sin precedentes para el desarrollo.

Durante esta Semana Internacional del Refugiado, deberíamos celebrar las contribuciones, la creatividad y la capacidad de recuperación de los refugiados, y enfrentarnos a los prejuicios que amenazan al tejido de una sociedad tolerante de la que todos nos hemos beneficiado.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la política editorial de Monitor de Oriente.

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